Capítulo 1º Quimera o Realidad de la ALQUIMIA

Todo parte de un caos que ha de organizarse: los fuegos sexuales incontrolados devoran la naturaleza humana, dejándola estéril e inservible para toda manifestación de tipo superior. Los valores religiosos brillan por su ausencia. Las virtudes morales son tomadas como retrógradas, etc...

Y en la oposición al reinante materialismo, dentro de éste caos, se mueve opaca la gracia Divina. Decepcionados y defraudados por no poder convertir el plomo en oro, muchos avaros y codiciosos abandonaron la práctica de esta divina ciencia, desacreditándola e incluso ridiculizando a todo aquel que se atreviera a trabajar con su Athanor. 

Es así como lo confirma “El Cosmopolita”, pues en su época se les tomaba por locos. Hoy en día considerarse alquimista, también es ser un extemporáneo, rebelde de la mecanizada vida urbana. Por lo tanto, es oponerse a las mentes sensuales, por lo que también se recomienda discreción, aunque la mentalidad sea más abierta.

Así nos comenta Fulcanelli en su libro “las Moradas Filosófales”. La alquimia tan sólo es oscura porque está oculta. Los filósofos que quisieron transmitir a la posteridad la exposición de su doctrina y el fruto de sus trabajos, se cuidaron de divulgar el arte presentándolo bajo una forma común, a fin de que el profano no pudiera hacer mal uso de él.

También, por su dificultad de comprensión, por el misterio de sus enigmas y por la opacidad de sus parábolas, la ciencia se ha visto relegada entre las ensoñaciones, las ilusiones y las quimeras. Tomar medidas herméticas, para proseguir con el trabajo alquímico en el anonimato fue una regla de oro que cumplieron a rajatabla los alquimistas que sopesaron la inmortalidad por sus logros. 

Confundiendo así, a los adulteradores, a los profanadores de la Obra Divina, y dejándola a buen recaudo de las mentes egoístas, codiciosas y perversas. El ignorante la califica de absurda, pero ésta ciencia hermética e ignorada, guarda en sus entrañas la finalidad más real y veraz que podamos imaginar.

Tan es así, que podemos comparar la finalidad del trabajo alquímico similar, al de la rosa que perfuma a quien se le acerca. En unos textos atribuidos a Zósimo correspondientes al siglo III y a la doctrina del Antrhopos, encontramos una relación entre el hijo de Dios y el arte Sacerdotal que dice:

“Si meditaste y viviste en la sociedad humana, verás que el hijo de Dios se convirtió en todo por amor de las santas almas; para arrancarlas del dominio del destino y llevarlas al de lo incorpóreo; mira cómo se convirtió en todo, Dios, ángel y hombre capaz de sufrimientos. En efecto, como es capaz de todo, puede convertirse en todo lo que quiere, y obedece al Padre, penetrando en todo cuerpo e iluminando el espíritu de toda alma, e incitó (al espíritu) para que lo siguiera hacia lo alto, al lugar santo, donde él moraba ya antes del nacimiento de lo corpóreo, pues conserva de él la nostalgia y se hace guiar hacia esa luz.”

El Padre que está en secreto, nuestro Padre espiritual, nuestra Divinidad, ha sabido esconder estos misterios a los indignos y se los ha entregado a los “niños”. En el evangelio según San Mateo, C. XI, V.25 podemos leer: Por aquel tiempo exclamó Jesús diciendo: “Yo te glorifico, Padre mío, Señor del cielo y tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas, a los sabios y prudentes del siglo, y las has revelado a los pequeñuelos. 

El término de niño o pequeñuelo no lo debemos interpretar literalmente, sino más bien, es utilizado para describir a la inocencia y concretamente a quien la ha conquistado con su propio esfuerzo. Quien ha sido iniciado en su segundo nacimiento por propios méritos. Este nacimiento es espiritual; resultado de la unión del fuego y del agua. “Dejad que los niños (iniciados) vengan a mí” dijo el Cristo Todos tenemos un padre y una madre física, de la misma manera, tenemos un Padre y una Madre espiritual, que forman parte de nuestra realidad Divina. Debemos recuperar al niño interno que confía en sus Padres.

Nuestro Padre que está en secreto nos guía y nos ayuda a levantarnos, mientras que nuestra Madre nos limpia de todos nuestros defectos, yoes o agregados psicológicos, permitiendo que vayamos muriendo a la materia y naciendo para el Espíritu. El trabajo alquímico es la vía para llegar a nuestro Ser, Padre o Dios íntimo y Sagrado, pero con el auxilio de IOD HE VAU HE, designado como “JEHOVA”, esa fuerza maravillosa de los dos géneros.

