La voz montan aEl Maestro me había ( Fernando Salazar Bañols) enseñado que hay que aprender con la naturaleza. Motivado por la objetividad de esta enseñanza tan simple y genial ; en una tarde de otoño, cuando las hojas de los árboles comenzaban a caer, decidí hacer un retiro en una montaña de las Sierra de Córdoba, Argentina, con el propósito de escuchar la sutil palabra de la madre naturaleza y recibir de ella la inspiración del texto de para Introducción de este libro. (En el corazón del Maestro)

Corroborando lo que dice el Maestro acerca de las enseñanzas de la madre natura, la “voz del espíritu de la montaña” me recordó la infinita majestad de Dios y algunas de las siguientes enseñanzas que me dejó Samael Aun Weor.

La dura roca sobre la que estaba sentado durante la contemplación me recordó las enseñanzas tántricas, dadas por el Maestro, que permiten a todos los seres humanos remontarse por el sexo a la divinidad.

La montaña estaba pintada con tonalidades esmeraldinas, avivando dentro de mi ese verde de la esperanza de un futuro mejor para la humanidad, sembrada en mi por el Maestro, al anunciar que la religión del futuro sería el resultado de lo mejor del esoterismo cristiano con lo mejor del esoterismo budista.

Los vuelos de las palomas que se elevaban de la tierra al cielo me evocaban los esfuerzos sobrehumanos que el Maestro hizo para rescatar al espíritu humano, hundido en el lodo de los errores, para elevarlo al Reino de la Luz y de la Redención.

Los nidos de las aves en los árboles estaban vacíos porque los pichones ya habían aprendido a volar con sus propias alas, tal cual como aquellos seres que aprendieron con la Nueva Gnosis de Samael Aun Weor a elevarse como águilas altaneras rumbo a la conquista del Ser.

Los canes que vivían cerca de los caminos, de los cuales me hablara el Maestro, eran los celosos guardianes que alejan a los profanos del camino que conduce a la Vida Eterna.

Delante de mis ojos estaba el imponente y radiante sol de la Reveladora Gnosis que nos dejara el Maestro. Oh, Sol del Conocimiento ! Tú serás nuestro lucero y nuestra llama divina !

El murmullo del arroyo me traía a la memoria el dulce canto de la voz del Maestro, que debe ser para nosotros una fuente de fe, de confianza y de eterno amor. Y la corriente del arroyo, qué me recordaba? Me hacía recordar aquella enseñanza: “El río nunca corre su corriente atrás”.

La encantadora mariposa que volaba entre las flores de otoño era para mi el símbolo de la excelencia del alma libre, que asocio a las cátedras dadas por el Maestro sobre la libertad psicológica y la libre manera de pensar. Las flores, como las virtudes del Alma, habían nacido a la vera del camino, haciéndome recordar con su delicadeza angelical, otra enseñanza del Maestro : “Nacer en las virtudes, morir en los defectos”.

Las aves, que de la mañana a la tarde, cantaban desinteresadamente me recordaban la expresión del Maestro “es preciso renunciar a los frutos de la acción sin esperar nada a cambio” ...Y los pájaros cantaban : Oh, Señor ! Te amamos por Ti mismo y no por recibir consolación.

La chicharra, incansablemente, con su canto incesante me hacía recordar otra enseñanza : “Despierta, Consciencia ! Consciencia que duermes, cuan diferente serías si despertaras de tu sueño ! Conocerías las Siete Sendas de la Felicidad, brillaría por todas partes la luz de tu amor, se regocijarían las aves entre el misterio de sus bosques, resplandecería la Luz del Espíritu y los elementales de la naturaleza cantarían para ti versos de oro”.

Las montañas con sus subidas y bajadas, me recordaban la Ley del Péndulo de la que tanto me habló el Maestro : “Antes de cada subida hay un descenso y antes de cada exaltación, una humillación. El cielo azul era visto tan vastamente como el amor del Padre-Madre celestial que me enseñara a percibir y a bendecir el Maestro.

