Fundamentos de la Alquimia Sexual

Fundamentos 1Ya hemos afirmado y repetimos que el Hombre Espiritual es un trío de cuerpo, alma y Espíritu, lo confirman las Sagradas Escrituras en Tesalonicenses 5,23. Ese trío es la condensación de las siete modificaciones de la Energía Universal, causa causorum de todo cuanto existe.

El hombre es de naturaleza divina y humana, espíritu y materia: es el libro de los Siete Sellos del Apocalipsis de San Juan. El cuerpo físico por su densidad sirve de vehículo al Alma, para su evolución en el mundo de la materia. El Alma no es el Espíritu ni el Espíritu es el Alma. El Alma está constituida por los valores concientivos obtenidos en cada encarnación. El Espíritu es la Chispa Divinal desprendida del seno del Absoluto en aquel amanecer de la vida.

Es el proceso de limpieza de la materia (carne), por el fuego sagrado del Espíritu. Ese proceso es básico, fundamental y trascendental por cuanto es el único que transforma lo grosero en sutil. Se trata de hechos y no palabras, vamos al grano: se necesita un phalo y un útero, o como decía el Maestro Paracelso. Un mortero y una retorta. Como materia prima disponemos del Ens-Séminis y como factores indispensables, una comprensión amplia, una voluntad firme y una fe viva.

Este trabajo se rige por un sistema denominado Alquimia Sexual y descansa sobre bases firmes conocidas como divinas medidas, veámoslas: Fundamentos de la Alquimia Sexual. Amar a dios sobre todas las cosas. No jurar su santo nombre en vano. Santificar las fiestas. Honrar Padre y Madre. No matar. No fornicar. No hurtar. No levantar falso testimonio ni mentir. No adulterar. No codiciar los bienes ajenos.

Tratemos a la luz de la Gnosis de definir hasta donde sea posible tales fundamentos. “Amar a Dios sobre todas las cosas”. (San Marcos 12,30).

Sin lugar a dudas este es el mandato más complejo y difícil de definir. Para amar a Dios es necesario comprenderle y saber dónde está. Es absurdo pretender amar lo que no comprendemos ni sabemos dónde encontrarle. Dios está en todas partes por esencia, presencia y potencia, ha dicho un Iniciado. Dios está en las alturas dicen los Evangelios Cristianos. Alturas equivale a Cielo. Es infantil pensar que los cielos están en el espacio infinito. Reflexionemos un poco acerca del planeta en que vivimos.

Este planeta es una esfera que siempre está girando en el espacio sin límites. Si ese espacio que vemos durante el día fueran los cielos, ¿que serán entonces el firmamento estrellado que vemos durante la noche...? Dios está dentro de nosotros mismos, así lo dice el sentido común y lo confirman las Sagradas Escrituras, (Deuteronomio 6,15 y San Lucas 17-21).

Entonces... ¿Cómo se debe amar a Dios? Con hechos y no con palabras. Dios es Amor. (1Juan 4,16). Y Amor es Ley, pero Amor Consciente. Dios es Espíritu, y los que le adoran en Espíritu y en Verdad es necesario que le adoren. (Juan 4,24). Dios es fuego consumidor. (Hebreos 12,29). Dios es Luz. (1. Juan 1,5). Dios es Sabiduría, Dios es Fuerza, ha dicho el kabalista.

El Amor es una causa profunda, inefable e indefinible. Conocemos sus atributos y vemos sus efectos pero desconocemos la causa. Se manifiesta por la simpatía y la fuerza de atracción. Es el sentimiento más puro que se traduce en hechos y no buenas razones. Es el impulso que infunde vida, felicidad y armonía. Es la misma fuerza creadora en acción.

El Amor está latente en todo lo creado, visible como invisible, orgánico, como inorgánico. Su contraparte es el odio, fuerza destructora y cruel. Más las cosas sobre las que debemos amarle, ¿cuáles son?... Todo el Universo manifestado; desde el diminuto átomo hasta las formas más densas como son las moles planetarias que surcan el firmamento estrellado.

