O.V.N.I.

Extraterrestres y psicología

Extraterrestres y psicologia“Energía solar y cuarta dimensión: estos serán los dos basamentos de la futura humanidad. Se necesita trazar la Cuarta Vertical y ello sólo es posible estudiando muy a fondo el átomo. Cuando la Cuarta Vertical sea trazada, puede elaborarse entonces una nueva Geometría de tipo Tetradimensional. Resulta fácil comprender que sobre este fundamento vivo puede crearse una Física revolucionaria con cuatro dimensiones.

La Física actual resulta ciertamente regresiva, retardataria, reaccionaria, no sirve para la conquista del espacio, está anticuada, extemporánea. Cuando tengamos una Física revolucionaria, Tetradimensional, podremos entonces fabricar Naves Cósmicas capaces de atravesar instantáneamente la barrera de la velocidad de la luz.

Tales Navíos Cósmicos viajarían en el Tiempo a velocidades millones de veces superiores a la velocidad de la luz. Esta clase de Navíos, impulsados por energía solar, no necesitarían cargar combustibles de ninguna especie y viajarían libremente por el espacio infinito. El mundo tridimensional no es todo; es -ciertamente- nada más que una hoja del árbol de la vida.

¡Pensemos en la Cuarta Dimensión, vamos a revolucionar la Ciencia! Ya logramos atravesar la barrera del sonido con aviones y cápsulas ultrasónicas, pero aún, todavía, no hemos podido pasar la barrera de la velocidad de la luz”. Samael Aun Weor, “Mi Regreso al Tibet”, Mensaje de Navidad del año 1.969

Damas y caballeros: esta noche vamos a abordar algunos temas bastante interesantes, de palpitante actualidad. Obviamente estamos en una época de inquietudes extraordinarias. Es necesario, se requiere reflexionar profundamente sobre el momento actual en que vivimos.

Tenemos una poderosa civilización moderna, se han hecho muchos avances en el terreno de la Física, de la Química, de la Medicina, de la Ingienería, etc., etc, etc. Hemos levantado una gran civilización, poderosas naves dirigidas hacia la Luna han sondeado el espacio y han aterrizado en el suelo lunar. También se han enviado naves a Venus, aunque no hallan sido tripuladas. Se proyectan excursiones a Marte; se ha dicho que por el año 1.985 o algo más, los Estados Unidos van a envíar un cohete atómico a Marte tripulado. Aguardaremos datos concretos sobre el particular.

Todo esto en el fondo es fascinante, extraordinario. La Televisión ha cumplido una gran misión; gracias a la Televisión pudimos perfectamente seguir las huellas de los cohetes que descendieron en la Luna. Entonces se supo mucho sobre la vida lunar, se investigó bastante. Antes se pensaba que la Luna era un pedazo de Tierra proyectado al espacio. Las pruebas con el “Carbono-14” fueron definitivas: se llegó a la conclusión lógica de que la Luna es anterior a la Tierra, es más antigua, y esto de por sí resulta sensacional. Entonces todos esos sabios que sostuvieron en el pasado la teoría de que la Luna era un pedazo de Tierra proyectado al espacio, se equivocaron lamentablemente.

Repito: las pruebas con el “Carbono-14”, el análisis riguroso con los guijarros lunares, nos indicaron que tales sabios que en el pasado sostuvieron la tesis de que la Luna era un pedazo de Tierra, resultó específicamente equivocado. Así, pues, estamos en una época de grandes inquietudes científicas y nosotros debemos, siquiera por un rato, reflexionar profundamente sobre todas estas cosas...

Ustedes están aquí porque tienen inquietudes y yo también estoy aquí por las inquietudes que tengo. Ustedes han venido dispuestos a escucharme y yo estoy dispuesto a platicarles. Entre ustedes y yo debe haber un intercambio de ideas; nos hemos reunido precisamente para estudiar en conjunto muchas cosas, para analizar diversos asuntos importantes que a ustedes y a mi nos interesan, y quiero que entre todos nosotros analicemos estos temas de palpitante actualidad.

Obviamente luchamos por la conquista del espacio y esto lo estamos haciendo sinceramente. Nuestros científicos vuelan en alas de sus proyectos- hacia un futuro en que el hombre ha de conquistar definitivamente otros mundos. Empero no debemos, en manera alguna, dejarnos fascinar con tanta fenomenología; conviene que con carácter propio investiguemos. Así nos evitaremos, posiblemente, muchos desengaños.

Se ha hablado mucho en esta época y eso lo saben ustedes- sobre la cuestión esa de las Naves Cósmicas provenientes de otros mundos. Hay una especie de antinomia, de antítesis muy interesante, entre cohetes disparados por tirios y troyanos a la Luna, o a Venus, o a Marte, etc., y Naves Cósmicas provenientes de otros mundos; existe cierto escepticismo que a nada conduce. Hay, pues, inquietudes de una y otra parte, conceptos antagónicos, opiniones encontradas. Todo esto vale la pena reflexionarlo.

Cuando nosotros oímos hablar de “Platillos Voladores”, o ponemos atención o sonreímos un poco escépticos, pero hay algo de realidad en todo eso. A mi no me parece, en modo alguno, que nuestro planeta Tierra sea el único planeta habitado. Cuando uno estudia la “Panspermia de Arhenius”, descubre con asombro místico que los gérmenes de la vida provienen de otros mundos. Resulta interesante Arhenius con sus teorías. Obviamente, en el fondo, todos venimos de las Estrellas.

Nuestro mismísimo planeta Tierra es un mundo habitado, un mundo que gira alrededor del Sol, un planeta como cualquier otro del espacio infinito. La Ley de las Analogías Filosóficas nos invita a pensar que si nuestro mundo Tierra está habitado, debe haber en el espacio infinito otros mundos también habitados. No creería yo jamás que los GÉRMENES DE LA VIDA UNIVERSAL fuesen patrimonio exclusivo del planeta Tierra.

Me parece que el exclusivismo, en este sentido, resulta regresivo, reaccionario, retardatario. Les invito a pensar que si nosotros estamos luchando por la conquista del espacio con nuestros cohetes que viajan a velocidad extraordinaria, es posible que en otros mundos exista también esa misma lucha. No descartaría jamás la idea de la posibilidad de gentes extraterrestres, habitantes de otras esferas que ya hubiesen conquistado el espacio.

