Sucesos Jinas

MexicoA fines de la segunda guerra mundial, se dio el caso, en la ciudad de México, de una niña de escasos cinco años, de nombre María, hija de padres de ínfimos recursos económicos.

En una ocasión en que la madre se encontraba enferma, la niña hizo aparecer, delante de tres vecinas, un hermoso ramos de rosas rojas, diciendo que “eran para ponérselas a la Virgen, para que aliviara a su mamá”. El hecho fue muy comentado, en los alrededores y dentro de la vecindad donde vivía.

En otra ocasión, cayendo en un verdadero estado de éxtasis, balbuceando ciertas palabras que sólo ella conocía, hizo aparecer dos gruesas piedras de oro puro, que ayudaron enormemente a mejorar las condiciones de vida de sus padres.

Después de este asombroso suceso, dio muestras de clarividencia y de don profético. En cierta ocasión, un matrimonio la fue a consultar, por enfermedad del señor. Ella se concentró, cerró los ojos, e instantes después apareció entre sus manos un muñeco de trapo con varios alfileres metidos en el cuerpo. Procedió la niña a sacarlos y luego tiró el muñeco en medio de un “conjuro”, en un bracero donde quemaba azufre, sanando definitivamente al hombre embrujado.

Cuando la niña fue creciendo, tuvo el poder de curar mediante pases magnéticos, teniendo largas “colas” de enfermos que demandaban ayuda y consuelo, y a los cuales sanaba. Pero cuando llegó a tener quince años y se fue interesando por las cosas mundanas, poco a poco degeneraron sus costumbres, hasta convertirse en un ser humano común y corriente.

P.- ¿Me podría usted decir, venerable Maestro, cómo se explican ese tipo de casos.

R.- Esta pregunta resulta, ciertamente, muy interesante, y bien vale la pena contestarla. Obviamente, aquella niña estaba dotada de poderes Jinas, e incuestionablemente, podía hacer aportes: traer rosas, pasarlas del Mundo Astral al mundo físico, hacer venir, desde distancias, objetos como ese tal muñeco con alfileres, etc.

Resulta patente y manifiesto el hecho concreto de que, cuando se interesó por las cosas materiales, cuando se alejó de la espiritualidad trascendente, perdió sus poderes. Me viene a la memoria, en estos instantes, el caso del enigmático y poderoso Conde Cagliostro.

Cuentan viejas tradiciones que al salir Cagliostro de la prisión de “La Bastilla”, en París, donde estaba preso por el caso aquel del “collar de la reina”, que produjo tanto escándalo, celebró un banquete extraordinario. Francia entera se conmovió, cuando conoció el episodio de este festín. Notorio fue para los convidados, que el conde Cagliostro poseía, ciertamente, poderes formidables.

La mesa del festín deslumbraba con el oro, la plata y el esplendor de los invitados. Sin embargo, algunos puestos estaban vacíos, pero las viandas servidas. De pronto, algo extraordinario sucede: los puestos vacíos fueron ocupados por personajes que hacía tiempo habían muerto, y los invitados, todos, se llenaron de espanto; más, viendo la serenidad del conde Cagliostro, hubieron de controlarse a sí mismos para comer y beber ante los espectros que sonreían en el banquete; este hecho se comentó en todo París.

Está completamente demostrado que Cagliostro poseía poderes Jinas extraordinarios, pues podía sacar a los difuntos de su Mundo, el Astral para hacerlos venir al mundo físico, y esto es claramente asombroso.

Cuentan por ahí que en otra ocasión, el conde visitó a una familia pobre con el propósito de cenar con esta. Aquella gente se avergonzó un poco, debido a que no poseían ninguna hermosa vajilla, ni cubiertos, ni vasos como para atender a tan rico personaje, en forma decorosa. Cagliostro, comprendiendo todo esto, en presencia de los anfitriones sacó del Mundo Astral una riquísima vajilla de oro puro, vasos preciosos y cubiertos magníficos, y luego pidió con humildad que se sirviera el banquete. Todos los asistentes comieron y bebieron, asombrados, usando tan rica vajilla.

Terminado el festín, Cagliostro obsequió la vajilla a esas gentes, con el propósito de que mejoraran su situación económica.

Aquí en México, durante la época de la colonia, sucedió un hecho Jina insólito, inusitado. Se dio el caso de que un soldado filipino, apareció uniformado con el uniforme del ejército de su país, en pleno “Zócalo” de México, D. F. El hombre fue detenido de inmediato, y cuando se le interrogó, sólo pudo responder, asombrado, que ignoraba cómo había salido de su tierra, ignoraba cómo había sido trasladado, instantáneamente, a esta ciudad de México, y daba datos sobre acontecimientos que habían sucedido en su país en la víspera, el día anterior a su captura.

Investigaciones que se hicieron, confirmaron exactamente todos los datos dados por aquel soldado. En aquella época no existían aviones ni naves que pudieran transportar a cualquier pasajero, desde Filipinas a México, en pocas horas.

Esto, notablemente fue motivo más que suficiente como para que la “Inquisición” católica interviniera, inevitablemente. Cuentan las tradiciones que ese pobre hombre fue juzgado. No sabemos todavía, si se le quemó en la hoguera, o si solo se le encarceló y se le torturó.

