Infierno
Con las pesadillas se abren las siete puertas de los infiernos atómicos del bajo vientre y entonces descendemos a los mundos sumergidos.
No está de más en estos instantes recordar el Infierno de Hielo de los Nórdicos, el Infierno Chino con todos sus suplicios amarillos, el Infierno Budhista, el Infierno Mahometano o la "Isla Infernal" de los antiguos pobladores del País de Maralpleicie, cuya civilización hoy ya se oculta entre las arenas del desierto de Gobi.
Incuestionablemente, estos variados Infiernos tradicionales alegorizan, en forma enfática, el Reino Mineral Sumergido.
Recuerde usted, buen amigo, que el Dante encontró a su Infernus entre las entrañas vivientes de la Tierra. Léase "La Divina Comedia". No solamente se develan los misterios, sino que además se entregan las claves prácticas para experimentar directamente la realidad de los mismos ...
Sorprende en esta obra la contundencia y precisión con que son expuestas las ideas se debe tener en cuenta que el libro es la fiel trascripción de una serie de conferencias entregadas entre finales de 1973 y principios de 1974; esto indica el grado de razón objetiva que el maestro Samael Aun Weor, estaba alcanzando por esta época.
Él mismo nos aclara el origen de la exactitud de sus palabras: Jamás utilizaría la palabra, si antes no hubiera verificado con mis poderes concientivos, con las facultades cognoscitivas transcendentales, la verdad de todo lo que estoy afirmando. Me gusta usar términos precisos con el propósito de hacer conocer ideas exactas.
PRIMER CÍRCULO. En el primer círculo está el Limbo. Aquí se encuentran las personas que murieron sin que se les bautizase y todo aquel que nacieron privados de la fe de Cristo; no sufren castigo por algún pecado, pero están privados de la visión de Dios; se dice que hubo algunas excepciones y grandes maestros lograron acceder al Paraíso, a saber, Abraham, Abel, David, entre otros ilustres nombres. Entre los habitantes que moran este lugar, se encuentran Sócrates, Platón, Séneca, Averroes...
SEGUNDO CÍRCULO. El infalible Minos juzga a las almas y les asigna el círculo donde les es deparado penar; si enrolla dos veces su cola, al segundo círculo han de parar. En él sufren los que pecaron de lujuria; a los que en vida se dejaron arrastrar por el amor, ahora una tormenta incesante los arrastra sin poder oponer resistencia, dicha tormenta es un claro contrapeso de la pasíon que les abrumó en vida. En este círculo se encuentran: Cleopatra, Helena, Aquiles, Paris, Tristán, Dido, Francesca y Paolo, entre otros.
TERCER CÍRCULO. Asolan la lluvia y el granizo eterno al tercer círculo del Infierno. Ahí los pecadores se hunden en el fango sin poder salir de él, ¿la causa?, la gula, la envidia y la soberbia que practicaron cuando habitaban la tierra. Para mayor tormento, las tres fauces del can Cerbero les deboran eternamente. Es aquí donde Dante platica con Ciacco sobre las disputas por el poder en Florencia.
CUARTO CÍRCULO. En este lugar penan los avaros, que acumularon posesiones, y los pródigos, que la derrocharon. Eternamente fatigan sus músculos en la tarea de empujar grandes pesos en oro; se dividen en dos grupos, y cuando se encuentran cada uno injuria al otro. El peso en oro es un símbolo de los bienes que acapararon o rechazaron en vida. Guarda este círculo Plutón, rey del Averno.
QUINTO CÍRCULO. Último círculo en el que se verán a los pecadores incontinentes sufrir sus penas; aquí se encuentran los iracundos y los perezosos; los primeros inmersos en el fango de su propia rabia y los segundos sumergidos en el pantano del Estigia.
SEXTO CÍRCULO. Sufren los herejes en este círculo que se encuentra dentro de los muros de la ciudad de Dite; lo protegen las Furias (diosas de la venganza) acompañadas de una gran cantidad de demonios. El castigo para los que cometieron herejía consiste en permanecer eternamente en un sepulcro de llamas. Entre sus habitantes más afamados se encuentra Epicuro, aquel filósofo que negó la supervivencia del alma.