Creer que somos los únicos en un Cosmos tan grandioso, compuesto por tantos millones y millones de mundos, resulta demasiado reaccionario y exclusivista. Recuerden ustedes que en la época de Colón muchos fueron los que rieron de aquel gran navegante cuando se lanzó como decían en aquella época, a través del océano- más allá del Cabo Finisterre.. Entonces, en la época de Colón, se creía que la Tierra era plana, cuadrada; nadie aceptaba la posibilidad en Europa de vida más allá del Cabo Finisterre, que significa “fin de la Tierra”. Paréceme a veces que nosotros pensamos con mente medieval; cuando negamos la posibilidad de vida consciente e inteligente en otros mundos, indubitablemente pensamos con criterio anticuado, anti-revolucionario, medieval.

¡Admitamos la posibilidad de vida en otros mundos! Las Naves Cósmicas son una realidad; gentes hay, en otros mundos habitados, más cultas que nosotros, que ya conquistaron el espacio, y de eso puedo darles a ustedes testimonio fehaciente. Si me basara en meras elucubraciones intelectuales, realmente no tendría bases como para afirmar la tesis de los mundos habitados por gentes extraterrestres. Si me basara únicamente en puras concepciones intelectivas, o en la Lógica Formal o Dialéctica Razonativa para enfatizar la idea de la posibilidad de existencia de los extraterrestres, no pasaría de ser un teórico más.

A mí en verdad me consta la existencia de los extraterrestres, los conozco personalmente, en carne y hueso, y por eso no tengo inconveniente alguno en dar testimonio. Si ustedes creen, está bien; si no creen, está bien; si aceptan, maravilloso, si rechazan es cuestión de ustedes. En todo caso, daré mi testimonio...

Algún día, no importa cuál, hallándome en el Distrito Federal hube de visitar el “Desierto de los Leones”; quería estar en paz, aunque fuese por algunas horas, deseaba entregarme a las más serenas reflexiones. De pronto me sentí atraído hacia cierto lugar del Bosque. Vi allí un espacio, dentro de una arboleda. No se por qué me dio por dirigirme personalmente al lugar indicado; lo cierto fue que hallé una enorme Nave Cósmica sobre un trípode acero.

Obviamente les confieso a ustedes, en nombre de la verdad, que me sentí completamente confundido, conmovido; tal hallazgo me dejó absolutamente sorprendido. Más ahí no paró la cuestión: una compuerta metálica se abrió y ví a un Jefe o Capitán descender de aquella Nave; tras él venía la tripulación. Naturalmente, me dirigí al Jefe, al Capitán, le saludé y él me contesto en perfecto español el saludo. “Buenos días”, le dije. Respondió: “Buenos días”...

Entre la tripulación ví a dos damas de edad avanzada. ¿Qué edad tendrían? No lo se. Incuestionablemente ellas tendrían edades correspondientes a otros tiempos, no a nuestro tiempo terrenal.

Hablé al Capitán diciendo: “Señor, me gustaría conocer el planeta Marte; mi propio Germen Espiritual, Divinal, está relacionado con aquel mundo del espacio infinito” –mi Mónada, dijera, hablando al estilo de Leibnitz, que tanto se ocupó de las Mónadas-. El Capitán guardó silencio. Sin embargo después de unos minutos tomó la palabra y dijo: “¿A Marte, dice usted? “Sí, me gustaría conocer el planeta Marte, y que ustedes me llevaran; estoy dispuesto a irme con ustedes ya, nada me puede atraer en el planeta Tierra”... “¿Marte? Ese planeta queda allí mismo no más, eso está muy cerca”, me dijo; pero al hablar así, en esa forma, comprendí que mi petición o mi pretensión había sido demasiado pobre. Yo creía haber pedido algo muy grande, pero –para él- mi petición había sido en verdad muy pobre.

Por ciertas indicaciones intuitivas pude entender que aquella Nave que me había parecido tan espléndida, provenía de una Nave Matriz que había quedado en órbita alrededor de la Tierra. El Sistema Solar nuestro, conocido con el nombre de “Sistema Solar D’Ors, no era en modo alguno para el Capitán aquel más que uno de los tantos Sistemas del inalterable infinito. Indudablemente me hallaba frente a frente de viajeros Inter-galácticos, de gentes que viajan de Galaxia en Galaxia, de individuos sabios y conscientes.

“Soy un escritor” les dije, “quisiera ser llevado a otros mundos habitados con el propósito de escribir y dar testimonio fehaciente sobre la existencia de otros mundos habitados. Soy un Hombre” le dije, “no un simple animal intelectual, y la petición que hago a ustedes no es por mí, sino por la humanidad en general. Me gustaría en alguna forma cooperar con la cultura general del mundo en que vivo”... Argüí muchos conceptos, pero el Capitán guardaba silencio. Hasta me agarré del trípode aquel –de acero- con el propósito de no desprenderme de ahí más, hasta que resolviera meterme dentro de la Nave y me llevara, más todo fue inútil: guardaba silencio.

Examiné a aquel hombre y a toda la tripulación: personajes de un color cobrizo, amplia frente, delgados de cuerpo, estatura de un metro y veinte, treinta o cuarenta centímetros, nada más. El Capitán tenía en su mano como una especie de aparato, algo metálico que francamente no entendí.

La tripulación al fin se sentó sobre unos troncos de madera que había en el bosque. Las damas eran dos ancianas venerables y yo no pude menos que observar tan extrañas criaturas inteligentes, sabias, respetuosas. No vi en ellos la perversidad terrestre, pude observar cuidadosamente el sentido de responsabilidad moral que tenían. Hablaban poco porque tienen un concepto muy elevado de la palabra; ellos no echan a volar la palabra como nosotros: hablan poco y dicen mucho, para ellos la palabra es oro, oro en polvo; sólo la usan es casos muy indispensables.

No les vi cara de asesinos, como las de nosotros los terrícolas; tampoco les vi los planes maquiavélicos con que tanto se adornan ciertas películas; en estas extrañas criaturas solamente brillaban la Sabiduría, el Amor y el Poder. Son hombres, pero hombres de verdad, en el sentido más completo de la palabra.

Ninguno de ellos quiso raptarme; al contrario, luche demasiado rogándoles que me llevaran. Estoy seguro que si me hubiesen concedido tal petición, en modo alguno habrían hecho de mi un conejo de laboratorio. Otra cosa somos nosotros los terrícolas: si logramos atrapar a un extraterrestre seguro que va para el laboratorio, y en cuanto a la Nave la confiscaremos y con ella como patrón podremos construír muchas para bombardear ciudades indefensas, para conquistar otros mundos a la fuerza y hacer diablura y media, porque nosotros los terrícolas, empezando por mí, somos en verdad terriblemente perversos; esa es la cruda realidad de los hechos.

