Resurrección y la Ascensión

El avatara contesta

Ascension¿Quisiera el Maestro explicarme qué diferencia existe entre la resurrección y la ascensión? El Maestro respondió: con mucho gusto hermano.

La resurrección es la fusión del Alma de Diamante con el Íntimo, y la ascensión es la fusión del Maestro con su "Glorian". La resurrección es del alma y no del cuerpo, veamos los versículos 44, 45 y 50 Cap. 15 Corintios: "Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual; hay cuerpo animal, (el cuerpo de carne y hueso) y hay cuerpo espiritual (el cuerpo del espíritu)".

"Así también está escrito: fue hecho el primer hombre Adán en ánima viviente (este es el hombre de la calle, el hombre común y corriente) el postrer Adán (este es el hombre ya fusionado con su Íntimo) en espíritu vivificante". "Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción".

Con estos versículos, el Apóstol Pablo enseñó que la resurrección es interna, el hombre por la fornicación, conoció la muerte y el dolor, y con la castidad y la fe en Cristo, conocerá la resurrección y la vida. Los seres humanos están muertos y necesitan resucitar, vosotros sois hijos de la fornicación de vuestros padres, y nosotros los miembros de la Gran Fraternidad Blanca, somos hijos de la resurrección porque ya nos fusionamos con nuestros íntimos; esa es la resurrección.

"Porque así como en Adán, (el hombre común y corriente) todos mueren, así también en Cristo, todos serán vivificados" (Versículo 22, Cap. 15 Corintios). Después de la resurrección, (Alta Iniciación), todo Maestro se prepara para la Ascensión descrita por la Biblia. "Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado y una nube le recibió y le quitó de sus ojos" (Versículo 9º, Capítulo 1 de los Hechos).

Esa nube blanca y resplandeciente es el "Glorian" que lleno de alegría hace vibrar su campanada victoriosa en los espacios infinitos. Cuando el Maestro se une con su "Glorian", se convierte en un Dios resplandeciente del infinito, pero para llegar a esas cumbres inefables, hay que pasar por las cinco grandes iniciaciones de Misterios Mayores. "Sorbida es la muerte con victoria".

"¿Dónde está ¡Oh muerte! tu aguijón? ¿Dónde, ¡oh sepulcro! tu victoria?". Después de que el Maestro hubo terminado con todas las preguntas que unos y otros le formularon, habló en la siguiente forma: Amigos, hasta ahora habéis conocido la doctrina del Nazareno histórico, pero lo importante es que vosotros también os transformareis en Nazarenos, el camino del Gólgota debe ser vivido por cada uno de vosotros, y caeréis bajo el peso de la cruz muchas veces, pero no os aflijáis, tened valor y echad la cruz sobre vuestros hombros con voluntad fuerte y potente, aunque el látigo del dolor y el arrepentimiento os hiera las carnes después de cada caída.

Al fin llegaréis al Gólgota solemne de vuestra vida, y la resurrección hará de vosotros hijos de Dios, porque seréis hijos del Espíritu Santo, esa fuerza sexual que ahora gastáis en vuestras fornicaciones, hecha todo fuego asumirá, sobre vuestras cabezas la simbólica figura de la paloma blanca del Espíritu Santo y así os enseñará e instruirá con sus átomos de omnisciencia en la auténtica sabiduría de Dios. La mujer es el camino, "es la puerta estrecha y angosta" que conduce a la luz, por ello dijo el Maestro (Cristo):

"Angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la luz; y muy pocos son los que lo hayan". "La mujer es la puerta del Edén" y la puerta del Edén es siempre angosta. La mujer es la sacerdotisa de la luz y el templo sagrado del querubín del Edén. La mujer es lo que es, y el Diablo es su sombra.

Discípulos amados, hoy sois esclavos de la fuerza sexual, mañana seréis discípulos directos de los átomos omniscientes de la fuerza sexual. Hoy sois hijos del Diablo, porque sois hijos de la fornicación, mañana seréis hijos del Espíritu Santo, porque seréis hijos de la Magia Sexual y del fuego solemne del sexo. El esposo siempre debe vivir enamorado de su esposa. Debe ser novio eterno. Debe ser adorador perenne, porque ningún ser humano puede hacer por el discípulo lo que hace la mujer (la esposa sacerdotisa). Ella es la única que puede convertirnos en Dioses.

 

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