Muchos buscadores, se han perdido en el laberinto del error, se han dejado llevar por discusiones ambiguas, por charlas intrascendentes, que les han alejado más y más del sendero de la luz. En algunos casos, se conformaron con simples cuentos o relatos, más o menos entretenidos, sin trascendencia objetiva. Pero la alquimia, en su teoría y práctica, nos entrega experiencias reales sin divagaciones.

Quizás podríamos estar interesados en el arte alquímico, como un fin para beneficiarnos materialmente, más no es éste su objetivo. Servir a Dios es la más noble tarea que el hombre puede realizar, y esto se consigue en el trabajo alquímico. Así lo testimonian quienes trabajaron forjando la naturaleza solar... Anne y Daniel Meurois-Givaudan, profesores de letras modernas, relatan su experiencia en su libro de "Shambhala": “No separéis ya lo velado de lo revelado y haced compartir lo único. Nuestro primer deseo es que los hombres dejen de desunir y, sobre todo, que quienes creen saber, dejen de construir escuelas en el sentido restringido del término. Se acercan los años en que la copa del Grial de la humanidad empezará a difundir su néctar sobre la esfera terrestre.”

La antigua leyenda germánica muestra al sacerdote Titurel oficiando en el Templo de Montsalvat (Monserrat) con el Santo Grial y confiando su custodia a los doce caballeros templarios. El Grial y las crateras sagradas de todas las religiones, representan el órgano femenino de la generación y corresponde al vaso cosmogónico de Platón, a la copa de Hermes y de Salomón y la urna de los antiguos misterios. El Gardal de los egipcios es, pues, la clave del Grial... En ese Gardal conservaban los sacerdotes el fuego material, como las Sacerdotisas el fuego celeste de Ptah. Para los iniciados de Isis, el Gardal era el jeroglífico del fuego Divino. El Gardal contiene el vino eucarístico, licor de fuego espiritual, licor vegetativo, vivo y vivificante...

Don Mario Roso de Luna, el insigne escritor teosófico, dice: Las vestiduras de los caballeros del Grial y de sus escuderos son túnicas y mantos blancos, semejantes a las de los templarios, pero en vez de la roja Tau de éstos, ostentan una paloma en vuelo cernido en las armas y bordada en los mantos. El sabio ya ha elegido y su acercamiento a Dios es a todas luces su objetivo primordial. Mientras que el necio, aquel quien viendo no ve, ni quien escuchando no oye, de seguro que se apartará más y más del camino recto. Triste fin aguarda a las almas que caen en tan grave error, así Dante escribe: Ay de vosotras, ánimas malvadas, no esperéis nunca contemplar el cielo.

Es por eso que se hace muy importante alejarnos del lodo del materialismo, no debemos perder nuestro objetivo que es nuestro Ser. No debemos extraviarnos por culpa del estiércol del consumismo. La rosa nace del fango, es decir, transmuta lo grosero en sutil. Sigamos la pauta de las rosáceas, transmutando lo que de grosero hay en nosotros, y llegaremos a lo más delicado y puro de nuestra naturaleza. Si de una quimera o fantasía se tratase la alquimia, no hubiera perdurado hasta nuestros días, más bien se hubiese desvanecido en el tiempo y hoy sería un dato histórico. Pero ésta ciencia transmutatoria, sigue siendo la realidad de antaño, presente y futura, que aguarda a ser descubierta por aquellas almas anhelantes de felicidad, que busquen en sus entrañas, en su cueva oscura, en su alma, para extraer el más puro oro refinado, que ningún químico sensualista podrá jamás conocer.

Lamentablemente las fuerzas lunares de nuestra naturaleza humana, se oponen constantemente, para que el buscador, no solo no encuentre, sino para obnubilar la veta de oro, que hay dentro de nosotros, en espera de ser explotada. El Bhagavad-Gita en su C.3, texto 39 dice lo siguiente:  Así, la conciencia pura del Ser viviente está cubierta por su enemigo eterno en la forma de la lujuria, la cual nunca se satisface y arde como fuego. Y añade en su texto 41: Por lo tanto, ¡Oh Arjuna, el mejor de los Bharatas! Refrena desde el mismo principio a este gran símbolo del pecado (la lujuria) mediante la regulación de los sentidos, y mata a este destructor del conocimiento y la autorrealización. Esas fuerzas siniestras que cargamos en nuestras psiquis, hacen que a la Realidad Objetiva (ejemplo a seguir de los Maestros alquimistas una vez concluida la Gran Obra1) la veamos como quimera, pero la ilusión o “realidad” subjetiva, ilusión es, y por lo tanto si sabemos trascender esa ilusión o sueño, podremos llegar a convertirnos en alquimistas, transformando el plomo en oro...