En modo alguno he venido aquí a “lavarme las manos” delante de ustedes y a decirles que soy una “mansa oveja”; no, todos nosotros estamos “cortados por la misma tijera” y los defectos que yo tengo los tienen ustedes, y viceversa. Así, pues, el testimonio que les doy sobre aquellas gentes es sincero, en verdad sincero. No trato en modo alguno de deformar el testimonio, de deformar la verdad...

Sentados al fin aquellos tripulantes sobre los troncos de madera que habían en tal lugar, una de las damas se puso de pie y en nombre de toda la tripulación habló y dijo: “Si colocamos nosotros una planta que no es aromática junto a otra que sí lo es, la que no es aromática se impregnará con el aroma de la que sí es aromática”. Luego prosiguió: “Lo mismo sucede en los mundos habitados; mundos que en el pasado andaban mal, con humanidades perversas, poco a poco se fueron transformando con el aroma, con la vibración de los mundos vecinos; más nosotros –como usted ve- acabamos de llegar aquí, a este planeta Tierra, y no vemos que sucede lo mismo. ¿Qué es lo que pasa en este planeta?”

Bueno, la pregunta que me hicieron fue tremenda y yo debía dar una respuesta, pues, de alta calidad. Sin reflexionarlo mucho, pero eso sí, cuidando muy bien la palabra, dije: “Este planeta Tierra es una equivocación de los Dioses”, más luego completé, redondeé el concepto lo mejor que pude para decir: “Este es el Karma de los mundos”.

“Karma” es una palabra que representa o que significa “Causa y Efecto”, tal Causa, tal Efecto. Obviamente la Tierra tiene causas que la trajeron a la existencia, y posiblemente –dije- si esas causas pues están más o menos equivocadas, los efectos tienen que ser equivocados.

Al decir así: “Este es el Karma de los mundos”, con gran asombro vi que la anciana que hablara asintió inclinando su cabeza, con una venia respetuosa. No dijo nada, sino sencillamente asintió. La otra dama lo mismo: hizo una venia respetuosa, y todos los de la tripulación en genuflexión moderada asintieron.

Bueno, me llené de ánimo porque pensé que me iban a jalar las orejas, pues dar una respuesta a gentes que viajan de Galaxia en Galaxia un pobre diablo como yo, pues era terrible. Pero resultó, resultó, funcionó mi respuesta, y eso me alegró. Claro, resolví sacar el mejor partido de aquel asentimiento y dije: “Bueno, este es mi momento”, y volví a reiterar mi petición de ser llevado a otro planeta del espacio infinito para dar testimonio a las gentes sobre la realidad de los mundos habitados.

“Soy escritor” –les dije-; no es por mí, es por la humanidad, ¡llévenme! De nada valieron mis ruegos, el silencio era terrible. Al fin el Capitán pronunció una frase, nada mas que una, porque hablan poco y dicen mucho, nunca empeñan la palabra si no la han de cumplir. No es como nosotros que le decimos a un amigo: “mañana nos encontramos, a las nueve de la mañana, en el Café tal para que platiquemos sobre tal negocio”, y el amigo no llega, y si llega se presenta por ahí a las diez, o a las once, o las doce. No, ellos dicen “nos encontramos a las nueve de la mañana”, y a las nueve de la mañana -ni un minuto antes ni un minuto después- están presentes. Esas gentes hablan poco y dicen mucho; parecería como si esos personajes fuesen verdaderamente Dioses con cuerpos de hombre –me daba esa impresión al platicar con ellos-.

Logré una respuesta no se las niego breve pero que me dejó satisfecho: “En el Camino” –dijo el Capitán- “iremos viendo”... No fue más lo que me dijo, pero para mí fue definitivo. Si un terrícola me lo hubiera dicho, sencillamente habría quedado triste, habría considerado esas palabras como una escapatoria, como una evasiva. Cuando uno solicita –por ejemplo- un empleo y le dicen “lo tendremos en cuenta para cuando haya una vacante”, es como para salir corriendo a quinientos kilómetros por hora, podemos estar seguros que hemos fracasado en la solicitud. Pero estaba hablando con extraterrestres.

“En el Camino iremos viendo”... ¿A cuál Camino se refería aquel Capitán? Al Camino Esotérico, Iniciático, a una Senda que yo estoy siguiendo y que muchos están siguiendo, a la Senda que conduce al Súper-Hombre, a la Senda “angosta, estrecha y difícil” de la cual habla El Cristo; a ese Camino misterioso que recorrió un Dante, un Hermes Trimegisto o un Jesús de Nazareth. Yo sigo ese Camino; por lo tanto, las palabras de aquel Capitán me llenaron de ánimo.

Luego me dio la mano su diestra; subió a la Nave, le siguieron los de la tripulación. Comprendí que debía retirarme y así lo hice; no quería en modo alguno que mi cuerpo físico se desintegrara instantáneamente por la fuerza de aquella Nave y me retiré, sí, y a cierta distancia pude observar, a través de los árboles, el momento en que aquella Nave despegara. Subió lentamente hasta cierto punto y luego se precipitó en el espacio infinito sin hacer ruido alguno.

Les aseguro a ustedes que estoy dando un testimonio sobre gentes que ya conquistaron el espacio, sobre los extraterrestres. He venido aquí a decirles la verdad y nada más que la verdad, no he venido a darles testimonios falsos porque con eso no ganaría yo nada, ni tampoco ustedes ganarían nada; me engañaría a mí mismo y cometería el crimen absurdo de engañar a mis semejantes. No, les estoy dando a ustedes un testimonio de la verdad, de lo que me consta sobre los extraterrestres.

Si ustedes creen, maravilloso; si ustedes no creen, no me importa; si se ríen allá ustedes. En todo caso “el que ríe de los que desconoce” dice Víctor Hugo en una de sus obras “está en el camino de ser idiota”. Yo doy testimonio, ustedes sabrán...

Hay otras gentes que ya conquistaron el espacio, pero no son terrícolas; son gentes que vienen de otros mundos densamente poblados. Lo que sí he podido comprender es que estos que conquistaron el espacio infinito son gentes que no tienen vicios, no beben, no fuman, no fornican, no adulteran, no roban, no matan; son perfectos en el sentido más completo de la palabra.

