Peregrinación de La Sagrada Familia

Peregrinacio n de la sagrada familiaY la Sagrada Familia, el Alma Humana, la Divina Madre y el Cristo Intimo, siguen peregrinando de ciudad en ciudad en nuestro país psicológico de esta tierra filosofal.

Cada grado de poder del Fuego convertido en Luz, es una ciudad donde el Cristo Intimo entra y tiene que destruir los falsos dioses, enemigos del Altísimo, y después buscar las partes de la Conciencia que ahí habían quedado atrapadas y quitarles los elementos pesados del ego para devolverles su prístina luz.

“Y aquella misma noche, José se levantó, tomó al niño y a su madre, y fue al país de Siria, llegando a una ciudad llamada Sahapra. Y Jesús tenía entonces cinco años y tres meses. Y, como penetrase por la puerta de la ciudad, donde había estatuas de dioses, los demonios, al ver pasar a Jesús, lanzaron un grito, y dijeron:

Llega un niño, hijo de un rey, de un gran monarca y que va a trastornar nuestra ciudad, y a expulsarnos de nuestra mansión. Poneos en guardia, para que no se acerque a nosotros, y nos haga perecer.

Huyamos de él hacia otro lugar lejano, y ocultémonos en algún desierto, o en las cavernas y en los antros de las rocas. Al oír esto, los jefes de los sacerdotes y los servidores de los ídolos se reunieron en el templo de éstos, y exclamaron.

¿Qué voz ha lanzado ese grito que nos aterra? Y, en el mismo instante, las estatuas de los falsos dioses se quebraron, y cayeron al suelo hechas añicos.”

“Luego de haber entrado en la ciudad, Jesús encontró en ella un albergue. Y Jesús deambulaba por todos los sitios de la población. Y llegó a un sitio en que los niños estaban reunidos, y se sentó a orillas del agua, cerca de las fuentes. Y, cogiendo polvo, lo arrojó al agua.

Y, cuando los niños fueron allí a beber, vieron el agua convertida en sangre corrompida. Y, atormentados por la sed, lloraban con amargura. Más Jesús tomó un cántaro, lo metió en la fuente, lo llenó de agua, y les dió de beber. Empero, habiendo sacado de nuevo agua de la fuente, la echó sobre ellos, y los vestidos de todos quedaron teñidos de sangre.

Y los niños se pusieron a llorar otra vez. Más Jesús les llamó con amabilidad, y poniendo la mano sobre ellos, les dijo: No lloréis, porque ya no hay ninguna tintura sanguínea en vuestros trajes. Y los niños se llenaron de alegría, al ver el prodigio operado por Jesús.” Doctrina gnóstica develada por Samael Aun Weor

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