Siendo la realidad objetiva una e inconfundible, no obstante, se hace ciertamente difícil encontrarla, si antes no hemos sido guiados en el camino correcto. Si queremos llegar a eso que hoy desconocemos, tendremos que ir por donde desconocemos, puesto que lo conocido es un círculo con sus subidas y bajadas, que nos mantienen constantemente en una repetición de nuestras vidas, pero sin salir del área que mentalmente hemos creado y que por lo mismo, nos parece lo único válido, ignorando otras opciones que son más reales que la propia vida tridimensional. Ya San Juan de la Cruz en su Monte Carmelo dice: (...) Para venir a lo que no gustas has de ir por donde no gustas. Para venir a lo que no sabes has de ir por donde no sabes. Para venir a poseer lo que no posees has de ir por donde no posees. Para venir a lo que no eres has de ir por donde no eres. (...)

Necesitamos despertar de nuestro sueño hipnótico, para poder evidenciar, comprender y tomar conciencia de las otras dimensiones o planos de la naturaleza. Incluso también, tomar conciencia de otros amigos, que aguardan a que despertemos, para así poder hacernos partícipes de los secretos que el gran Arcano guarda en su interior. Como indica la frase que se mantenía en el umbral de la casa de un alquimista. “Dulce es la vida si se la sigue bien. Ya sea en primavera o en invierno, bajo blanca nieve o ramas verdes, cuando verdaderos amigos nos la hacen vivir. Así, aquí todos tienen aquí su sitio, tanto los viejos como también los jóvenes.” Es el dragón, la poderosa fuerza a la que debemos enfrentarnos; pues guarda y protege la puerta que nos permitirá pasar al templo, en cuyo interior, permanecen por siglos el conocimiento y la mística de todas las formas religiosas. 

Es el mismo dragón al que tantos caballeros medievales se enfrentaron, para poder rescatar a su adorada dama. Los cuentos e historias de caballería, escuderos, castillos encantados, etc., fueron entonces, el medio de difusión de las bondades de la alquimia. Una leyenda china cuenta del sabio alquimista Hujumsin, elevado a la categoría de dios tras su muerte, que habiendo matado a un dragón horrible que asolaba el país, ató el monstruo a una columna. Es exactamente lo que hizo Jasón en el bosque de Etes, y Cydiani en su narración alegórica de “Hermes Develado”.

La verdad es siempre semejante así misma que se expresa con la ayuda de medios y ficciones análogas. Siempre es un dragón el encargado de la custodia de los tesoros. Vela por las manzanas de oro de las Hespérides y por el Vellocino suspendido de la Cólquida. Los Filósofos (alquimistas) lo han pintado con la imagen del dragón negro cubierto de escamas rojas, al que los chinos llaman lung. El dragón (símbolo del cuerpo primitivo), es el animal alquímico por excelencia, que, con sus tres cabezas, muestra los tres elementos básicos del compost; sal, azufre y mercurio. Nicolás Flamel nos habla de los dragones herméticos; uno halado (el monstruo de hocico de liebre) y el otro, áptero (el gnomo del torso velludo) Contempla bien esos dos dragones, (nos dice el adepto) pues son los verdaderos principios de la sabiduría... 

Por todos es sabido que los dragones despiden fuego por su boca, éste elemento ígneo, es imprescindible en el laboratorio, mantener un dominio sobre el fuego, es básico. Hay que vencer al dragón para llegar a un final feliz y convertirse el caballero alquimista en hermafrodita, dominando a las más bajas pasiones. Solo así, se puede portar como tocado, la corona de la victoria, la que ostenta quien es rey de su propia naturaleza.

El dragón hace alusión también al hijo de Saturno, corporeizado bajo el azufre arsenical. Monstruo hermético cubierto de escamas, sierpe alada con cabeza cornuda que vomita fuego, y patas con garras. Este animal, en unos provoca pánico, mientras que en otros es señal inequívoca de que ha llegado a su primer encuentro con el enemigo oculto. Lo cual significa que su recorrido es certero y la oposición a vencer es la idónea, ya que el dragón es quien contiene la más pura semilla, que una vez cultivada de manera correcta, nos permitirá disfrutar de los frutos del Edén.

