Dirigir una barca en el submundo

Barca raPrimeramente la piedra es negra, porque el alquimista tiene que entrar en el mundo soterrado para arrancarle la luz a las tinieblas. Entre el negro de la piedra se esconde la blancura inmaculada de la Luz. Esta primera fase de la piedra pertenece al estado de putrefacción.

Después la piedra se enrojece, se licúa y se coagula antes de la verdadera blancura. La piedra pasa por verdaderas transformaciones alquimistas.

Ella se ennegrece, ella se blanquea, se purifica, se adorna de rojo y de blanco, y pasa por innumerables transformaciones durante todo el proceso iniciático.Hay que cocer, cocer y recocer, hasta que aparezca un Niño de Oro. Este es el Cristo Íntimo. Hasta que no seáis como niños, no podréis entrar en el reino de los cielos. Innumerables colores aparecen en nuestra piedra filosofal antes de resplandecer.

Después de la blancura ya no puedes engañarte, porque aumentando el fuego llegarás a un color grisáceo. Esta es la ceniza. Esta es la sal de la alquimia. La sal se divide en sal fija y sal volátil.

Más tarde después de siete destilaciones de la vasija, aparece el rey coronado con la diadema roja. He aquí todos los procesos iniciáticos que debemos realizar en nuestro laboratorio alquimista. Salve, oh tú que transportas la barca sobre la perversa espalda de Apopi. Salve, oh guerrero, que transportas la barca de tu existencia sobre la perversa espalda de Apopi, la serpiente tentadora del Edén. Tenéis que arrancarle la luz a las tinieblas en el mundo soterrado, para que puedas llegar a tu Padre Osiris, el Íntimo, tu real Ser. El alquimista tiene que surcar el lomo maligno de Apopi, la serpiente tentadora del Edén.

El alquimista tiene que arrancarte el fuego al diablo. El alquimista tiene que arrancarle la blancura inmaculada a las tinieblas. Tenéis que practicar magia sexual con la mujer, para que vuestra piedra negra resplandezca con el fuego y se haga luego blanca, inmaculada y pura. Hay que cocer, cocer y recocer, y no cansarse de ello. Con ello queremos decir que hay que practicar la magia sexual intensamente con la mujer, para despertar al Kundalini y lograr la unión con el Íntimo. El Kundalini va subiendo vértebra por vértebra, cañón por cañón, grado por grado, poco a poco. El fuego sagrado es el azufre. El ascenso del Kundalini es lento y difícil.

Cuando el alquimista derrama la materia prima de la Gran Obra, el fuego baja uno o más cañones, según la magnitud de la falta. Nuestro Señor el Cristo, me dijo: El discípulo no debe dejarse caer, porque el discípulo que se deja caer, tiene después que luchar muchísimo para recuperar lo perdido”. Entre las tinieblas los tenebrosos te atacan para impedir que tú entres a las cámaras de tu columna espinal. Cada grado que te ganéis en tu columna espinal es una copa que le robas a los tenebrosos del mundo soterrado.

En la cámara de tu columna espinal comes sabiduría esotérica de los siete panes. Aliméntate hermano mío, con los siete panes ofrecidos a Horus, y comed pasteles sepulcrales ofrecidos a los Kas. ¡Salve! dueño del aguacero, varón, marino”. Aquel que recorre la senda iniciática tiene que vivir el Drama del Calvario, tiene que soportar el aguacero de las gran- des amarguras. “¡Salve! tú que asientas las cabezas y estableces las vértebras del cuello, cuando sales de los cuchillos”.

Siete culebras tenemos que levantar sobre nuestra vara, hasta que aparezca el Rey coronado con la diadema roja. Siete veces tenemos que pasar por el degollamiento de San Juan Bautista. Conforme van pasando las siete serpientes en sucesivo or- den desde las vértebras del cuello hasta la cabeza, vamos pasando en forma cada vez más refinada por el degollamiento de Juan el Bautista.

“¡Salve! tú que asientas las cabezas y estableces las vértebras del cuello, cuando sales de los cuchillos”. Salomé desnuda, ebria de lujuria y de pasión, danzando con la cabeza del Bautista entre sus impúdicos brazos, delante del rey Herodes, simboliza a la gran ramera humana danzando delante del mundo con nuestra cabeza terrenal. El iniciado cada vez que sale de los cuchillos le deja al mundo su mente grosera y terrenal. “¡Salve! tú que asientas las cabezas y estableces las vértebras del cuello, cuando sales de los cuchillos”. Hay que cocer, cocer y recocer, y no cansarse de ello.