El pequeño potro que vi pasar con su madre me hizo recordar al imitatus que me hablara el Maestro, el cual, de acuerdo con su propio desarrollo, un día se tornaría en un adeptus el hijo de sus propias obras. La blanca garza de armonioso vuelo que posaba en la copa de un árbol no ponía resistencia al viento de la existencia eso me recordaba otra enseñanza : No te identifiques ! No te identifiques !

La aterciopelada grama que cubría los montes me hacía volver a sentir la inolvidable serenidad y paz que experimenté en el día que apoyé mi cabeza sobre la cabeza del Maestro. En ese día aprendí: “Si quieres dar paz a tus hermanos busca primero tu paz interior”.

Los pinos con sus puntas afiladas mirando a lo alto me decían: “Vamos, hombre ! Levántate ! Levántate !”. Ese llamado a la lucha, a su vez, me recordaba otra enseñanza del Maestro : “No son las pérdidas ni las caídas que llevan a los hombres al fracaso, mas si, su incapacidad para levantarse y seguir adelante”.

De repente, la voz del espíritu de la montaña, con su tonalidad estremecedora, me hizo recordar el servicio desinteresado y el sacrificio consciente para con la humanidad. Finalmente, la voz del espíritu de la montaña exclamó : “Conocerte es la senda más segura para conducirte a Dios”.

En seguida, recuperándome del estremecimiento provocado por la voz del espíritu de la montaña, mi memoria se tornó más lúcida, y recordé el contenido de una carta de Carola mi hermana en Cristo y en Samael Aun Weor que transcribo textualmente a continuación :

(...) En la obra Superdinámica Mental, entre el contenido del libro, escribiste varios relatos y vivencias con el Maestro. Ciertamente, lo que más me impactó, como estudiante de la gnosis, fueron, justamente, estos relatos y vivencias. Recuerdo que los releía con avidez, sumergiéndome en los mínimos detalles para de ahí extraer alguna oculta enseñanza, porque es sabido que la gente aprende más con el ejemplo que con las palabras. Para aquellos que no pudieron convivir con el Maestro, recibiendo la enseñanza directa de su ejemplo, sus gestos, sus silencios, etc. ese libro era un verdadero manantial.

Queremos aprovecharte, explorarte al máximo en cuanto estés vivo con el objetivo de que queden, para las generaciones futuras, versiones fieles del paso de Samael Aun Weor en la tierra. Ni tu ni nosotros nos damos cuenta ahora, 1993, del alcance que la obra del Maestro Samael Aun Weor tendrá en los próximos siglos. Pero, debemos aprender las lecciones de la Historia. Estoy absolutamente segura que aquellos que convivieron con Jesús tomaron todas sus vivencias en Tierra Santa con naturalidad, devoción y gratitud, sin jamás haber soñado que aquellas enseñanzas eran la chispa inicial de dos mil años de historia religiosa, incluyendo las guerras fratricidas, las adulteraciones, los reinos, la política, la Inquisición, los santos, las matanzas en nombre de Cristo, etc.

Por este motivo creo que cuanto más documentos fidedignos dejemos en el comienzo más evitaremos las terribles adulteraciones que ya, solamente pasados 16 años de la partida del Maestro, están siendo practicadas en todos los países.

Hermano, coloquemos nuestro pequeño grano de arena, tal cual hicieron aquellos que pacientemente escribieron los pergaminos del Mar Muerto, íntimamente sabiendo que algún día, en algún lugar, alguien iría a descubrirlos y unos pocos irían a valorizarlos”.

Así, por tanto, haciendo el más fiel y sincero esfuerzo para extraer de las arcas de mi memoria las enseñanzas dadas por el Maestro, cumplo mi deber con la humanidad de entregar este libro de sabiduría, rogando al Cristo y la Divina Madre que me juzguen de acuerdo con el valor de esta obra, la cual ofrezco a mi hermano, el hombre, con el corazón en la mano y dando gracias a Dios por haberme permitido haber estado bien cerca del corazón del Maestro. "En el corazon del Maestro"  Fernando Salazar Bañols

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