La edad de oro

La edad de oroProfetas como Nostradamus, Isaías, Daniel o San Malaquías entre muchos otros, han advertido a la Humanidad a través de los tiempos, con la intención de que su actitud cambie.

Sin embargo, el ser humano falto de valores y profundamente dormido, no ha escuchado estos sabios consejos.Cuando el V.M. Samael Aun Weor, logró el grado de “adepto calificado” se le mostraron los días apocalípticos con el mismo objetivo: Impulsar a las conciencias al despertar.

Cuenta el Venerable que la recepción recibida fue muy solemne. Que entre aquellos insignes seres, había de todas las razas y culturas, pero que reinaba una seriedad magistral entre ellos.

Aunque el amor consciente brilla en todo ser autorrealizado, en los “dictámenes proféticos” no hay sonrisas. El drama mundial es terrible y los acontecimientos dolorosos son de obligado cumplimiento. Ley es Ley y la Ley se cumple.

Pero como paliativo compasivo de los males que nos acechan, llegó a nuestro auxilio la doctrina gnóstica y la posibilidad de formar parte del Ejército de Salvación mundial que debe ser, el núcleo de la futura raza.

Nuestro Avatara, tiene capacidad ejecutiva para conectar o desconectar a personas o grupos que no se alineen con la praxis doctrinaria. El objetivo fundamental es preparar a personas capaces de vencerse a sí mismos.

En su momento, el pueblo será sacado “de entre el humo y la llamas” y llevado a un lugar seguro para que siga trabajando en los tres factores de la revolución de la conciencia. Será testigo de grandes acontecimientos que le impulsaran con mayor ahínco en su trabajo, porque en la Edad de Oro que se avecina, no puede haber ego. Solo una persona con ego, haría fracasar este ciclo.

En la Edad de Oro, no habrá fronteras, será una tierra regenerada, como lo indica el símbolo del “toro alado” del evangelio solar de San Lucas. Ya estamos cerca, el tiempo ha llegado; hay que perseverar y triunfar.

Así definió Cervantes a la edad de oro: “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados (…) los que en ella vivían ignoraban  estas dos palabras de tuyo y mío (…) eran todas las cosas comunes (…) Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían”

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