En sus enfrentamientos, contra el temido reptil alado, tanto San Jorge como San Miguel, nos muestran cómo pudieron vencerlo. Siendo San Jorge quien con un certero golpe de espada, pudo arrebatar de las fauces del dragón a la princesa. Todos estos combates hay que verlos de manera figurada, ya que el lenguaje de los trabajadores de la Gran Obra, es simbólico y se opera de manera oculta. Los combates hacen alusión a los instintos pasionales sexuales, que el alquimista debe dominar hasta someterlos completamente.

La perspectiva de este trabajo es bien distinta a la que nos puede ofrecer quien nunca se enfrentó a sus pasiones sexuales. De nada sirve estar enfrascado en una idea subjetiva, de lo que puede ser o no, el trabajo del alquimista, si no nos abocamos a realizarlo. Necesitamos, lanzarnos con todas nuestras armas a conquistar la corona de la victoria, y mantenernos firmes sobre la piedra cúbica perfecta, viviendo así la realidad más sorprendente que ser humano haya podido imaginar, siempre escondida bajo el símbolo del dragón. Todos los autores herméticos hablan de un terrible combate entre dos dragones, y la mitología nos enseña que éste fue el origen del atributo de Hermes, que provocó su acuerdo interponiendo su bastón. La estrella de Salomón, es el símbolo de la unión y de la concordia, que es preciso saber cristalizarlo mediante el fuego y el agua.

Siendo el triángulo con el vértice hacia arriba, es el jeroglífico que representa al fuego, y el mismo gráfico invertido, al agua. Ambos superpuestos forman la imagen del astro solar. Marca segura de procreación, así la estrella, significa fijación del sol. Y, de hecho, el signo no se muestra sino después del combate, cuando todo se ha calmado y las primeras efervescencias han cesado, el sello de Salomón, confirma la unión del cielo y de la tierra, es el astro mesiánico anunciador del nacimiento del Rey de Reyes. No seremos los únicos que podamos comprobar la realidad que encierra la estrella de seis puntas.

Antes de nosotros muchos fueron los que pudieron hacerlo, ya que encierra en su seno, el misterio del fuego y del agua, pacificados y en completa armonía. En la fragua alquímica nos preguntamos: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? Son enigmas para la mente sensual, pero también las respuestas recibidas a través de la mente interior, estarán aptas para quien sepa ir más allá del convencionalismo razonativo.

Porque lo que el intelectualismo emite, no es garantía de verdad absoluta. Aquel concepto que se repite dogmáticamente, una y otra vez, por la inmensa mayoría de los hombres, -que duermen entre fantasías, recuerdos, proyecciones-, es tal, que les impide participar del rayo de la Divinidad. El verdadero conocimiento siempre ha sido para “los pocos”. Nunca llegaron los “mesías o salvadores espirituales” para la masa. Más bien se acercaron al hombre humilde o por lo menos, a quien pudo llegar a comprender, que no se es nada, sin la gracia de Dios. Hoy en día y de manera muy distinta a la que se dio en el pasado, se sigue dando este acercamiento a la divinidad. Pero el terrible orgullo hace que solamente se acepte aquello que se es capaz de razonar mediante un intelecto sensual y totalmente intelectivo, fuera de toda virtud espiritual...

La verdad, es siempre recibida con recelo y con miedo. Y más en esta época en que vivimos del Kali Yuga o “Edad de hierro”. Por mismo el ilustre escritor Miguel de Cervantes en su obra iniciática (en general, mal interpretada) “Don Quijote de la Mancha” en su primera parte capítulo XX, hace alusión a éstas edades así: “Sancho amigo, has de saber que yo nací, por querer del cielo, en esta nuestra edad de hierro, para resucitar en ella la de oro, o la dorada, como suele llamarse”.

No debemos quedarnos en el dogma, ni -como antaño- tener miedo a ser anatematizados. La alquimia no se creó para hacernos cambiar de religión, ideas, sentimientos etc., ni para quitarnos nuestras posesiones. La alquimia se creó, como estrecho y único camino que nos permita atravesar la puerta angosta de la iniciación, y así llegar al Hijo, El Cristo Cósmico y poder conocer al Padre.