A mí me sucedió otro caso extraordinario. Después de haber puesto mi cuerpo físico en estado de Jinas, de acuerdo con los métodos y procedimientos que a todos vosotros os he enseñado, suspendido en la atmósfera del mundo volé sobre algunas regiones de Sudamérica. De pronto, pasando por encima de una hacienda, me sentí atraído por una fuerza magnética, muy especial, hacia la casa de aquella finca.

Al poner pie en el suelo, pude verificar el hecho concreto de que ciertos vecinos, trabajadores de aquella propiedad, rezaban ardientemente, conjurándome, creían, aquellas ingenuas criaturas, que yo posiblemente, sería algún brujo y es obvio que anhelaban eliminarme, destruirme.

Ya en tierra, los vi avanzar sobre mi insignificante persona, empuñando machetes, mirándome con una ira terrible. Vi un cuarto, aparte, y en él me metí, amparándome tras una mesa. Luego, dando algunos pasos hacia atrás, choqué con una barda o pared. En esos instantes, alcanzaron a golpearme con un palo, hiriéndome en un brazo, más yo hice un gran esfuerzo y metí mi cuerpo dentro de la Cuarta Dimensión. Luego atravesé aquella barda, que ya no fue para mí obstáculo alguno, y flotando en el ambiente regresé nuevamente a mi casa.

Varios días duré con el brazo inflamado, más al fin sanó definitivamente.

P.- Nos podría explicar, Maestro, ¿cómo fue posible que flotando usted dentro de la Cuarta Dimensión, lo vieran aquellos campesinos y cayera en la Tercera Dimensión?

R.- Amigos míos: quiero que ustedes sepan que no en todo tiempo la atmósfera se encuentra en las mismas condiciones. Hay instantes cósmicos especiales, determinados por la radiación de los planetas, durante los cuales objetos y cosas “Jinas” suelen hacerse visibles y tangibles, ante las gentes del mundo físico tridimensional.

Este es mi caso, y entonces es obvio que fui visto por aquellos campesinos, que como quiera que poseen una fe extraordinaria en todos su ritos y oraciones, fácilmente pudieron hacerme descender a aquel lugar. ¿Entendido?

P.- ¿Cómo hizo usted para regresar otra vez a la Cuarta Dimensión y poder así escapar de los campesinos?

R.- Amigos míos: quiero que sepan que en esos instantes, mi cuerpo físico estaba totalmente saturado con las radiaciones del Mundo Astral. Obviamente, sólo me faltaba hacer un gran esfuerzo de voluntad para reingresar a la Cuarta Dimensión. Como quiera que este caso eran tan grave, tenía que hacerlo y lo hice, con magníficos resultados; eso es todo.

En estos momentos surge, en mi memoria, el recuerdo de la mulata de Córdoba, en Veracruz. Esta era una mujer extraordinaria del Estado de Veracruz, México. La “Inquisición” le siguió juicio por “bruja y hechicera”. Ella permaneció serena e impasible, ante esos acusadores y calumniadores.

Se le encerró en un cruel calabozo, y en la madrugada del día fijado para su ejecución, entraron en su calabozo los gendarmes. Estos se quedaron atónitos, asombrados, al verla muy alegre y vestida como para ir a una fiesta.

¿”Cómo ¡Deberías estar vestida de luto, preparándote para la muerte, pues has de saber que vas a la hoguera, donde serás quemada viva con leña verdad y fuego lento, sin derramamiento de sangre”. La mulata respondió, serenamente: “Todavía hay tiempo, señores; cálmense un poco. Ante todo quiero que ustedes vean cómo sé pintar en el muro”.

Luego, tomando un “gis” trozo de tiza con su mano derecha, pintó ante ellos, en la barda, un barco con sus velas, amarras, etc. Dirigiéndose posteriormente a sus guardianes, les interrogó diciendo: ¿Qué les parece este dibujo?” Ellos respondieron:

“Como dibujo, está muy bien; sólo que a ese barco le falta la tripulación”. “Eso no es problema contestó la mulata, ahora mismo se la voy a pintar. Observen, vean”. Al dirigir ellos nuevamente la vista hacia el barco, pudieron ver entonces a la mulata allí, entre ese dibujo, despidiéndose alegremente de ellos, diciéndoles “adiós, adiós, adiós”. Y cuando, atónitos y confundidos, miraron al lugar que antes ella ocupara dentro del calabozo, espantados vieron que aquella mujer había desaparecido.

Así fue como la mulata de Córdoba se burló de la Inquisición, mis queridos amigos.

No hay duda que algo similar tuvo que haber sucedido con el conde Cagliostro, pues todos los datos que se han dado sobre su muerte en un calabozo de la “Inquisición”, resultan manifiestamente contradictorios. Nosotros, los gnósticos, sabemos que el conde Cagliostro todavía vive con el mismo cuerpo físico que tuvo en los siglos XVI, XVII y XVIII, etc. En nombre de la verdad tengo que decirles que yo soy amigo personal del conde Cagliostro y que le conozco muy bien. Samael Aun Weor “Mirando al Misterio” Cap. 18.

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