Evangelios apócrifos

Evangelios apocrifosLos evangelios conocidos como apócrifos, comprenden alrededor de 50 textos, escritos algunos en arameo, otros en copto, en griego antiguo, en egipcio, etc. En 1945 fueron descubiertos por campesinos Egipcios, los papiros de Nag Hammadi, que recopilaban una serie de textos originales, en una forma muy parecida a los cuatro evangelios reconocidos por el cristianismo ortodoxo, con clara expresión del cristianismo gnóstico esencial, prístino, original.

Estos evangelios fueron  desdeñados por el catolicismo con el nombre de apócrifos por considerar que “se apartan de la verdad”, al menos la  pretendida.

“Evangelios apócrifos gnósticos”, entre  los que se encuentran el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe, de María Magdalena, el evangelio apócrifo de Juan, el de San Valentín; y para asombro de los intelectualoides de la Era del Kali Yuga, el evangelio de Judas.

La arqueología rasga  con la misma brutalidad que la ciencia oficial niega lo divino, los preceptos más acérrimos, las convicciones vueltas tabú de la religionería que ha dominado a occidente por casi dos mil años, a la luz del conocimiento develado en frases y aclaraciones sencillas por el V.M. Samael Aun Weor, mucho tiempo antes que el mismo maestro tuviese la oportunidad de sostener sus afirmaciones con irrefutables hallazgos arqueológicos.

Decía Jesús a sus discípulos en El  Evangelio de Tomás: “el reino de Dios esta en ti y a tu alrededor corta un trozo de madera y ahí estaré, levanta una piedra y me encontraras” Simón Pedro les dice en el mismo cuerpo de texto: «Que María salga de entre nosotros, pues las hembras no son dignas de la vida». Jesús dice: «He aquí que le inspiraré a ella para que se convierta en varón, para que ella misma se haga un espíritu viviente semejante a vosotros varones. Pues cada hembra que se convierte en varón, entrará en el Reino de los Cielos».

Jesús les dijo: «Cuando hagáis de los dos uno, y hagáis el interior como el exterior y el exterior como el interior y lo de arriba como lo de abajo, y cuando establezcáis el varón con la hembra como una sola unidad de tal modo que el hombre no sea masculino ni la mujer femenina, cuando establezcáis un ojo en el lugar de un ojo y una mano en el lugar de una mano y un pie en el lugar de un pie y una imagen en el lugar de una imagen, entonces entraréis en el Reino».

Con infinita dulzura el V.M. Samael en pleno siglo XX señala el camino del amor a la mujer, el retorno al divino andrógino, en sintonía exacta con el conocimiento más depurado, con el conocimiento que se susurran los Dioses entre sí, con la ciencia de las galaxias que danzan con su sinfonía, develando antiguas y ocultas verdades para mostrar el camino a nuestra maltrecha humanidad decadente. Las palabras de los iluminados son las mismas en todos los tiempos, el mismo conocimiento, diferentes Avataras.

“De todos mis discípulos el mayor eres, brillarás como la principal estrella de la noche” Decía Jesús a Judas Iscariote, el gran iniciado gnóstico, cuando este protestaba por desempeñar el papel del traidor en el Drama universal, el que le había sido asignado por el mismo Divino Maestro. Tomado de el “Evangelio de Judas” descubierto hace apenas un año, pero conocido por la tradición oral gnóstica desde todos los siglos, exaltado nuevamente por el Avatara de la Era de Acuario para los oídos sordos de quienes viendo no ven, oyendo no oyen y palpando no perciben nada.

“Y besaba Jesús a María en la boca, lo que provocaba la irritación de sus discípulos”, a lo que el Divino Maestro respondía: “Si supieses los misterios del matrimonio no juzgaríais”. Tomado de un párrafo de un vetusto papiro del “Evangelio de María Magdalena”.

A nueva cuenta el Venerable Maestro Samael trae a esta humanidad “El Matrimonio Perfecto”, donde profundiza sin ambages, sin tapujos, con lenguaje perfectamente comprensible, llano, directo, sobre el misterio máximo del matrimonio, del amor, de la vuelta al paraíso con nuestra divina esposa sacerdotisa, del eterno culto a la Divina Madre. El culto omnipresente a la gran madre de la fertilidad, la madre de los Dioses, la madre de Cristo, esa fuerza capaz de transformarnos de bestias a hombres.

“Dijo Jesús: «Quien esté cerca de mí, está cerca del fuego; quien esté lejos de mí, está lejos del Reino»” Evangelio de Tomás.