Capítulo 4º El Arte

El arte en general, es un procedimiento creativo. El “Arte de Amor”, es un procedimiento creativo alquímico, fue Artegio quien escribió el libro secreto acerca del arte oculto y de la Piedra filosofal. Petrus Toletanus, hermano de Arnoldo de Villanova, célebre médico y filósofo, escribió en el siglo XIII, el tratado de Rosarium Philosophorum, donde expresa: “Haz del hombre y de la mujer un círculo redondo, extrae de él un cuadrado, y un triángulo de éste.

Haz redondo el círculo, y recibirás la piedra filosofal". Este arte no requiere más que de la piedra. Se encuentra en la naturaleza generatriz de ambos géneros, por lo que es llamada “Arte agrícola”, pues se trata de trabajar en la naturaleza viva labrado la propia tierra filosofal. “Arte de Amor”.

Lamentablemente a la palabra “Amor” se la ha tratado con demasiada ambigüedad, ya que, en estos tiempos materialistas, a la vulgar unión sexual la consideramos amor, pero no todo lo hacemos con amor. Sin embargo, que distinto significado adquiere para un Maestro del Arte esta palabra, tan mal usada en muchos casos, despreciada e infravalorada.

Así nos habla sobre el Amor el M. Samael Aun Weor: El amor comienza con un destello de simpatía, Sé substancializa con la fuerza del cariño y Se sintetiza en adoración... Un matrimonio perfecto es la unión de dos seres, Uno que ama más, y otro que ama mejor; El amor es la mejor religión asequible. Y añade Hermes Trismegisto, El tres veces grande: Te doy amor en el cual está contenido todo el Sumun de la Sabiduría.

Tenemos en nuestro sistema solar de Ors el sol que nos alumbra. Ésta estrella, con la que estamos familiarizados, nos proporciona vida, luz y calor, sin ella nada en la naturaleza podría existir. De la misma manera, nos es familiar la luna, satélite terrestre, la cual tiene influencia sobre humanos, animales, plantas y mares. La estrella y su satélite; sol y luna, son dos astros completamente distintos, pero complementarios ya que uno reina durante el día y el otro, en la noche.

Curiosamente, en la mayoría de los dibujos alquímicos encontramos representados a estos dos astros, que en su silencio hacen alusión a los polos opuestos. He aquí la misma enseñanza hermética de todos los tiempos: “Es imposible operar creativamente en el arcano sagrado sin el consorcio del sol y de la luna”. Pero ¿cómo puede ser posible si a todas luces ellos, son opuestos? He ahí el misterioso don del artista

El arte del alquimista, su fin y objetivo es lograr, que los opuestos se reconcilien fusionándose, para así cristalizar en un solo cosmos u orden de mundos que graviten en armonía. Estos dos astros simbolizan, al hombre y a la mujer. Opuestos completamente, como el sol y la luna, tanto en su Psicología como en su morfología, no obstante deben transitar en concordia.

Es aquí donde podemos comprobar, que los símbolos alquímicos guardan unas enseñanzas, claras y concisas. En el libro titulado “La gloria del mundo” de Roberto Valensis, se puede leer ésta gran verdad: “El sol y la luna deben copular como un hombre y una mujer, pues de otro modo no puede conseguirse nuestro Arte, y toda otra enseñanza al respecto es falsa y errónea”. Pero hay quien viendo no ve y oyendo no oye, mientras pasan los siglos por el animal intelectual y éste permanece ciego y sordo. Es triste hacer estas afirmaciones, pero sentimos que es más triste la negación del ser humano por el despertar de su sueño, donde voluntariamente atrapado en la ilusión, consume la divina vida, volviéndola común y corriente...

Raimundo Lulio en el siglo XIII escribió lo siguiente: Y así como Jesucristo, de la estirpe de David, asumió voluntariamente la naturaleza humana para liberar y redimir a los hombres, prisioneros en el pecado a causa de la desobediencia de Adán, así también en nuestro Arte, lo que ha sido mandado por uno es absuelto, lavado y liberado de esa mácula por otro, su contrario. Tanto el hombre como la mujer deben llegar a formar una pareja complementaria.

Hay que saber perdonar los errores. Hay que tener presente, que la unión marital, no ha sido concebida para fornicar o disfrutar solo de un placer carnal, sino para que (entre los dos) se vayan creando los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. Solo ellos, nos permitirán, a través del arte alquímico, nacer a una nueva vida trascendental, dentro de la misma vida terrenal.