Sintetizando: Amar a Dios sobre todas las cosas significa: sentir y descubrir en nosotros ese principio creador, (budhata o esencia divina), apreciarle e intensificarle, inclinarnos a Él en adoración y respeto, hacerle vibrar rítmicamente, verle en todo y en todos. Se debe comenzar por amar en nosotros mismos ese principio vital y después le veremos en los demás. Aquí vemos la necesidad del gran arcano para terminar con las bajas pasiones.

No jurar su nombre en vano. Jurar es tomar a Dios como testigo de algo que prometemos cumplir. Dios es una palabra misteriosa cuyo significado únicamente es conocido por los Iniciados. En vano tomarás a Dios como testigo en cualquier acto o hecho de la vida, porque no dará por inocente a quien tomare su nombre en vano. Dios es impersonal, inmaterial e inmortal. ¿Y por qué una mísera criatura como es el ser humano, pretende jugar con su Santo Nombre?...

“Más yo os digo: no juréis en ninguna manera, ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el estrado de sus pies, ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey, ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco o negro, más sea vuestro hablar: sí, sí; no, no, porque lo que es más de esto; de mal procedes”. (San Mateo 5; 24,37). “Más cuando a Dios hicieres promesas no tardes en pagarlas, porque no se agrada de los insensatos, paga lo que prometieres”. (Eclesiastes 5,4).

Santificar las fiestas. Santificación es la limpieza del Alma y no de la materia física. Fiesta es alegría íntima, satisfacción, gozo del corazón. Fiestas son las que vive el Iniciado en los mundos internos cuando ha ganado un grado más en su proceso de perfección, después de las pruebas de rigor. Santificar las fiestas significa: Conservar la pureza y perfección de nuestros triunfos en el Espíritu y no volver a pecar.

Honrar Padre y Madre. (San Marcos 7,10). Honrar es servir, apreciar, estimar. Honra es estima, respeto, consideración. Padre es el principio creador y generador que llevamos dentro. Madre es la materia prima de la Gran Obra, el Ens-Séminis o Agua Pura de Vida. Es la Madre Naturaleza, o Fuego Sagrado del Tercer Logos, que reside en las glándulas sexuales, la iglesia de Éfeso o Chacra Muladhara. “Y vuestro Padre no llaméis a nadie en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos”. (San Mateo 23,9).

No matar.

Matar es cortar la vida o soplo divino. Lo contrario de muerte es vida. Matar es destruir la vida que palpita en toda la naturaleza. Así como ningún mortal es capaz de infundir ese soplo divino, tampoco debe quitarlo a nada ni a nadie, ni a una planta, ni a una flor, mucho menos a los seres de ninguna especie. No matar es colaborar con la Gran Vida Universal. No solo se mata con el veneno, la bala o el puñal, también se mata con el pensamiento, las palabras y las obras, una palabra torpe, mordaz o de doble filo, así como el desprecio, también hieren y matan los sentimientos y las buenas intenciones de los seres.

Un poeta dijo: No matarás nos dice la Escritura, Y tú, siendo creyente has delinquido, Pues mataste en mi pecho la ventura Y en el fondo del alma me has herido.

No fornicar. Fornicar es desperdiciar el Agua de Vida, el Ens-Séminis. No fornicar es apreciarle, utilizarle sabiamente. He aquí el gran secreto de la vida y de la redención humana. No fornicar es vida, castidad, felicidad; fornicación es destrucción y muerte. Se fornica con la mente, el verbo y los órganos creadores. Si se aprende a controlar los miembros genitales se logra la castidad. Refrenando el impulso animal, se logra la castidad. La serpiente de la castidad está bendita.

La serpiente de la fornicación está maldita. (Génesis 3,14). Fornicación fue el delito contra natura cometido por los personajes bíblicos Adán y Eva. Fue la violación del gran mandato universal. Castidad es el arte de encender y mantener viva la llama del fuego sagrado, para la purificación de la materia. Con este mandato se debe comenzar la obra de la liberación.