Me digo a mí mismo y les digo a ustedes, y pienso en voz alta: nosotros, los terrícolas, ¿tendremos acaso tales méritos? ¿Seremos dignos de conquistar el espacio infinito? Y si lo logramos, ¿cuál sería nuestra conducta en otros mundos habitados? ¿Estamos seguros de que no iríamos a convertir -a las gentes de otros planetas- en esclavos nuestros? ¿Estamos seguros de que no iríamos a beber allá, a fumar, a adulterar, etc.? ¿Somos tan perfectos que mereceríamos conquistar ya el espacio infinito?

Ahora bien, esas Naves Cósmicas entiendo que son multidimensionales; me parece que las tres dimensiones de largo, ancho y alto no son todo; la Geometría tridimensional de Euclides ha sido muy discutida. Esta mesa –por ejemplo- tiene largura, anchura y altura, tiene tres dimensiones, más tiene que haber una Cuarta Vertical en esta mesa. ¿Cuál será? Yo digo que el Tiempo. ¿Cuánto Tiempo hace que fue fabricada? He ahí la Cuarta Vertical.

Existe –indubitablemente- también la Quinta Coordenada, que entiendo es la Eternidad. Más allá de la Quinta Dimensión tiene que existir una Sexta, una Sexta que no es el Tiempo ni tampoco el mundo tridimensional. La Quinta Dimensión es la Eternidad, la Cuarta es el Tiempo, y la Sexta, ¿cuál será?, ¿y cuál la Séptima? La Sexta está más allá de la Eternidad y del Tiempo, y en cuanto a la Séptima, es la Dimensión Cero Desconocida –Espíritu Puro, dijéramos-.

Indubitablemente tienen que haber siete dimensiones básicas, fundamentales. Mientras exista o mientras tengamos nosotros el dogma tridimensional de Euclides, permaneceremos en estado regresivo, retardatario. Hoy por hoy la Física moderna está retardada, es regresiva, es retardataria, anticuada, porque se basa exclusivamente en las tres dimensiones básicas o fundamentales del dogma tridimensional de Euclides.

Las Naves extraterrestres están basadas en una Geometría diferente. Yo digo que hay que crear una Geometría Tetradimensional y esto sería posible sin investigáramos a fondo el átomo. Obviamente es en el átomo donde está trazada la Cuarta Vertical. El día en que podamos trazar la Cuarta Vertical en el papel, podremos entonces también crear una Geometría Tetradimensional. Con una Geometría así podríamos fabricar Naves de cuatro dimensiones, Naves capaces de viajar en el Tiempo, ya hacia el remoto pasado, ya hacia el remoto futuro; con Naves así podríamos conquistar el espacio infinito. Más nosotros todavía no podemos crear ese tipo de Naves; para viajar a Marte nos echaremos dos años en un cohete atómico.

Según pude entender de las afirmaciones de aquellos extraterrestres que conocí en el “Desierto de los Leones”, en menos o en cuestión de minutos, ellos están en Marte. Para ellos Marte es “ahí no más”, como quien dice “en la tienda de la esquina”.

Se que ellos meten sus Naves dentro de la Cuarta Vertical. Tales Naves están propulsadas con energía solar y esto es maravilloso. Nosotros necesitamos enviar cohetes equipados con combustible líquido, nuestros astronautas tienen que hacer cincuenta mil maromas para poder bajar en la Luna. Ellos no necesitan de tales maromas, para ellos la Luna está “allí no más”.

Así, pues, no veo por qué hemos de sentirnos orgullosos con nuestra tan cacareada civilización moderna. Yo les invito a ustedes sencillamente a dejar por un momento el engreimiento, el orgullo; les invito a comprender que nosotros los terrícolas somos apenas embriones y que nuestra tan cacareada civilización moderna no vale realmente la pena. Yo les invito a ustedes a investigar a fondo toda esta cuestión de la conquista del espacio interplanetario.

Hay necesidad de analizar, hay necesidad de estudiar, hay necesidad de comprender que si queremos la conquista del espacio infinito, debemos empezar por estudiarnos a sí mismos porque las Leyes del Cosmos están dentro de nosotros mismos, aquí y ahora, y si no descubrimos las Leyes del Cosmos entro de sí mismos no las descubriremos jamás, porque el hombre está contenido en la Naturaleza y la Naturaleza está contenida en el hombre.

Si queremos conquistar el espacio infinito debemos empezar por conquistarnos a sí mismos. Hoy por hoy nosotros somos víctimas de las circunstancias, no hemos aprendido a manejar las diversas circunstancias de la vida, aun no sabemos determinar circunstancias, somos juguetes de todas las fuerzas del Universo.

Vivimos en un mundo convulsionado, en un mundo que va a pasar por grandes catástrofes; ya vienen los terremotos, han venido caminando nuestra América desde Sur a Norte. Un día fue Chile, conmovido por grandes terremotos y maremotos; más tarde Caracas, siguió Colombia, se estremeció Managua, siguió Honduras y se acaba de estremecer Guatemala. No es pues extraño que dentro de poco todas nuestras ciudades de México se estremezcan con los terremotos.

San Francisco de California está llamado a desaparecer; hay una falla al pie de la Península de California que ya está estudiada, una grieta profunda que comienza a devorarse poco a poco la California. Obviamente California se hundirá entre el fondo del Pacífico.

Vivimos, pues, en un mundo que está amenazado por grandes convulsiones y merece que nosotros reflexionemos un poco sobre el estado psicológico en que nos encontramos, sobre nuestra civilización, etc.

El fondo de los Océanos Atlántico y Pacífico está lleno de profundas grietas. En el Pacífico, sobre todo, hay algunas grietas profundas que ya ponen en contacto el fuego con el agua. El agua del océano penetra dentro del interior de la tierra en aquellas zonas donde está el fuego líquido y se están formando presiones y vapores que aumentan de instante en instante. Estas presiones y vapores están originando los terremotos en grande escala, y se van a convencer ustedes –distinguidos caballeros y damas- de que antes de poco no habrá un lugar seguro en el planeta Tierra donde uno pueda estar seguro. Los terremotos y maremotos tienen que intensificarse debido a las presiones y vapores subterráneos; los hielos del Polo Norte se están derritiendo y ya se encuentran enormes Icebergs cerca del Ecuador.