La piedra filosofal se vuelve roja, se vuelve blanca, se coagula, se disuelve, brilla, centellea y resplandece en el mundo soterrado. “¡Salve! custodio de la barca oculta, que aherrojas a Apopi”. “Haz que pueda llevar la barca y enrollar los cables y navegar”. ¡Salve guerrero!, que victorioso vences la tentación y le robas las copas de tus vértebras espinales a los habitantes del mundo soterrado.

Trabaja en tu laboratorio hasta que logres llegar hasta tu Padre Osiris. Eres un habitante del mundo soterrado, y debes salir del país de las tinieblas para entrar en el reino de la Luz. Hay que cocer, cocer y recocer, y no cansarse de ello. El mundo soterrado es terrible.“Este país es funesto, y se desequilibraron las estrellas, cayendo de cara, y no hallarán a nadie que las auxiliase a ascender de nuevo”.“

Su ruta está cortada por la lengua de Ra”.Todos los seres humanos somos estrellas caídas en el país funesto del mundo soterrado. La ruta de este país funesto está cortada por la lengua de Ra, por el anhelo hacia la luz, por la senda de la iniciación, que nos conduce de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz.“Antebu es el guía de dos países”. La ascensión del Señor se realiza después de nuestra crucifixión, muerte y resurrección.

Es decir, Atman, el Inefable, constituye el reino de los dioses gracias a sus timones, los seres inefables, aquellos que ya salieron del mundo soterrado, que ya pasaron de las tinieblas a la luz, porque supieron extraerle la blancura a la piedra negra, según arte. Esos son los príncipes de los seres rojos, esos son los príncipes del fuego. Esos son los maestros de transmutaciones metálicas.

“Haz que mi Ju, hermano mío, uenga a mí, y que yo pueda zarpar hacia el sitio que tú conoces”. Es decir, envuélvete en tu brillante capa, hermano mío, en tu capa translúcida, en tu capa espiritual, para que salgas de este país funesto, y entres en la región de la Luz. Tú eres Señor de las tinieblas y Señor de la luz. “Señor de ambos países, que moras en tu altar”. Tú te llamas “ffierna de Hapiu”, porque eres descendiente de la tercera raza.

Tú te llamas “Cabello con el que Anpu concluyó la obra de mi embalsamamiento”. Así te llamas y recordamos que María Magdalena embalsamó con ungüento precioso el cuerpo del Maestro antes de su crucifixión. Las santas mujeres embalsamaron y amortajaron el cuerpo de Cristo después de su muerte. Tenéis que ser embalsamado para la muerte, hermano mío. En cada iniciación muere algo en nosotros y nace algo en nosotros.

Vuestro cuerpo debe ser embalsamado para la muerte, her- mano mío. En el submundo debéis ser amortajado, para que resucitéis de entre los muertos. Es triste decirlo, pero vosotros sois pilares del mundo soterrado. “Sois Akar”, el León de dos cabezas, el dios de la Tierra. Estáis sometidos a los Señores del Karma, a los Leones de la Ley. Ahora necesitáis ser “aquél que trae a la Gran Señora después que se fue”. Necesitáis volver al seno de la Diosa Madre del mundo.

Tú te llamas “Banderola Apuat”, porque vais avanzando por la senda de la iniciación obedeciendo la Ley. “Garganta de Mestha”, porque tienes cabeza de hombre. “Te llamas Nut”, porque saliste de las aguas del abismo. De las profundas aguas del caos saliste. El agua (semen) debe transmutarse en el vino de luz del alquimista. Sois “hechas del pellejo del Toro Mneuis, quemado por Suti”. Los dioses son hijos de Neith, la mujer. Por eso sois hechos del pellejo del Toro Mnevis.

“Sois dedos del primogénito Horus”, el Niño Verde, el Niño de Oro, el Cristo Íntimo, que resulta del trabajo con vuestra piedra bendita. No olvidéis hermano mío que Isis enjuga la sangre del ojo de Horus. Nuestro Cristo Íntimo es acariciado por la mano suave de la bendita Diosa Madre del mundo. Así sanamos de nuestras heridas. La iniciación es el drama doloroso del Calvario. Tienes cabeza de hombre, desciendes de una raza divina, eres una de las criaturas divinas, tienes alas de águila, pero habéis quedado cautivo en este mundo soterrado.

Habéis sido apresado con violencia por los tenebrosos del submundo. ¿Veis lo que trae el Padre? Él te trae la luz. Hay que cocer, cocer y recocer, y no cansarse jamás. Aquel que se hizo a sí mismo es un maestro de transmuta- ciones metálicas. Tú estás al frente de tus gnomos, las criaturas infernales del submundo que te atacan incesantemente. Ten mucho cuidado con tu recipiente para que no se esca- pe ni siquiera una sola gota de la materia prima de la Gran Obra. Terribles tentaciones te asedian en el mundo soterrado. Los magos negros te envían voluptuosas tentadoras de carnes seductoras que te sonríen en el país funesto donde se desequilibran las estrellas cayendo de cara.