Para ello, necesitamos estar dispuestos a ver el misterio del sexo, con una mente libre de prejuicios o tabúes, ya que lo que es creado por Dios, nunca puede ser motivo de vergüenza, sino más bien de respeto y exaltación. Es a todas luces la alquimia, el camino secreto, el del doble filo de navaja y única vía para el conocimiento de todos los misterios. En la alquimia hablamos de amor: Platón nos ilustra sobre el amor en sus “Diálogos”:

El amor, como dije al principio, no es de suyo ni bello ni feo. Es bello, si se observan las reglas de la honestidad; y feo, si no se tiene en cuenta estas reglas. Pero un amor consciente, así Sta. Teresa de Jesús añadiría: Y si comienza sobre arena, darán con todo en el suelo (Entendamos la palabra arena como teorías y subconsciencia) Por sus advertencias colegimos que ¡No son teorías lo que necesitamos, sino una guía de trabajo práctica y segura!

Por ello, ha llegado la hora de que los textos de alquimia, no solo vean la luz, sino que lleguen certeros a quien sienta anhelos de trabajar a favor del Padre que está en secreto. Con una manera eficaz, realista y veraz. Dejemos de ver los textos alquímicos como jeroglíficos indescifrables. Hoy en día ya no se habla de manera velada, es el momento de comprender lo que tantos años estuvo oculto. Los tiempos en los que vivimos, apremian, y necesitamos subir al “arca”, para emprender el viaje que nos lleve hasta tierra la fértil, o tierra prometida. Gracias a la develación del Maestro de la Fuerza, Samael Aun Weor, fundador del movimiento Gnóstico contemporáneo, podemos interpretar acertadamente todos los textos alquímicos, y emprender este trabajo de manera correcta y segura. 

Hemos pasado de los libros a los hechos, ya que para nosotros finalizó el tiempo en que el intelectualismo brillaba en el arte. Es pues, el momento de pasar a un trabajo serio y profundo. Todos estamos llamados a realizar la Magna Obra. Los resultados solo dependerán de nuestro amor y determinación, hacia lo más elevado; el Creador de todas las cosas. Raimundo Lulio, quien naciera en Palma de Mallorca (España) en 1233 y muriera lapidado en Bujía (Túnez) en 1315 dice: A causa de la ignorancia los hombres no pueden cumplir la obra...

La develación contemporánea del Maestro Samael, ha hecho que la ignorancia se disipe. Muchos somos los alquimistas que por recurrencia nos volvemos a encontrar en ésta senda del amor, por eso no nos cuesta aceptar sus premisas. Si la memoria nos fuese fiel, quedaríamos atónitos al recordar, que volvemos a retomar lo que antaño dejamos inconcluso. El libro de inspiración China y con una gran influencia del “TAO” “El secreto de la flor de oro” leemos lo siguiente: Cuando uno se pone al trabajo, debe avanzar de lo manifiesto a lo profundo de lo basto a lo fino. Todo depende de que no haya ninguna interrupción. Principio y fin del trabajo deben ser uno. Entre medio hay momentos más fríos y más cálidos, eso es evidente.

Tomás en su evangelio apócrifo gnóstico nos asegura que: Jesús ha dicho: Si conoces lo que está delante de tu vista, te será desvelado lo que está oculto, pues no hay nada secreto que no se manifestará. Meurois-Givandan transmiten el siguiente mensaje: “Comprender bien que a quienes encargamos de hablar en nombre de la Fuerza de Cristos no puede tener más escudo que el amor inconmensurable del todo. Seguramente estimaréis que es una imagen muy gastada, Hermanos, ¡Pero el fuego que la anima es inextinguible por su esencia! Aprended a no alimentar resentimientos hacia quien ejecuta un acto contrario a la evolución luminosa. 

No es a él a quien hay que combatir sino a la fuerza de oscuridad de la cual sólo representa momentáneamente el instrumento, a menudo inconsciente, por impotencia o total ignorancia. Amigos, decidlo bien, la inconsecuencia es lo que alimenta y engruesa la negrura. No se lucha contra hombres sino contra pulsiones que los hacen agitarse como marionetas. La solución reside en la reconversión de la energía que origina esas pulsiones.

Si vuestro amor no sabe operar semejante transmutación, el rayo de la oscuridad resurgirá bajo otras formas quizá más insidiosa. Las lidias verbales y otras demostraciones de poder no os serán de ninguna utilidad. La ofrenda de Amor puro e incondicional bajo su rostro más noble y, finalmente el manejo del verbo verdadero es las únicas fuerzas consoladoras y reparadoras... Escalad vuestra propia montaña. Todos habéis recibido el Grial en herencia. Si estudiamos el libro de los cielos, el zodíaco maravilloso, podemos comprender que la nueva Era de Acuario está gobernada por el signo zodiacal de Acuario, el aguador. La lámina de Acuario representa a una mujer con dos cántaros llenos de agua, ella trata de mezclar inteligentemente las aguas de los dos cántaros; es el símbolo de la alquimia sexual.