El nacimiento segundo es un nacimiento espiritual y ése fenómeno se consigue trabajando hombre y mujer, sol y luna, alquímicamente. “Al” quiere decir Dios; y “quimia” trabajo; por lo tanto, la alquimia es un trabajo para Dios. Tal es el nombre bajo el que se cobijaba entre los árabes, el arte sagrado o sacerdotal. Arte que habían heredado de los egipcios y que el Occidente medieval debía más tarde acoger con tanto entusiasmo. Si bien es cierto que en nuestro caos psicológico, se encuentran los instintos más bestiales, y en tal naturaleza y en semejantes condiciones, no es posible vivir una vida espiritual plena, de experiencias reales, es también por eso comprensible que San Pablo, (Corintios, C. XV; V., del 34 al 50) dijera: Lo primero es lo animal y lo segundo lo espiritual. ...

Teniendo presentes las palabras de San Pablo, nos proponemos edificar nuestra obra desde nuestra nadidad insignificante, en la negación de nosotros mismos como pordioseros a las puertas del Templo de la Ley. Por medio de Su Misericordia tendremos la posibilidad de edificar sobre la piedra o roca. Que ésta sea la base de nuestras obras, que se cimiente de manera firme y que nada ni nadie puedan destruir lo levantado a favor del Ser.

San Pedro detenta las llaves del Paraíso, aunque una sola basta para asegurar el acceso a la morada celeste, es necesario el par. La llave primera se desdobla, en dos símbolos entrecruzados, uno de plata y el otro de oro. Constituyen, con el trirreme, las armas del soberano pontífice, heredero del trono de San Pedro. La cruz del Hijo del hombre reflejada en las llaves del Apóstol, revela a los hombres de buena voluntad los arcanos de la ciencia universal y los tesoros del arte hermético. Ella sola permite a quien posee su sentido abrir la puerta del jardín cerrado de las Hespérides y tomar, sin miedo para su salvación, la Rosa del Adeptado.

Todo trabajo alquímico se debe convertir en un arte constantemente refinado y sublimado, ya que, si no realizamos el trabajo con el esmero del artífice, no será posible hacer de la piedra grosera una piedra útil. Siempre el fuego debe permanecer vivo, pero no tanto que produzca un incendio y arrase cuanto encuentre malogrando el compost. Ni tan poco activo que no consuma la escoria depositada en el matraz. Mientras que nuestra propia naturaleza siga fabricando el mercurio común, seguiremos dentro del engranaje de lo que llamamos vida animal-humana.

Fabricar el mercurio de los sabios es una labor bien distinta. Esto implica realizar una producción artística, donde nos separamos de lo vulgar para unirnos con lo delicado y sutil. Este arte está, hoy por hoy olvidado completamente por el animal intelectual. El ser humano en su fuero más íntimo, clama por la exaltación de sus principios espirituales; pero se ha perdido entre el borrascoso mar de la existencia y su memoria le es infiel.

Desconoce cómo recuperar esos principios vinculados a la Gran Obra del Padre porque vendió su propia primogenitura por un plato de lentejas. Regresar al arte de los filósofos es necesario para que se empiece a expresar nuestra naturaleza interna, diametralmente opuesta a las creaciones evolutivas e involutivas de la mecánica natural. Hoy podemos decir que somos el producto de nuestros miedos y de nuestras apetencias desordenadas. Somos como chacales, devorando la carroña de la vida efímera, engolosinados de dulces e ilusos sentimientos... El autoengaño nos hace vernos en el peldaño más elevado de la civilización. Amargos sueños de grandeza son los que nos inundan, elucubraciones saturadas de ignorada panacea...

Los alquimistas, aquellos que supieron trabajar en el arte de los metales, nos dicen que, en la vida sensorial, no es oro todo lo que reluce y que es la densidad del plomo la que nos impide elevarnos hacia las alturas espirituales. Y como al árbol se le conoce por su fruto, Melchior, da seguidamente una paráfrasis del himno Mariano: “Salud a ti, oh hermoso fulgor del cielo, luz radiante del mundo; aquí te unes con la Luna, surge la cinta de Marte y la conjunción de Mercurio.

Sobre todo, de estos tres, nace en el lecho del río, en virtud del magisterio del arte, el poderoso gigante a quien buscan millares, millares de veces, después que estos tres se disuelven en sí mismos, no en agua de lluvia, sino en agua mercurial, en esa goma nuestra bendita que se disuelve por medio de sí misma y que se llama esperma de los filósofos. Entonces procura él rápidamente unirse amorosamente con la virginal novia y fecundarla en el baño con mesurado fuego.

