Santiago 1Recordemos por un momento a Santiago, a ese gran Maestro.

Dicen que es el que más se parecía al Gran Kabir Jesús; lo llamaban el “hermano del Señor”, y es obvio que disponía de grandes poderes psíquicos, mágicos. Santiago fue el primero que después de la muerte del Gran Kabir, ofició la Misa Gnóstica en Jerusalén.

Cuentan las tradiciones que tuvo que enfrentarse al mago negro Hermógenes, en Judea. Santiago, como quiera que conociera la alta magia, combatía sabiamente al tenebroso. Si aquél usaba un “sudario” de maravillas, por ejemplo, éste lo usaba para contrarrestarlo, y si Hermógenes usaba el bastón mágico, Santiago usaba otro similar, y al fin derrotó al tenebroso en las tierras de Judea.

Sin embargo, se le consideró “Mago” (y lo era, fuera de toda duda) y fue condenado a muerte. Más algo insólito sucede: se da el caso de que el sarcófago de Santiago se suspendió en los aires, como se dice, y fue transportado a la antigua España.

Cierto es que allí se habla de Santiago de Compostela, y dicen del mismo que “resucitó de entre los muertos y que en aquella tierra fue atacado por los demonios (con figura de toro), por fuego vivo”. En fin, se hablan muchas cosas sobre Santiago.

Nicolás Flamel el gran alquimista medieval, tuvo a Santiago de Compostela como Patrón de la Gran Obra. En el camino de Santiago de Compostela, hay una calle que la llaman “de Santiago”, y también allí hay una caverna que la llaman “la cueva de la salud”.

Por la época en que la gente hace peregrinaciones hacia donde está Santiago de Compostela, por esa misma época se reúnen los alquimistas (en tal cueva), los que están trabajando en la Gran Obra, los que admiran no solamente a Santiago de Compostela (al cual tienen por Patrono Bendito), sino también a JACOBO DE MORAI.

Allí se reúnen siempre, por la época de las peregrinaciones. Así pues, mientras las gentes están rindiendo un culto (exotérico, dijéramos) a Santiago de Compostela, los alquimistas y cabalistas están reunidos en mística asamblea para estudiar La Cábala, la Alquimia y todos los misterios de la Gran Obra.

Vean ustedes los dos aspectos (exotéricos y esotéricos) del Cristianismo. Indubitablemente, todo esto nos invita a la reflexión.

JACOBO DE MORAI, quien fuera quemado vivo durante la Inquisición, es tenido (por aquellos alquimistas y cabalistas que se reúnen en la “cueva de la salud”) en la misma forma que se tiene a Hiram Abiff como el Maestro Secreto que ha de resucitar en cada uno de nos, y a Santiago como el Bendito Patrón de la Gran Obra, y esto es bastante interesante…

La Gran Obra es lo que nos interesa a nosotros realizar, y es (creo, y con toda seguridad, afirmo) lo único para lo cual vale la pena vivir. Lo demás, no tiene la menor importancia.

Dicen que el Patrono Santiago, en Compostela, se aparece a los peregrinos con el sombrero echado hacia arriba, en su mano el bastón (el cual luce el Caduceo de Mercurio), y una concha de tortuga en el pecho, como para simbolizar a la Estrella Flamígera.

Les aconsejo que se estudien la “Epístola Universal de Santiago”, en la Biblia, indudablemente, es maravillosa, está dirigida a todos aquéllos que trabajamos en la Gran Obra. Dice Santiago que “la fe sin obras, es muerta en sí misma” (nada vale). Dice Santiago que “necesitamos ser misericordiosos”.

Eso es claro, porque si nosotros somos misericordiosos, los Señores del Karma nos juzgarán con misericordia; pero si nosotros somos despiadados, los Señores del Karma nos juzgarán en forma despiadada. Y como quiera que la misericordia tiene más poder que la justicia, es seguro que si somos misericordiosos, podremos eliminar mucho karma (todo esto nos invita a la reflexión).

Dice Santiago que nosotros “tenemos que refrenar la lengua” (aquél que sabe refrenar la lengua, puede refrenar todo el cuerpo), y nos pone como ejemplo el caso del caballo (al caballo se le pone el freno en la boca, en el hocico, y es así como logramos dominarlo, manejarlo). Lo mismo sucedería si nosotros refrenáramos la lengua; nos haríamos dueños de todo nuestro cuerpo.

Dice Santiago: “Mirad también las naves; aunque tan grandes y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón” (que es verdaderamente pequeño, en comparación con el enorme tamaño que tienen los buques).

La lengua es pequeña, si pero, ¡que grandes incendios forma! Se nos enseña, en esa epístola, a no jactarnos jamás de nada. Aquél que es jactancioso de si mismo, de sus obras, de lo que ha hecho, indudablemente es soberbio, pedante, y fracasa en la Gran Obra. El apostol Santiago. Necesitamos humillarnos ante la Divinidad, ser cada día más y más humildes, si es que queremos trabajar en la Gran Obra; no presumir jamás de nada, ser sencillos siempre.

Eso es vital cuando se quiere triunfar en la Gran Obra, en el magnus opus. Samael Aun Weor

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