En el Polo Sur se están produciendo aguas calientes, salidas de algunos cráteres. Estas corrientes de agua caliente penetran hasta ciertos lugares cerca de Guinea; hay cambios dentro del mundo Tierra, y si las presiones y vapores continúan, un día explotará la corteza terrestre. No hay duda que hoy por hoy cualquier acontecimiento cósmico, como la llegada de algún mundo gigantesco, es suficiente como para que se produzca tal explosión.

Nosotros estamos sentados sobre un barril de pólvora y no nos damos cuenta. La Tierra toda se está preparando para cambios geológicos formidables, la Naturaleza está actualmente pasando por procesos difíciles, está en una gran agonía. El fuego del interior de la Tierra se halla en desasosiego, pero nosotros sobre la epidermis del mundo nos creemos muy seguros, levantamos poderosos edificios como si nunca se fueran al suelo, creamos poderosas naves como si estas nos permitieran a nosotros huir hacia otros planetas en un instante dado; nos sentimos amos del Universo y cualquier dolor de estómago es suficiente como para irnos a la cama. Somos débiles pero nos creemos invencibles.

Me parece que debemos reflexionar sobre lo que somos, sobre lo que está sucediendo, sobre lo que pasa en este momento. En este siglo ha habido dos guerras espantosas: la de 1.914 a 1.918, y la de 1.939 a 1.945. Habrá una tercera y será atómica; entonces existirá un gran holocausto nuclear, poderosas ciudades quedarán reducidas a cenizas, millones de personas perecerán. Lo más grave de todo esto es que el abuso de la Física Atómica nos llevará al desastre.

Un día llegará en que vendrá la descomposición del átomo en cadena y entonces los científicos no podrán controlar la energía atómica. No hay duda que la contaminación radioactiva será espantosa; las nubes -cargadas de radioactividad, por ejemplo- al descargarse sobre los cultivos también los contaminarán. Así, pues, en la tercera guerra mundial ya no habrá qué comer porque la radioactividad habrá impregnado completamente las cosechas y los alimentos contaminados no servirán para nuestra alimentación.

Al paso que vamos no debemos sentirnos muy seguros de una civilización que tambalea, y tampoco debemos estar muy seguros de nuestras teorías, de nuestros conceptos, de nuestras ideas. Merece la pena que revisemos todo lo que hemos aprendido en la escuela, en el colegio, en la universidad, en los libros escritos por los distintos escritores. No trato de atacar ninguna teoría; no, únicamente estoy invitándoles a ustedes a la reflexión y nada más. Ese es el objeto de esta plática...

Hay una Ley que se conoce como la Ley de la Entropía Universal. Si nosotros colocamos dos marmitas llenas de agua, una conteniendo agua caliente y otra conteniendo agua fría, si las colocamos juntas veremos un desorden involutivo –he ahí lo que es la Entropía Universal-. Si las gentes no trabajan sobre sí mismas, si no procuran pasar por una especie de revolución psicológica, si no modifican sus costumbres, su manera de vivir y de ser, marcharán de acuerdo con la Ley de la Entropía, involucionarán en el tiempo, y un día no habrá diferencia entre persona y persona, todos seremos terriblemente perversos.

En cuanto al planeta Tierra no podemos negar que está metido dentro de la Ley de Entropía: la atmósfera se halla completamente contaminada, los mares se han convertido en enormes basureros, muchas especies marítimas están desapareciendo; en los ríos han muerto los peces, es difícil ya encontrar un río que no esté contaminado; los frutos de la tierra han sido adulterados con tantos y tantos injertos, es difícil ya comerse uno una manzana legítima, ahora tiene uno que comer “peroles”. Todo esto ha alterado el orden del Universo, el orden de la Naturaleza.

Hay tierras que ya no producen; actualmente el mundo tiene cuatro mil quinientos millones de personas y no alcanzan los alimentos para sostener a tanta gente. Los próximos años serán millones las personas que morirán de hambre y actualmente es mucha la gente que está pereciendo.

Así, pues, la Tierra toda está marchando de acuerdo con la Ley de la Entropía Universal: tierras que antes eran cultivables, que daban frutos en abundancia para sostener a todo el mundo, ahora son estériles; los experimentos hechos con la energía atómica y los abonos químicos han echado a perder la tierra, todo marcha en forma involutiva. La Tierra misma en este momento está agonizando y lo más grave es que está agonizando y nosotros no nos damos cuenta de que está agonizando.

Obviamente si una persona está agonizando ya sabemos lo que le aguarda. Similarmente, si nuestro planeta está agonizando debemos entender lo que le aguarda. Un día quedará igualada la Tierra en todas partes, convertida en un Sahara, o en otros términos, convertida en una Luna más del espacio infinito. Más la sabiduría del Demiurgo Creador del Universo es grande. No está de más decirles a ustedes, en forma enfática, que sólo mediante el sacrificio es posible la transformación. Si por ejemplo no sacrificáramos el combustible de la Locomotora, no habría fuerza motriz para mover el tren. Similarmente diremos que mediante el gran sacrificio es posible también la transformación del mundo.

Sabemos demasiado que los ejes de la Tierra se están verticalizando. No está lejano el día en que los Polos se convertirán en Ecuador, no está lejano el día en que el Ecuador se convertirá en Polos. Cuando eso sea, los mares cambiarán de lecho y se tragarán al planeta entero. No hay duda que vendrá un gran caos, y actualmente repito ya los hielos del Polo Norte se están derritiendo. Esto origina enormes ciclones que arrasan ciudades enteras y causan estragos como los que causaron hace poco, en Centro América, el ciclón ese terrible que acabó con Honduras. Así que, los Icebergs se encuentran ahora por montones en la Zona Ecuatorial.

Ya no coincide el Polo Magnético con el Polo Geológico. Si un avión saliera directo en estos instantes hacia el Polo Norte guiado por la brújula, y si luego descendiera exactamente sobre el Polo Magnético, hallarían los pilotos con asombro que allí no está el Polo Geológico, pues el Polo Geológico está desviado, se dirige hacia el Ecuador. De manera que el Polo Magnético y el Geológico ya no coinciden y esto hace que cambien los climas, que se noten ciertos desórdenes en las estaciones, sobre todo en la primavera y el verano; esto hace que los mares un día se desplacen y que esta poderosa que hemos creado nosotros se destruya, y lo más grave es que con ella nos destruiremos nosotros también y pereceremos.