Es la práctica fundamental para la Iniciación Crística son diez reglas o mandatos universales a disposición de quienes anhelan la vida eterna, pero es necesario comenzar la labor con uno de ellos, si se quieren utilizar todos a la vez, no se logra nada, así como quien pretende cazar diez liebres a la vez, no caza ninguna. Por lo tanto se debe comenzar con uno, llevando orden y disciplina en todo, hasta llegar a obtener la comprensión creadora, y entonces se podrán cumplir los restantes.

Llamará la atención el hecho de comenzar con el sexto mandamiento en vez del primero. Realmente es bueno aclarar. El sexto mandamiento es el primero y fue dado por el Altísimo, sin embargo ocupa el sexto lugar en el orden de los Misterios, porque simboliza “los dos caminos”: el bien y el mal, la vida y la muerte.

Sabido esto conviene de acuerdo con nuestra propia Conciencia, quien quiera unirse a la Gran Vida Universal tiene que seguir el sendero de la Luz, el Bien, el amor, la Castidad. Quien quiera ir a parar a los abismos para su propia desintegración total, donde solo se oye el lloro y el crujir de dientes, allí está el sendero del mal, la fornicación. San Pablo dice: “Huid de la fornicación, cualquier pecado que el hombre hiciere, fuera del cuerpo es, más el que fornica, contra su propio cuerpo peca”. (1ª Corintios 6,18).

Si se desprecia el agua o Ens-Seminis, se apaga el fuego, apagándose el fuego nos quedamos sin luz, en tinieblas. Solo refrenando el acto sexual y retirándonos antes de eyacular esa simiente, nos liberamos del sufrimiento, la miseria, el dolor y el crimen. Eso sí es espiritualidad.

No hurtar. Hurtar es robar, que es lo mismo que apoderarse de lo ajeno sin consentimiento de su dueño, con o sin violencia. Cualquier cosa por insignificante que parezca, si no nos pertenece no debemos tomarlo, porque de lo contrario se viola este Principio Universal y la espada de la Justicia Divina caerá sobre nosotros. La vida que palpita en nosotros tampoco es nuestra y no debemos hurtarla para gastarla en placeres vulgares. No nos hagamos reos del delito de hurto ante el Dios Vivo. Siempre que vayamos al acto de la cópula carnal, sepamos retirarnos a tiempo, antes de convertirnos en ladrones de la Gran Vida Universal.

No levantar falso testimonio, ni mentir. El verbo o sea la palabra hablada o escrita, debe saber manejarse; no debe utilizarse en calumniar ni difamar a nadie. Afirmar lo que ignoramos o desconocemos, es falsedad. Deformar los hechos es falsedad. La mentira es opuesta a la verdad. Negar la realidad de las cosas es mentir.

El engaño, la traición, la hipocresía y el fraude, es la misma mentira disfrazada con apariencia de verdad y justificaciones de la falta de sinceridad y valor. Cuando debemos, conocemos y comprendemos la realidad y exactitud de las

cosas, debemos sostener y defender la verdad contra todo lo que se nos venga encima. Galileo afirmó y sostuvo, que era la Tierra la que se movía alrededor del Sol y no el Sol alrededor de la Tierra, aun contra el parecer de los sabios de su época.

La mentira es el medio más fácil para evadir la responsabilidad. La mentira es la misma disculpa que llevamos a flor de labio. Por lo general la mentira siempre persigue fines deshonestos e ilícitos. El que niega la verdad desprecia la justicia, ama la mentira y se vuelve un cobarde.

No adulterar. Adulterar es restarle pureza a las cosas, a la palabra hablada o escrita, a los valores y a las personas. Los valores espirituales han sido adulterados por los falsos apóstoles (santurrones). Las cosas se adulteran cuando pierden su integridad y originalidad. Las personas adulteran a través de sus genitales, mezclando su energía con otra diferente. (San Marcos 10; 11,12).