Si en Piscis el hombre sólo fue esclavo en el instinto sexual simbolizado por los dos peces entre las aguas de la vida, en Acuario el hombre debe aprender a combinar inteligentemente las aguas de su existencia, debe aprender a transmutar las fuerzas sexuales entre sus gónadas. Acuario está gobernado por Urano, el planeta que rige las funciones sexuales... De esta manera nos lo devela el Maestro Samael Aun Weor, en los misterios del zodíaco. Los 12 elementos o hidrógenos constituyentes de la materia fueron conocidos y usados en el trabajo alquímico como peldaños de ascenso y liberación.

Los Doce peldaños Alquimistas; Primer Peldaño: Putrefacción Las aguas son negras, simbolizadas con el Cuervo Negro. En este primer escalón, el principiante sólo tiene el Mercurio Bruto. Segundo Peldaño: Conjunción Se realizará la unión Del Mercurio y el Azufre. Ahora hay que “cocer y recocer” hasta unir las “naturalezas opuestas”. Tercer Peldaño: Separación En este estadio del trabajo Alquimista, durante la conexión o “Coito Químico”, el yogui y la yoguina deben separar de tan sagrado acto el Azufre venenoso, el fuego bestial del abominable Órgano Kundartiguador y el Mercurio Seco, los “yoes” o defectos psicológicos.

Esto es lo que se llama Refinar el Sacramento del Amor, separando “el humo de las llamas”, “lo sutil de lo espeso”. Cuarto Peldaño: Solución El Mercurio ya ha abandonado el color negro y se ha convertido en una “solución favorable” lista para recibir el Fuego Sagrado; aquí las aguas son amarillas, simbolizadas con el águila amarilla.

Quinto Peldaño: Calcinación El Mercurio recibe el Fuego Sagrado y se convierte en Mercurio Azufrado, o Azufre Mercurial. Sexto Peldaño: Sublimación De aquí en adelante hay que redoblar la vigilancia, cuidando la práctica, a fin de que no aparezca la negrura; es decir, se debe refinar mucho el acto amoroso, con el propósito de sublimar esta naturaleza. Séptimo Peldaño: Cibación Él término “Cibación” en rigurosa Ciencia Alquimista significa que el mercurio Azufrado o Azufre Mercurial empieza a crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser y a darles consistencia.

Octavo Peldaño: Coagulación En esta etapa, el Mercurio Azufrado coagula en nuestra anatomía oculta, bajo la forma de Cuerpos Existenciales: primero el Astral, luego el Mental y más tarde el Causal. Noveno Peldaño: Fermentación. En esta etapa, hay que esperar que fermente el Compuesto, y para que fermente es necesario Morir en sí mismos, pues de lo contrario no es posible quitarle a los Cuerpos él “Oxido Mercurial” los “yoes”. En lenguaje alquimista, a este proceso se le denomina “Fermentación de la Levadura”.

Décimo Peldaño: Exaltación Entre el “augusto silencio de los sabios”, el prodigio se consuma poco a poco y el trabajo recibe su Exaltación, al ser Calificado. Entonces los Cuerpos Existenciales se convierten en Oro Puro. Undécimo Peldaño: Multiplicación Estadio del trabajo Alquimista en el que se adquieren las virtudes de la Piedra Filosofal. El Mercurio Azufrado actúa en el trabajador de la Gran Obra, revelándole cosas inefables, permitiéndole recapitular misterios, etc. 

En otros términos, se activan los poderes de la Piedra Filosofal. Duodécimo Peldaño: Proyección El Mercurio Azufrado puede proyectar su fuerza, es decir, manifestar su poder en cualquier dimensión. Los antiguos Alquimistas proyectaban oro a través de las yemas de sus dedos, y esos átomos quedaban vertidos en agua. Entonces, con un gotero, se dejaban caer gotas de ese compuesto sobre plomo derretido, quedando éste convertido en oro físico. Esta explicación nos lleva a considerar a los trabajos alquímicos vinculados con el micro cosmos hombre. Solo queda, la experiencia directa que nos confiere la libertad y realidad del trabajo sobre sí mismo.

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