Nuestros antepasados de Anahuac dijeron: “Los Hijos del Quinto Sol” refiriéndose a nosotros “perecerán con el fuego y los terremotos”. Esto está debidamente testimoniado ahora con la catástrofe de Guatemala –que, entre paréntesis, fue muy grave ya que no solamente tembló sino que sigue temblando en ese país y los muertos están aumentando-. Así pues que, la humanidad perecerá por el fuego y los terremotos, y por último será definitivamente barrida de la faz de la Tierra por el cambio de lecho de los océanos.

Más así, mediante este tremendo y espantoso sacrificio, surgirán un día de entre el caos continentes nuevos donde vivirá una nueva humanidad. Ya Virgilio, el poeta de Mantúa dijo: “Llegó la Edad de Oro y una nueva progenie manda”... Si nosotros somos tan perversos que provocamos guerras atómicas, habrá un día en que vivirá sobre la faz de la Tierra una humanidad pacífica, una humanidad llena de amor, una humanidad inocente y pura, una humanidad bella y sabia.

Me parece que este planeta ha salido de entre la Conciencia de eso que llamamos “Dios”, de lo Inefable, pero hasta ahora hemos marchado por el camino de la perversidad y tendremos que perecer; pero habrán “cielos nuevos y tierras nuevas”, como dijo Pedro en su “Epístola a los Romanos”, y en ellas vivirá una humanidad nueva.

Haciendo reconsideraciones sobre todos estos principios, bien vale la pena que luchemos nosotros por una transformación radical, bien vale la pena que establezcamos dentro de nosotros un nuevo orden. No nos conocemos a sí mismos y necesitamos conocernos; dentro de nosotros hay maravillas que desconocemos.

Alguien me decía el otro día: “Yo sí me conozco a mí mismo, señor”. “Me alegra –le respondí- que usted se conozca a sí mismo, pero contésteme usted la siguiente pregunta: ¿cuántos átomos tiene un pelo de su bigote?” Al hacerle esta pregunta guardó silencio. Luego dijo: “Es que”... y por último exclamó: ¡Eso sí no lo se!” Le dije: “Si usted no conoce ni siquiera cuántos átomos hay en un pelo de su bigote, ¿cómo es que se atreve usted a decir, con gran énfasis, que se conoce a sí mismo en forma íntegra, unitotal?” El hombre quedó confundido...

En nosotros hay algo más que cuerpo físico; existe una psicología que hay que estudiar. El cuerpo físico no es todo; ustedes se sienten atraídos hacia lo físico, hasta admiten que tienen un cuerpo de carne y hueso porque lo pueden tocar, porque lo pueden palpar, pero difícilmente aceptan que tienen una psicología, porque esto sí que no lo pueden palpar físicamente. Cuando alguien admite que tiene su propia idiosincrasia psicológica particular, individual, de hecho comienza a auto-observarse. Obviamente cuando alguien se auto-observa, comienza a ser diferente a los demás, da las posibilidades de cambiar.

De entre toda esta humanidad habrá de ser salvado un núcleo de gentes, de gentes que cambien, de gentes que logren con anticipación un cambio psicológico. Tales gentes serán asistidas y llevadas a cierto lugar del Pacífico, y desde allí podrán contemplar el duelo del agua y del fuego durante siglos. Y al fin, cuando surjan tierras nuevas del fondo de los mares, esas gentes que hayan cambiado podrán vivir en paz, convertirse en el núcleo de una futura humanidad. Pero necesitamos cambiar y no podríamos cambiar si no nos auto-observamos psicológicamente.

Por eso dije que cuando alguien comienza a auto-observarse psicológicamente da esperanzas de cambiar, se vuelve una persona diferente. Necesitamos auto-observarnos en el pensar, en el sentir y en el obrar. Me parece que no es delito la auto-observación psicológica, me parece que no es delito intentar un cambio psicológico. Dentro de nosotros mismos, dentro de nuestra persona, existen los factores de la discordia que producen guerras en el mundo.

Mucho se habla sobre la paz por estos tiempos. Mussolini decía: “La paz es un ramo de olivo que pende del filo de once millones de bayonetas” –vean ustedes esa clase de palabras, de consejos-. ¿Y en qué quedó el Duce Mussolini? Allá lo colgaron de una gasolinera y le aplicaron la famosa pena esa de la “vendetta” italiana, le dieron de puños y de patadas, y por último cayó el cadáver al suelo. Alguien por ahí, un ciudadano bastante sádico, mirando el cadáver del Duce entre el lodo exclamó: “¡El Duce se ha vuelto un cerdo!”

Así que, la paz no es cuestión de propaganda, ni de apaciguamientos, ni de ONU, ni de ejércitos pro-paz, etc. Recuerden ustedes que la ONU ha enviado también ejércitos que han ido a pelear por la paz. ¿Creen ustedes que pelear por la paz es paz? Ustedes mismos son testigos de que la ONU dispone de un ejército y que estos han atacado a otras fuerzas, que han bombardeado, que han empuñado el fusil. ¿Creen ustedes que así se trabaja por la paz? En el mundo habrán guerras mientras dentro de nosotros existan los factores que producen guerras.

El temor es uno de los principales motivos del armamento mundial. Si un hombre teme a otro hombre se arma, carga pistola. ¿Por qué? Porque le teme; si no le temiera no se armaría. Si una nación se arma hasta los dientes, si adquiere bombas atómicas, cañones ultramodernos, etc., es porque teme que la invadan, teme que otra nación le ataque. El miedo hace cometer muchas injusticias; un hombre mata a otro por miedo, el miedo a la vida hace que muchos se metan a ladrones, el miedo a perecer de hambre hace que muchas mujeres se prostituyan. De manera que mientras existan los factores del miedo, del temor dentro de nosotros, tienen que haber guerras, prostituciones, robos, asesinatos, etc., etc., etc.

Si queremos luchar por la paz debemos acabar con los factores que producen guerras; el temor es uno de ellos. Si queremos nosotros paz, acabemos con el egoísmo. Cada uno de nosotros dice: primero Yo, segundo Yo y tercero Yo”. Si se proyecta ese egoísmo mundialmente, si las naciones dicen “primero Yo, segundo Yo y tercero Yo”, habrán encuentros por intereses entre país y país y se desatará la guerra.

Así, pues, la paz no es cuestión de apaciguamientos, ni de propagandas, ni de ejércitos de paz, ni de ONU, ni de UNESCO, ni de OEA. Mientras dentro de nosotros existan los factores que producen guerras, en el mundo habrán guerras. La paz es una sustancia atómica inefable que está más allá del bien y del mal, y que viene del Espacio Abstracto Absoluto.

