La Sagrada orden de los Caballeros Tigres. El Tigre Humanizado

Los caballeros tigresEs la mansión de la Orden de los Tigres: Allí rigen la guerra, dan el silbo para el combate. La Flor de Guerra abre la corola, la Flor de Escudo en mí mano está: Me alegro con las flores, con la Flor del Tigre y con la Flor del Aguila.

Se abrió la Flor del Tigre, donde se muestra siempre con florida obsidiana ante el Agua Divina”. “A nadie tan precioso, a nadie tan fuerte hace el dador de la vida: El Aguila que va volando, el Tigre corazón de la montaña; ellos, empero, se someten al Deber del Trabajo. "Cantos de la Epica Nahuatl"

LA SAGRADA ORDEN DE LOS CABALLEROS TIGRES: Durante la época del México Prehispánico existieron órdenes esotéricas. Una de ellas fue la llamada Orden de los Caballeros Tigres; formada por hombres que tenían el anhelo sincero de despertar Conciencia y que además estaban dispuestos a desarrollar determinadas cualidades para que, dentro de sí mismos, pudiera algún día resucitar Quetzalcoatl, el Cristo Mexicano.

Desde siempre se ha relacionado al tigre con la Sabiduría. Algunos de los atributos a adquirir dentro de la orden eran la SAGACIDAD y la FIEREZA, y el ACECHO. Este último le permitía vivir no sólo de instante en instante, de acuerdo a la Filosofía de la Momentaneidad, sino también el vivir cada uno de sus actos como si fuese la última batalla sobre la Tierra.

Tenían que someterse al Deber del Trabajo, es decir aniquilar la Falsa Personalidad y el Abominable Yo Psicológico, para poder tomar la Flor de la Guerra Florida, es decir de la lucha contra sí mismo, que es la que hace florecer el corazón. Por eso nos dice en una de sus obras Samael Aun Weor. “En cuestiones de Esoterismo Trascendental, bien saben los «Maestros Masones» el hondo significado del saludo con la garra”.

“Los corazones entre garras felinas simbolizan «la muerte del Iniciado» Transformado en tigre, Quetzalcoatl, sube desgarrando el corazón de quien lo despierta, hasta matar en él, todas las ilusiones de la personalidad, todo apego por las cosas que lo atan a la tierra. Realmente son necesarias la sagacidad y fiereza del tigre para matar la personalidad humana y hacer que resplandezca el Dragón de Sabiduría de Siete Serpientes, símbolo del Decapitado

Entre las numerosas tribus que pueblan las espesas selvas del Amazonas, se rinde culto al jaguar o tigre americano, considerándolo animal sagrado y aunque se encontrasen armados, con arcos y flechas, o incluso arma de fuego, prefieren evitar el encuentro, desandar el camino, pese a todos sus intereses, antes que atentar contra el felino. Saben muy bien que el brujo, el piachi (o mejor dijéramos sacerdote), de su tribu puede andar por entre la selva transformado en tigre.

En el México Azteca Ocelotl Tonatiuh (Sol de Tigre, uno de los veinte fundadores de Tenochtitlán), era el Jefe-Sacerdote de los Místicos Guerreros Tigres, de la Orden de los Caballeros Tigres, cuyos adeptos pasaban terribles pruebas antes de aprender a manejar la Imaginación y la Voluntad, al grado que podían transformarse en tigres.

Algunas de estas pruebas iniciáticas las pasaban en el interior de un Templo circular dedicado al Sol que existió en la Gran Tenochtitlán. Era una cámara secreta, un gran salón con aspecto de caverna llamado el TZINACALLI (La Casa del Murciélago); sobre el dintel de la puerta de acceso colgaba un gran espejo de obsidiana y frente a la puerta una hoguera de leña de pino. Allí era llevado el candidato a altas horas de la noche y se le indicaba que caminara en la oscuridad hacia la hoguera y que una vez frente al espejo hablara al Guardián del Umbral: “Soy un Hijo de la Gran Luz. Tinieblas apártense de mí”.

Sobre su cabeza comenzaban a revolotear y chillar murciélagos, la leña de pino se iba apagando, quedando sólo el rescoldo que se reflejaba en el espejo... De repente: ruidoso batir de alas, alarido aterrador y una sombra humana con Maxtlatl alrededor de la cintura, emergía de la oscuridad y con una espada amenazaba con decapitar al intrépido invasor de sus dominios.

¡Ay del candidato que retrocedía aterrado! Una puerta disimulada se abría, un guerrero le señalaba el camino del mundo profano de donde vino. Pero si resistía la embestida de Camazotz (el Dios Murciélagos), se abría otra puerta donde lo recibía un Maestro e incineraban la efigie del candidato hecha en papel de amatl, mientras otros maestros le daban la bienvenida y lo pasaban al Templo Ritual simbolizando así la muerte de las pasiones de la personalidad del Iniciado y el paso de las tinieblas a la Luz.

“Incuestionablemente los Caballeros Tigres, del México-Azteca, además de guerreros acostumbrados a la «Dura Brega», eran también extraordinarios atletas de la Ciencia Jinas”. Utilizaban para esto la Fuerza Elemental del Tigre y gracias a la Radiante Partícula Intima, simbolizada por el hacha, signo del rayo que el “Hombre Tigre” del México Azteca usa frecuentemente.

Acostados sobre pieles de tigres, (adoptando la figura del jaguar cuando está en reposo, adormecido), sabían combinar los tres elementos del Samyasin: Voluntad, Imaginación y Meditación de fondo en vibrante armonía y pronunciando la frase ritual: “Nosotros nos pertenecemos” asumían así la felina figura del jaguar, transformándose en verdaderos tigres humanizados una vez penetrados en la 4a Vertical.

“El Tigre Humanizado, se convierte en una realidad concreta, no sólo en el México Pre Cortesiano, sino también en toda Mesoamérica“... “Es así, convertido en hombre, como lo encontramos en Teotihuacán; levantando sus heroicos brazos en un gesto litúrgico o con esa marcha felina que le caracteriza”. Samael Aun Weor 

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