Meditación para calmar la mente inquieta

MeditarLa meditación es una excelente herramienta para calmar la mente inquieta. La meditación reduce el ajetreo incesante de la mente. De hecho, concentrarse en la respiración es mucho más fácil de lo que parece y permite tener una conciencia más profunda de la tranquilidad. 

Con la práctica y la persistencia se puede desarrollar la capacidad de encontrar esa tranquilidad a través de la meditación sin importar lo que está pasando alrededor. Aprender a meditar te permitirá calmar tu mente en el trabajo, en el transporte público, en una situación estresante en cualquier lugar o en medio de cualquier ambiente ajetreado.

«Se trata simplemente de sentarse silenciosamente, observando los pensamientos pasando a través de ti. Simplemente observando, no interfiriendo, no juzgando, porque el momento en que juzgas, has perdido la pura observación. El momento en que dices ‘esto es bueno, esto es malo, has saltado en el proceso de pensamiento»

Primeros pasos para meditar Cuando nos adentramos en el mundo de la meditación descubrimos que es muy amplio. Existen muchos tipos de meditación, desde la calma mental hasta la meditación basada en el amor y la compasión. Para aquietar la mente lo ideal es practicar una meditación llamada Samatha, que significa, calma mental. De hecho, el mindfulness nace de la meditación Samatha.

Para aprender un poco a aquietar «la mente del mono» podemos seguir los siguientes pasos:

  1. Sentaros en el suelo o en una silla (donde estemos más cómodos).
  2. Espalda recta y barbilla ligeramente hacia abajo.
  3. Manos sobre las piernas.
  4. Dejamos los ojos casi cerrados.
  5. Respiramos profundamente varias veces relajando el cuerpo.
  6. Dejamos de respirar de forma voluntaria y prestamos atención al movimiento abdominal.
  7. Después de unos minutos, llevamos la atención a la entrada y salida del aire por la nariz. Nos centramos en un punto concreto y con cada ciclo de respiración contamos de 1 al 10. Cuando llegamos al 10 dejamos de contar unos segundos y volvemos a empezar.
  8. No juzgar los pensamientos ni para bien ni para mal. Observarlos y dejarlos pasar.
  9. Estar en un lugar silencioso y tranquilo. Al menos cuando empezamos a aprender a meditar.

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