Es necesario que nosotros nos auto-exploremos en estos momentos de crisis mundial y de bancarrota de todos los principios; es necesario que nosotros nos auto-observemos psicológicamente en estos instantes en que la Tierra está convulsionada por tantos y tantos terremotos; es necesario que reflexionemos sobre nuestra posición actual, sobre lo que somos, sobre lo que proyectamos, sobre nuestro pensar, sobre nuestro sentir, sobre nuestro obrar.

Hay una psicología que tiene cada uno de nosotros y esto no es cuestión de creer o de no creer sino de observar. Existe en nosotros la ira que nos conduce a la locura; la codicia y no solamente codiciamos sino que algunos que se las echan de “santos” codician no ser codiciosos. Existe en nosotros la lujuria que nos convierte en verdaderas bestias; la envidia que se ha convertido en el resorte de la acción social, porque si vemos a otro que tiene un lindo carro ultramoderno y flamante, le envidiamos y deseamos tener otro carro como ese, o aún mejor, y si vemos que un amigo de nosotros ha comprado una linda casa y tiene allí viviendo una bella esposa, nosotros le envidiamos y deseamos tener una casa mejor que la de ese amigo, y si nosotros queremos echarnos de virtuosos afirmamos: “no, yo no codicio, me contento con lo que tengo pan, abrigo y refugio y eso es todo”, aunque por dentro arda en el deseo de conquistar fama, honores, prestigio, dinero, etc., etc., etc.

El orgullo nos está corroyendo el corazón, cada uno de nosotros tiene su orgullo particular, individual, nos queremos demasiado a sí mismos y eso es gravísimo; perezosos los hay muchos, glotones por montones, pero nosotros no somos perezosos ni glotones, somos muy “santitos”. La cruda realidad de los hechos es que dentro de sí mismos tenemos valores negativos que nos conducen al fracaso, y esto en instantes de crisis mundial y bancarrota de todos los principios, en momentos precisos en que se acerca la tercera guerra mundial.

Yo digo que cada uno de los defectos psicológicos que tenemos en nuestro interior es como un demonio o como una entidad tenebrosa. Cuando uno lee los Cuatro Evangelios encuentra un Versículo donde se afirma, en forma enfática, que el Gran Kabir Jesús de Nazareth, el Cristo, arrojó del cuerpo de María Magdalena siete demonios he ahí los siete pecados capitales. Si se multiplicasen por otros siete y otros tantos miles de sietes más, entonces lo que el Gran Kabir arrojó del cuerpo de la Magdalena fue una legión. Virgilio, el poeta de Mantúa, dijo: “Aunque tuviésemos mil lenguas para hablar y paladar de acero, no alcanzaríamos a enumerar todos nuestros defectos cabalmente”.

Así, pues, el Evangelio Crístico tiene razón cuando afirma que cada uno de nosotros es legión. Si afirmásemos en forma clara y precisa- que el “Yo” no es algo individual, sino que constituye una pluralidad, no estaríamos exagerando la cuestión. Dentro de cada persona existe un “Yo” pluralizado, existe el “Yo envidio”, el “Yo amo”, el “Yo odio”, el “Yo tengo rencor”, el “Yo tengo lujuria”, el “Yo tengo egoísmo”, etc., etc., etc. Toda esa multiplicidad de “Yoes” existe dentro de nosotros mismos, aquí y ahora.

Estamos hablando en el terreno psicológico revolucionario, estamos afirmando que dentro de nosotros existen múltiples entidades psicológicas, y eso está debidamente patentizado, está debidamente documentado por las contradicciones que tenemos en nuestra mente: tan pronto estamos afirmando como negando, nuestra mente es mente veleta, nunca sostenemos lo mismo. Así, pues, ¿de dónde vienen las contradicciones psicológicas? El cerebro no es más que el instrumento de la mente, pero no es la mente; está hecho para transmitir el pensamiento, pero no es el pensamiento. Así, pues, pensemos más a fondo: ¿de dónde devienen las contradicciones psicológicas? Obviamente de la pluralidad del “Yo”.

Si dijéramos que cada uno de nuestros “Yoes” posee los tres cerebros: intelectual, emocional y motor, no exageraríamos. En otros términos diríamos que dentro de cada persona viven muchas personas psicológicas. También diríamos que así como existe el espacio este, el tridimensional de Euclides, existe también el espacio psicológico. No hay duda que toda esa multiplicidad de personas psicológicas que en nosotros mora, es una realidad dentro del espacio psicológico.

Sin embargo los sentidos físicos no son capaces de percibir el espacio psicológico, más hay otro sentido: el sentido de la auto-observación psicológica, que sí puede percibir tal espacio. Desgraciadamente el sentido de la auto-observación psicológica está atrofiado, más conforme nosotros nos auto-observemos de instante en instante, de momento en momento, podremos desarrollar tal sentido. Cuando eso sea, la multiplicidad del “Yo” será una realidad para nosotros, la veremos, y también percibiremos inteligentemente el espacio psicológico.

Cada uno de nosotros es legión, tenemos la Conciencia demasiado dormida; el humanoide intelectual no es capaz de ver y tocar o palpar las grandes realidades del espacio psicológico. Necesitamos despertar Conciencia, porque la Conciencia de nosotros está embotellada, embutida entre todos esos “Yoes” que en su conjunto constituyen el “mi mismo”, el “Yo mismo”, el “sí mismo. Necesitamos desintegrar esos “Yoes” que personifican nuestros errores, y eso es posible mediante la auto-observación psicológica.

Es en el terreno de la vida práctica, en la fábrica o en la oficina, en la calle o en el mercado, o donde sea, donde podemos auto-descubrirnos. En relación con la gente los defectos que llevamos escondidos afloran espontáneamente, y si estamos alertas y vigilantes como el vigía en época de guerra, entonces los vemos. Defecto descubierto debe ser enjuiciado severamente a través del análisis superlativo del Ser; defecto descubierto debe ser estudiado y posteriormente desintegrado.

No hay duda que la mente no puede alterar radicalmente ningún defecto; la mente puede justificar tal o cual error, cambiarlo o pasarlo de un departamento a otro del entendimiento, justificarlo o condenarlo, pero jamás desintegrarlo. Necesitamos de un poder que sea superior a la mente, capaz de aniquilar cualquier defecto. Afortunadamente tal poder se haya latente en el fondo de la anatomía humana. Quiero referirme, en forma enfática, a la Signatura Astral del Sexo, quiero referirme a Dios-Madre, al Principio-Amor, al Eterno Femenino Divinal; quiero referirme en forma clara a la Divina Madre Kundalini-Shakti, a Stella Maris o la Virgen del Mar, a Tonantzin, Rea, María, Cibeles, Adonia, Insoberta, Diana, etc.