Entre el agua está el rayo oculto. Entre el semen relampaguea el fuego terrible de las Siete Serpientes, que se revuelven aterradoramente entre relámpagos terribles. Eres un muslo de Isis, cortado por Ra, y ahora debéis volver a la Diosa Madre, que te aguarda en la sala de Maat. Eres un viajero del Cosmos. Avanza, viajero, avanza, eres el aquilón que brota de Tem, eres el hálito de Ra, el Padre, el Atman eternal. Eres de los que pueden ser vistos. Eres un destructor del dios Aua en la Casa del Agua, porque esta agua o semen cristónico de tus órganos sexuales se transforma en fuego.

Tus dos Uraeus, tus dos serpientes del sur y del norte, brillan en tu frente. Estas dos serpientes son los dos cordones ganglionares por donde la energía seminal sube hasta la cabeza. El agua se transforma en vino de Luz y ese vino sagrado sube por los dos cordones ganglionares y resplandece entre el entrecejo. Los reyes antiguos tenían dos coronas en su cabeza y la serpiente sagrada entre el entrecejo. Estáis en el campo de las cañas, y necesitáis practicar magia sexual intensamente con la mujer, para hacer subir el fuego por la caña.

Estamos ante los seres divinos de Kas espléndidos. Necesitas comer manjares sepulcrales y palabras de dioses para morir. Empero comerás pasteles sepulcrales ofrecidos a los Kas, pero no comerás teorías, religiones, escuelas, etc., porque es abominable. Comed manjares y palabras para morir y para resucitar. “¡Ah! tu muerte ya será dulce, y el que la presencie deberá sentirse enteramente feliz”. “Tu muerte tendrá que ser el sello del juramento de nuestro eterno amor”. “Ra muerte es la corona de todos”. ¡Que la Diosa Isis nos done de panes ante el Gran Dios!

¡Que la Diosa Isis nos alimente con los siete panes ofrecidos a Horus! No permitáis que se destruyan en la región de Mesqet, ni que los demonios se apoderen de sus miembros”. En la cuna de piel renacemos como dioses. Este es el mundo soterrado. Allí nos atacan los demonios tentadores, allí tenemos que realizar la Gran ObraPor ello es que cuando encontramos la negrura de la piedra, debemos extraerle la blancura oculta e inmaculada.

Cuando veáis aparecer la blancura, no debéis olvidar que entre esa blancura se oculta el rojo que hay que extraer cociendo y cociendo y recociendo sin cansarse jamás. Entre los negros abismos del submundo, los tenebrosos nos asaltan, y debemos arrancarles el fuego valerosamente. Más tarde este fuego resplandece en la columna espinal, con una blancura inmaculada. Después de la blancura ya no puedes engañarte, porque aumentando el fuego, llegarás a un color grisáceo. Ese color grisáceo es la sal del alquimista. La sal volátil se difunde por todo el cuerpo, y se trasplanta a la laringe de la mujer.

La sal volátil de la mujer se pasa a la laringe del varón. Así nuestra laringe se torna hermafrodita y se convierte en el órgano creador del maestro de transmutaciones metálicas. La sal fija sirve de base y fundamento. Primero la piedra es negra, porque tenemos que entrar en el submundo a robarle la antorcha de fuego al BafometoLuego es roja, porque le arrancamos el fuego a las cámaras espinales. Luego es blanca, porque resplandece en el candelero de nuestra columna espinal con los blanquísimos esplendores del maestro de transmutaciones metálicas.

Vienen luego sus cambiantes facetas conforme cocemos, cocemos y recocemos la materia prima de la Gran Obra. Son siete destilaciones, es decir, son Siete Serpientes que tenemos que levantar sobre la vara, hasta que aparezca el rey coronado con la diadema roja. Es decir, hasta que nos convirtamos en Maestro del Mahanvantara. Nuestra verdadera comida alquimista está en la ciudad de Pe, es decir, en el Bajo Egipto, nuestros órganos sexuales.

Allí están los Siete Panes, allí están nuestros sagrados pas-teles y nuestra cerveza está en la ciudad en que Thot hace triunfar al Íntimo. Thot es la Mente-Cristo; el Dios Thot es el Dios de la Mente-Cristo. Cuando el hombre se liberta de los cuatro cuerpos del pecado se convierte en Dragón de las cuatro verdades, en un Buddha.

En el campo de las cañas somos dioses inefables cuando hemos hecho la Gran Obra.

Samael Aun Weor del libro  "Tratado de alquimia sexual" CAPÍTULO 5º Capítulo de dirigir una barca en el submundo

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