Siete sermones a los muertos El 6 sexto sermón

Sexto sermonSiete sermones a los muertos (Septem Sermones ad Mortuos)  Carl Gustav Jung El Sexto Sermón

El demonio de la sexualidad llega a nuestra alma como una serpiente. Es mitad humano, y su nombre es pensamiento deseo.

El demonio de la espiritualidad desciende a nuestra alma como un pájaro blanco. Es la mitad de un alma humana, y su nombre es deseo pensamiento. La serpiente es un alma territorial, mitad demoníaca; un espíritu relacionado con los espíritus de los muertos. Como éstos, la serpiente también se introduce en varios objetos terrestres.

La serpiente también infunde terror en los corazones de los hombres y enciende el deseo en ellos. La serpiente es en general de carácter femenino y siempre busca la compañía de los muertos. Está asociada con los muertos que están apegados a la tierra, que no han encontrado el camino por donde cruzar el estado de soledad. La serpiente es una ramera y se asocia con el Diablo y los malos espíritus; es un espíritu tirano y atormentador, que siempre tienta a las personas para quedarse con la peor compañía.

El pájaro blanco es el alma del hombre semi celestial. Vive con la Madre y en ocasiones desciende de la morada de la Madre. El pájaro es masculino y su nombre es pensamiento efectivo. El pájaro es casto y solitario, un mensajero de la Madre. Vuela muy por encima de la Tierra. Impone soledad. Trae mensajes desde lejos, de aquellos que ya se han ido, que están perfeccionados. Lleva nuestras palabras a la Madre. La Madre intercede y advierte, pero no tiene poder contra los dioses. Es un vehículo del Sol.

La serpiente desciende a las profundidades y, con su astucia, paraliza o estimula al demonio fálico. La serpiente trae de las profundidades los pensamientos astutos del demonio terrenal, pensamientos que reptan por todas las aberturas y se saturan de deseo, Aunque la serpiente no quiere serlo, nos es útil. La serpiente elude nuestro alcance, la perseguimos y ella nos enseña el camino que, con nuestro limitado ingenio humano, no podríamos encontrar.

Los muertos alzaron la mirada con desprecio y dijeron: «Deja de hablarnos de dioses, demonios y almas. Hemos sabido todo esto en esencia durante mucho tiempo.»

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