Dios-Madre subyace en las profundidades de nuestro propio Ser, es un poder flamígero que solamente el psicólogo avanzado puede percibir con el sentido de la auto-observación psicológica. Si se apela a ese poder ígneo o Divinal –que es una variante de nuestro mismísimo Ser- podríamos desintegrar perfectamente cualquier defecto psicológico que previamente hayamos comprendido en todos los niveles de la mente. Bastaría clamar como clama un niño a su madre cuando tiene hambre o tiene sed, bastaría suplicar a Devi Kundalini-Shakti que desintegrara cualquier “Yo-Defecto” previamente comprendido.

Así éste quedaría reducido a polvareda cósmica, a cenizas, y la Conciencia enfrascada, metida entre tal “Yo-Defecto”, sería liberada. Por ese camino podríamos desintegrar todos los “Yoes-Defectos” y liberar la totalidad de la Conciencia Superlativa del Ser. Una Conciencia liberada, emancipada, es capaz de ver y tocar o palpar las grandes realidades del espacio psicológico; una Conciencia liberada está más allá de la mente y puede perfectamente descubrir la realidad de todos los fenómenos que se suceden en el Universo.

Quiero que ustedes sepan que hay tres clases de mentes. A la primera podríamos denominarla “Mente Sensual”. Ésta elabora sus conceptos de contenido con las percepciones sensoriales externas, nada sabe sobre el espacio psicológico, nada sabe sobre lo Real, sobre Dios, etc. Don Enmanuel Kant, el filósofo de Konisberg, escribió una obra titulada “La Crítica de la Razón Pura”; el pensamiento kantiano –con todos sus silogismos, prosilogismos, esilogismos, etc.- es formidable. Don Enmanuel Kant, con “La Crítica de la Razón Pura”, demostró al mundo que la Mente Sensual nada puede saber sobre lo Real, sobre la Verdad, sobre Dios, etc., pues elabora sus conceptos de contenido con las percepciones sensoriales externas y por lo tanto sobre la Verdad no puede saber nada.

Hay una segunda mente; quiero referirme a la Mente Intermedia. Allí están depositados todos los dogmas, las creencias religiosas, etc. Cada cual es muy libre de creer lo que quiera; nosotros los gnósticos en modo alguno nos pronunciaríamos contra las creencias ajenas, sabemos respetar la religión y las religiones porque consideramos que las religiones son como perlas preciosas engarzadas en el hilo de oro de la Divinidad, pero las creencias tampoco son percepción directa de la Verdad. El Sol existiría si creemos en él o no creemos, la Tierra girará alrededor del Astro-Rey aunque no creamos, el fuego nos quemará el dedo cada vez lo metamos entre la llama aunque no creamos. Así, pues, lo que un hombre crea o deje de creer no es la Verdad.

Más allá de la Mente Intermedia está la Mente Interior. Si la Mente Sensual funciona con base precisamente en las percepciones sensoriales externas, la Mente Interior funciona con los resortes precisos de la Conciencia Superlativa y Trascendental del Ser. Así, pues, la Conciencia despierta puede conocer los fenómenos de la Naturaleza en forma directa, completa, unitotal, y luego entregar esos datos a la Mente Interior. La Mente Interior, con los datos de la Conciencia Superlativa del Ser, conoce lo Real, conoce los Misterios de la Vida y de la Muerte, conoce el origen de la vida, descubre eso que la Mente Sensorial ignora, sabe de dónde venimos, para dónde vamos, cuál es el objeto de la existencia, etc.

La Mente Sensual no puede conocer los fenómenos de la Naturaleza en sí mismos. Vemos aquí una flor –por ejemplo un clavel-. La Mente Sensual dice: “es un clavel”, pero ¿quién nos dijo que éste era el nombre de esa flor? Nos lo enseñaron en la escuela, nos lo enseñaron en la casa, nos lo enseñaron las gentes, ¿pero a nosotros nos consta –acaso- que ese sea el verdadero nombre de esta flor? Nos lo enseñaron, sí, ¿pero qué autoridad tienen los que nos lo enseñaron para ponerle un nombre a esa flor? ¿Cuál sería su verdadero nombre? ¿Somos acaso los amos de la Sabiduría Universal para saber cuál es el nombre que el Divino Arquitecto ha puesto a esa flor? Con la Mente Interior todo cambia, y decimos: “el verdadero nombre de esta flor es tal o cual, sus componentes son tales o cuales”...

En el colegio, en la escuela o en la universidad se nos puede entregar la fórmula química de esa flor y entonces nosotros vemos, en esa flor, la fórmula que nos metieron en la memoria, pero no estamos viendo la flor; estamos viendo el nombre que nos enseñaron, pero no estamos viendo su verdadero nombre; estamos poniendo en la flor lo que aprendimos en la escuela, en el colegio, en la universidad, pero no estamos viendo la flor. Verla es diferente; tenemos que “abrirnos a lo nuevo” para que la flor nos hable, tenemos que conocerla, tenemos que colocarnos en un estado receptivo, pero nosotros somos orgullosos, nos creemos más grandes que la flor, la llamamos de tal manera y decimos: “un clavel, y su fórmula química es tal” porque nos lo enseñaron en la escuela, pero estamos viendo lo que nos enseñaron en la escuela, no estamos viendo la flor.

La Conciencia sí puede ver la flor, conocer su real nombre en el Cosmos, conocer sus verdaderos funcionalismos y sus reales elementos. La Conciencia puede pasar esos datos a la Mente Interior y la Mente Interior puede comprenderlos.

Hoy por hoy con nuestra Mente Sensual lo único que hacemos nosotros -en verdad- es proyectar nuestras propias ideas y conceptos sobre los fenómenos. Nadie puede aprehender con la Mente Sensual los fenómenos de la Naturaleza y del Cosmos, porque la vida fluye incesantemente y cuando nosotros queremos retenerla aunque sea por un instante la matamos. Sólo con la Conciencia despierta expresándose a través de la Mente Interior, podremos conocer los fenómenos en sí mismos, aquí y ahora. Samael Aun Weor

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