Pero la virgen no queda grávida inmediatamente si no se la besa en frecuente abrazo. Luego lo recibe en su cuerpo y así nace el embrión portador de fortuna, y esto de acuerdo con el orden de la naturaleza. Después, en el fondo del vaso, aparece el fuerte etíope quemado, calcinado, descolorido y totalmente muerto y sin vida.

El etíope pide ser sepultado, bañado con su propio líquido y calcinado lentamente, hasta que vuelva a surgir del intenso fuego en resplandeciente figura... ¡He aquí una maravillosa reconstitución o renovación del etíope! En virtud del baño del renacimiento, él se da un nuevo nombre que los filósofos llaman azufre natural y su hijo, que es el Lapis Philosophorum. Ved, es una cosa, una raíz, una esencia a la que nada exterior se agrega, pero a la cual se le quita mucho de lo superfluo mediante el magisterio del arte... Es el tesoro de los tesoros, el supremo elixir filosófico, el misterio celeste de los antiguos. Bienaventurado el que lo encuentra.

El que lo vio escribe y habla abiertamente y yo sé que el suyo es un testimonio verdadero. ¡Sea loado Dios por toda la eternidad! Sin la develación gnóstica del Venerable Maestro Samael, esta loa quedaría en puros enigmas, enigmas y más enigmas. Todos los metales se relacionan con el Uno y todos guardan la estrecha relación de una verdad inconmensurable. Palabras llenas de sabiduría para mostrar el camino del nacimiento segundo, tan anhelado por el artista esotérico. Cuerpo volátil, incontrolado y frágil eres, pero en el trabajo con el fuego y el agua pasarás a ser fuerte y consistente; natural como el aire que no se ve, pero que se siente su presencia vivificante. El artista debe ser humilde y serio, reservado y prudente. No debe buscar la fama ni la gloria del mundo: Tal es el caso de Leriche, humilde maestro herrador. Adepto ignorado y poseedor de la gema hermética.

Este hombre de bien, de una excepcional modestia, hubiera quedado desconocido para siempre si Cambriel no se hubiera tomado la molestia de nombrarlo, contando con detalle cómo se las arregló para reanimar al lionés Candy, joven de 18 años al que una crisis letárgica iba a llevarse en 1774. Leriche nos muestra lo que debe ser el verdadero sabio y de qué manera debe vivir. Si todos los rosacruces se hubieran mantenido en esa reserva prudente, si hubieran observado la misma discreción, no tendríamos que deplorar la pérdida de tantos artistas de calidad arrastrados por un celo malsano, una confianza ciega o empujados por la irresistible necesidad de atraer la atención. Arte o bello arte, así es considerado el trabajo alquímico. El material no es tosco, ni es áspero, sino delicado y suave. La torpeza por parte del artista se paga muy cara, ya que queda paralizada la obra.

La brusquedad en el trabajo no es propia del artista, sino del animal egocéntrico que hay que dominar. Ese descomunal ego es la bestia halada, representada por el dragón que cae bajo el pie de San Miguel Arcángel o de San Jorge. No se puede concebir a una persona grosera en este trabajo, no es posible. Hay que convertirse en delicado adorador, donde el esmero hacia la Obra implique un cambio total de nuestra naturaleza animal.

El individuo irracional, brutal, no es el candidato idóneo llamado a convertirse en artista del nacimiento segundo, a no ser que haya un cambio total de su naturaleza, y que prime su verdadera esencia espiritual, aquella que anhela profundamente unirse a lo Inmutable, erradicando sus bajas pasiones. Se dice que para el indigno todas las puertas permanecen cerradas menos una, la del arrepentimiento. Solo mediante el arrepentimiento tienen que nacer en nuestra conciencia, los valores del Ser. Los valores del Ser son diferentes al del individuo, estos, están relacionados con los objetivos de la vida sensual.

A quien solo le interese hacer dinero, tendrá sus valores depositados en cuestiones económicas. A quien tenga su anhelo en el conocimiento, buscará la manera para encontrar las claves del arte alquímico, que le permitan activar la maquinaria humana externa e interna. El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu de la doctrina dice a los hijos del arte, acerca del Adán terrestre y del Adán celeste al que aluden los filósofos con las siguientes palabras: “Cuando hayas obtenido agua de la tierra, aire del agua, fuego del aire, tierra del fuego, poseerás perfecta y completamente nuestro arte”.

El arte alquímico nos permite activar las fuentes de energía que están en nuestra escondida naturaleza para poseer el susodicho arte. Esa naturaleza que es metafísica y por lo mismo no puede ser vista con los ojos de la carne, pero sí mediante la experiencia directa de la conciencia. Se requieren, facultades que sobrepasen a nuestros sentidos ordinarios, para poder vivenciar cuanto nos promete el arte alquímico.

