La via seca y la húmeda
Si ustedes miran el cuadro de La Gioconda verán dos caminos (allá, a lado y lado de la figura central). Uno de esos caminos, es el espiraloide (el de la izquierda) y va al agua; el otro, es un camino más largo: en vez de ir al agua, se interna en un bosque. Allí está la clave. El que entiende cuáles son los dos caminos, sabe muy bien que Leonardo Da Vinci pintó a su Divina Madre Kundalini.
El camino ese espiraloide, que va al agua, es la vía húmeda de la Alquimia. Algunos Iniciados, cuando llegan al estado legítimo de hombres reales, verdaderos, se definen por la senda espiral nirvánica, por la vía húmeda.
Esos se sumergen en el Nirvana, y por allá en eternidades de eternidades, toman cuerpo alguna vez, y pueden tomar cuerpo en cualquier planeta del espacio infinito, para dar un paso adelante. De manera que ellos viven, ante todo, en felicidad, son dichosos. Los otros, los que escogen la vía seca (o sea, la directa), se internan en el bosque de la Alquimia.
Leonardo Da Vinci pinta a su Divina Madre Kundalini, entre los dos caminos: el de la espiral, o sea la vía húmeda, y el de ese otro, el de la directa, que se interna en el bosque de la alquimia. Obviamente, sólo con la ayuda de la Divina Madre Kundalini, puede uno avanzar en cualquiera de las dos vías, sea en la vía húmeda o sea en la vía seca.
Los alquimistas, hablando en lenguaje simbólico o alegórico, dicen que en la vía húmeda el trabajo se puede realizar en 18 meses, y que el trabajo en la vía directa, es decir, en la vía seca, se puede realizar en ocho días. Naturalmente, se está hablando en números simbólicos, pero resulta que, afortunadamente, somos Alquimistas y conocemos el lenguaje de los Alquimistas. Debido a eso podemos afirmar, en forma enfática, que La Gioconda de Leonardo Da Vinci es su propia Madre Divina Kundalini. ¡Y la pintó, sí señor! Esa es La Gioconda.
Samael Aun Weor, extracto correspondiente a la conferencia "Simbolismo de la Gioconda"
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