La palabra hablada o escrita se adultera cuando se deforma o se tergiversa su contenido o significado, así como su interpretación literal o superficial. La Doctrina Secreta del Cristo ha sido adulterada por los traficantes de glorias, so pretexto de modernizarla y de acomodarla a sus elucubraciones mentales y cuestiones de estómago.

Las Sagradas Escrituras han sido adulteradas por exégetas o teólogos, evadiendo así la responsabilidad de ser ellos primeros en someterse a las Leyes Universales, antes que aconsejar a los demás a cumplirlas. Debieran dar el ejemplo de ser hijos y ministros de Dios, despojándose de la ostentación y las riquezas acumuladas. Eso es cristianismo puro, eso es Amor a Dios.

Debemos comprender claramente, lo que significa adulterio y lo que significa fornicación. Se comete adulterio cuando cualquiera de los dos cónyuges entra a persona extraña. En esta forma violamos el noveno mandamiento. Se comete fornicación, cuando desperdiciamos nuestra simiente, ya sea con nuestro cónyuge, o con persona ajena. Así violamos el sexto mandamiento.

No codiciar los bienes ajenos. Codicia es apetito desordenado de adquirir riquezas o bienes; es ansia de acumulación, deseo sin freno, ambición desmedida de querer poseer lo que otros poseen. Se codician las cosas, las riquezas, posiciones, poderes, etc. Se codicia la mujer ajena, sobre todo cuando es bella, virtuosa, se codicia el marido elegante, bondadoso y responsable, sobre todo cuando es de buena posición, etc. La codicia es capaz de todo, no mide consecuencias ni se sacia fácilmente.

Hasta aquí la Ley Universal, consecuencia de las debilidades humanas. A ella se refirió el Gran Maestro Jesús cuando dijo: “No penséis que he venido para abrogar la Ley o los profetas, no he venido para abrogar (destruir, abolir) sino a cumplir”. (San Mateo 5,17). Quien sea capaz de cumplirla vivirá hasta entonces bajo la gracia (el Amor Universal) y podrá al igual que San Pablo pronunciar aquella frase transcendental: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” Ya que el aguijón de la muerte es el pecado y la potencia del pecado, la Ley. (1ª Corintios 15,55).

Santificación. Santificación es la limpieza del Alma. Hay que saber despojarse de las bajas pasiones. Las bajas pasiones son los vicios, defectos, deseos, fanatismos, ambiciones, etc. Es una necesidad para el discípulo transformar también los pensamientos, palabras, sentimientos y emociones en virtudes, para la depuración y limpieza del Alma. Esto se logra a base de mucha voluntad, tenacidad, fe y amor, comenzando por elaborar una lista de todos, en orden correlativo.

 

Désele a cada uno dos meses para despojarse de él y así sucesivamente hasta terminar con todos. Porque nadie podrá comer de las cosas sagradas mientras no fuere limpio. (Levítico 22,4).

 

Alquimia Sexual, Arcano A.Z.F. Este es el punto en que se apoya el edificio del templo de Dios.  Es el mismo gran arcano, clave del movimiento perpetuo, cuadratura del círculo o clave de la ciencia que los sabios de todos los tiempos supieron manipular, pero que habiendo caído en poder de una casta sacerdotal que no supo apreciarlo, fue ocultado bajo el pretexto de que la humanidad no estaba preparada para recibirlo y sustituyéndolo por otros conocimientos se negaron a declararlo y a cumplirlo, estorbando además a quienes eran capaces de hacerlo.

 

Con sobrada razón el Maestro Jesús les reprendió duramente diciéndoles: “¡Ay de vosotros, doctores de la Ley! Que habéis quitado la llave de la Ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban impedisteis”. (San Lucas 11-52).

La llave de la ciencia es el mismo sexo. Toda la Doctrina Secreta del Cristo se apoya en el Sexo. El Sexo es el campo de batalla donde se dan cita el bien y el mal y donde se sale para Ángel o Demonio. La potencia de la Castidad o Alquimia Sexual está demostrada en los siguientes pasajes del Evangelio según San Juan: (4,10; 6,27; 6,63 y 7,38).  Samael Aun Weor 

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