El ser humano, así como todo tipo de animales y de seres vivos, mantiene en su cuerpo ciertas energías que le permiten seguir, no solo viviendo, sino siendo copartícipe del engranaje de la Naturaleza, que es de manifestación cósmica. Es el animal intelectual, quien utiliza y canaliza la energía cósmica de mayor poder. En su energía creadora está la semilla solar, con la que podemos, hombres y mujeres, formar una nueva vida física y espiritual.

El hombre es por tanto la creación más completa de la naturaleza, ya que reúne en sus tres cerebros (intelectual, emocional y motor) todos los elementos con los que se pueden hacer una obra distinta, a la del reino animal irracional. Sobre esto Krisnha anuncia: “Todos los estados de existencia (ya sean en la bondad, la pasión o la ignorancia) se manifiestan mediante Mi energía. En un sentido Yo soy todo, pero soy independiente. Yo no estoy bajo las modalidades de esta naturaleza material.” (Bhagavad Gita, texto 12, C.7)

Solo el animal intelectual puede, en un momento dado, utilizar su capacidad creativa, para pensar, sentir y actuar, de acuerdo a la filosofía hermética. Esto es justamente lo que hace al individuo, ser el único artífice capaz de realizar la obra alquímica que le permitirá llegar hasta las Jerarquías Superiores. En el pasado a la alquimia, los codiciosos le concedieron el valor exclusivo de fabricar oro y plata material. Esta fue una manera velada de entregar el “modus operandi” de la práctica alquímica por los adeptos, ya que bajo esta afirmación se escondía el cambio de nuestra personalidad lunar (plata) a una personalidad solar (oro).

Es un hecho que nuestra naturaleza interna está en peligro, degradada y atrofiada, semejante a la externa contaminada, polucionada. Sin embargo, sí le concedemos su valor intrínseco, es posible que de ser tierra estéril (para la autorrealización), pase a convertirse en tierra fértil o materia óptima para el arte. La tierra que es cuidada, aquella que se le trata con esmero, que se abona, aquella donde se arrancan de raíz las malas yerbas, aquella donde se riega con mesura, la que fue protegida de los abrojos, de los vientos fríos e inundaciones, no puede ser olvidada, ni entregada a la pasividad por quien conoce los secretos de la naturaleza, para una buena cosecha.

El agricultor del arte, es llamado a trabajar en su propia tierra filosofal. Tierra donde debe hacer que broten los frutos del árbol de la Ciencia del bien y del mal. En el pasado nos alimentamos del fruto del mal, y ahora con nuestro trabajo, hemos de cultivar los frutos del bien para obtener una buena cosecha. Ello requiere de una alimentación continuada siempre del mismo vaso.

Si realizamos nuestro trabajo alquímico, cambiando de vaso, sin la autorización de nuestro Padre que está en secreto, (nuestro Real Ser) procederemos a adulterar nuestras energías, y por lo tanto, el resultado del trabajo será una cosecha amorfa. Los frutos de la tierra que han sido injertados o adulterados, no producen resultados válidos. Pues nuestra obra sería la consecuencia de un arte subjetivo, surrealista y fantasioso, lejos del verdadero objetivo alquímico, que busca la Obra más real y bella en el arte del amor, también llamada “Fusión mística”. En nuestro arte las palabras también tienen su poder.

Han de ser equilibradas, medidas y pesadas con suma delicadeza, ya que de lo contrario es muy probable que se desate un pavoroso incendio y destruya el trabajo realizado con anterioridad. Por las palabras inarmónicas, las aguas perderían su buen cauce y realizarían estragos por donde pasaran, dejando al alquimista, su Obra hundida en su caos.

Las palabras armoniosas y el “Arte de música”, son paralelas. La designación más gráfica, se encuentra en distintas edificaciones medievales, principalmente en catedrales, así como en casas ilustres, iglesias, hospitales, etc., Músicos, partituras o instrumentos musicales sirvieron de mediadores para la difusión en imágenes del Arte Sagrado.

Capítulo 1º Quimera o Realidad                 Capítulo 2º El Elegido                   Capítulo 3º La Voluntad y la Paciencia              Capítulo 5º La iniciación                Capítulo 6º El Alimento           Capítulo 7º La Medicina de Dios                   Capítulo 8º “Los colores”               Capítulo. 9º “El Regreso al Paraíso”                   Introducción a Cómo y para qué ser Alquimista

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