SÉPTIMO CÍRCULO. Séptimo círculo: Al séptimo círculo, custodiado por el Minotauro, se accede después de haber superado los restos de una grieta, provocada por el terremoto que movió la tierra al morir Cristo. Los condenados de los últimos tres círculos son culpables de haber puesto malicia en sus respectivas acciones. Aquí son castigados los violentos en tres giros:
Primer giro: Los violentos contra el prójimo, es decir, los homicidas y los criminales, tiranos, violadores y bandidos. Inmersos en proporciones a su culpa en el Flegetonte, río de sangre hirviente que simboliza la sangre que derramaron en vida. Aquí es castigado Atila entre otros.
Segundo giro: Los violentos contra si mismos: los suicidas, transformados en árboles por querer renunciar a su naturaleza humana y los derrochadores, que en vida destruyeron y desgarraron su sustancia, son desgarrados por perras famélicas.
Tercer giro: Los violentos contra Dios, la naturaleza y el arte: los blasfemos inmóviles bajo una incesante lluvia de fuego, los sodomitas y los prestamistas."
OCTAVO CÍRCULO. Custodiado por Gerión, se castiga a los pecadores que usaron la malicia, pero esta vez en modo fraudulento contra los que no son de confianza los fraudulentos. Está compuesto por diez zanjas:
Primera fosa: En la primera fosa se castiga a los rufianes y a los seductores, es decir, aquellos que sedujeron en nombre de los demás y por cuenta propia.
Segunda fosa: Los aduladores, que se encuentran en excrementos humanos, digno contrapaso por la obscenidad moral de sus pecados.
Tercera fosa: Donde son castigados los simoniacos.
Cuarta fosa: En la cuarta fosa se castiga a los adivinos y a los magos, quienes caminan con la cara distorsionada hacia atrás, en contraste con el pretexto de ver el futuro.
Quinta fosa: La quinta bolgia está compuesta por un lago de brea hirviente en el cual son inmersos los malversadores, aquellos que tomaron provechos ilícitos de sus cargos públicos.
Sexta fosa: En el hoyo sexto son castigados hipócritas que se comprometen a llevar ropa pesada de plomo, en las afueras de oro.
Séptima fosa: Los ladrones son castigados y sometidos a las serpientes con sus manos atadas por serpientes, símbolos de la maldad, haciendo referencia al Génesis.
Octava fosa: Se castiga a los consejeros fraudulentos, que andan encerrados en llamas.
Novena fosa: Los escandalosos, cismáticos y herejes están mutilados por el demonio para volver a abrir sus heridas tan pronto como se cierren.
Décima fosa: Última zanja del octavo círculo se castiga a los falsificadores de cosas, personas, dinero o palabras. Están sufriendo de enfermedades horribles que les deforman, como la lepra."
NOVENO (Y ÚLTIMO). Para los traidores, esta vez, contra los que confían. Antes de llegar a él, hay un pozo rodeado de gigantes, masas brutales e inertes que son sepultados en la tierra, confundidas con torres. Dentro de él hay un pozo de cuatro zonas distintas oprimidas por hielos gruesos, en él se encuentra el constructor de la Torre de Babel que impidió al mundo hablar la misma lengua. En el centro de la Tierra, entre hielos que envuelven las sombras, esta Lucifer con medio cuerpo fuera de la superficie glacial, masticando a Judas como juguete de plástico.
Primera zona: La Caina, después de Caín, que mató primero a su hermano Abel, de hecho, aquí están los traidores castigados familiares, sumergidos en hielo hasta que la cabeza con la cara hacia abajo.
Segunda zona: Antenora, lleva el nombre del troyano Antenor que traicionó a su ciudad: aquí están, de hecho, los traidores y el partido se sumergió en el hielo con la cara hacia arriba.
Tercera zona: Tolomea lleva el nombre del rey egipcio Tolomeo que traicionó a los huéspedes Sexto Pompeyo. Los traidores de los invitados, sumergidos en el hielo con la cabeza echada hacia atrás, para que congele las lágrimas en los ojos, evitando dar rienda suelta a la pena en lágrimas.
Cuarta zona: Giudecca, llamado Judas Iscariote, que traicionó a Jesús, benefactor de la humanidad. Aquí se hallan los traidores de los benefactores, plenamente inmersos en el hielo, pero en diferentes posiciones.
Doctrina Gnóstica de Samael Aun Weor del libro Sí, hay infierno. Sí, hay diablo. Sí hay Karma (Mensaje de Navidad 1973-1974) Dividido en tres partes bien definidas en el título, este libro se convierte en una herramienta muy útil para el investigador esotérico.