La sabiduría de la muerte

Sabiduría de la muerteBien, como quiera que me dio resultado formidable el trabajo con la Divina Madre Kundalini, dije: este es el sistema para desintegrar los yoes.

Y seguí trabajando entonces con la Divina Madre Kundalini sobre distintos yoes, es decir, sobre distintos agregados psíquicos, y pude verificar por mí mismo, mediante el sentido de la auto-observación psicológica, cómo ella trabajaba y cómo iba desintegrando tan extraordinariamente los distintos elementos inhumanos que en nuestro interior cargamos. Así que el camino para lograr la desintegración del ego se logra con la Divina Madre Kundalini Shakty».

Yo le repito, Maestro, tal vez si es posible con un ejemplo de su propia vida, de alguna vez, en alguna ocasión, la desintegración de algún defecto, bajo sus procesos de comprensión principalmente, porque ése es el punto que más nos tiene a nosotros “atajados”. Y es lógico que allí ya aparte de esa cuestión nos anima un anhelo terrible a esa juventud de la República Dominicana por luchar, por propagar la Gnosis por todos los cuatro costados de nuestro país.

De todos modos le voy a dejar entonces el micrófono al Venerable Maestro Samael para que nos dé respuesta en eso que se llama la “comprensión absoluta del ego”, eso que no entendemos cuando se dice “aprehender el hondo significado de un defecto”, que es ahí donde estamos “agarrados”. Venerable Maestro, lo dejo.

Bueno, hemos escuchado la palabra de nuestro hermano dominicano y, francamente, sí me ha sorprendido la pregunta... tremendamente; me ha sorprendido por el hecho mismo de que ya escribí tres libros sobre lo mismo: el primero, pues, El misterio del áureo florecer; el segundo con una didáctica exacta sobre la disolución del ego, Tratado de psicología revolucionaria, y el tercero, el que acaba de salir, La gran rebelión. Así pues, que al escuchar esta pregunta, pues... no pude menos de sorprenderme, ¿no? ¿O... es que tal vez los hermanos de la República de Puerto Rico no han conocido estas tres obras? ¿Sí las han conocido?

Venerable Maestro, las obras las hemos estudiado e inclusive sé que muchos de nosotros estamos llevándolas a la práctica, pero hay cuestiones... hay todavía unos hilitos, unos puntos que no logramos captar claramente. Ése es el gran problema, porque, por ejemplo, yo sé hablando, digo, en nombre de todos: hemos trabajado en ciertos defectos, los estudiamos mejor dicho los captamos, tratamos de estudiarlos, tratamos de aprehender el hondo significado; y luego, los que somos casados, los trabajamos con el arcano A.Z.F.

Pero aún queda dentro de nosotros cierta inquietud, cierta... vamos a decir, cierta inseguridad de si estamos trabajando bien o mal esos defectos que ya más o menos hemos estudiado. Queremos que usted nos ilustre con un ejemplo específico, no importa cuál sea, de la desintegración de cualquier defecto. ¡Claro!, y ahora mismo voy a acabar de ilustrarles. Hoy cité parte de una experiencia vívida, pero ahora quiero contestarla o narrarla en forma completa.  Hace muchísimos años atrás en verdad voy a repetir narración y ampliación de lo que ya narré en la reunión que tuvimos aquí hace un rato fracasaba en todas las pruebas en relación con la castidad.

    Sucede que en el mundo físico había logrado completo control de los sentidos y de la mente, en forma tan educada que nunca leía, por ejemplo, una revista pornográfica, jamás observaba un cuadro pornográfico; aprendí a mirar al sexo opuesto desde la cintura hacia arriba, sin detenerme jamás a observar la forma de las pantorrillas o cosas por el estilo que les encanta mirar a los varones tan detenidamente, y... para ser más franco, tan perversamente.

Así que mis sentidos estaban absolutamente educados; pues si ustedes observan la forma como manejo yo la vista se darán cuenta de que está educada. Naturalmente que en estas condiciones, pues, la castidad era absoluta, en cuanto al mundo físico se refiere. Eduqué también la palabra en forma extraordinaria: no dejé fluir en el verbo ninguna palabra lujuriosa o de doble sentido, etc. Y así todo era correcto. Pero en los mundos superiores de conciencia cósmica la cuestión estaba... muy grave, ¡gravísima!

    Me sometieron a pruebas rigurosas de castidad y fallaba, a pesar de todos mis sistemas de controles psicológicos, a pesar de todos mis yudos psicológicos, a pesar de todas mis técnicas. Bastaba con que me pusieran por ahí una escoba vestida con faldas para que inmediatamente le caminara. Así podía ser una pobre vieja bien horrible, no importaba, lo importante era que tuviera faldas. Estaba grave la cosa...

    Me sentí muy triste. Apelé al sistema aquél de Krishnamurti, de comprensión integral y discernimiento: el sistema de meditación era profundo. Trataba de discernir el proceso de la lujuria, el proceso del deseo; quería comprender para poder eliminar, mas todo resultaba inútil. Después de un día de terrible trabajo sobre mí mismo, volví a fallar en las pruebas de la castidad. Por tal motivo sufría espantosamente. No les niego que hasta me disciplinaba rigurosamente. Llegó el punto de llegar hasta a azotarme; ¡sí!, agarrar un látigo y darme yo a mí mismo, ¡a mí mismo!, castigando a la bestia. Pero aquella pobre bestia resultó más fuerte que el látigo, y ni el látigo valía. Así que no me quedó más remedio que... ¡sufrir!

    Bueno, un día de esos tantos, estaba acostado en el suelo en decúbito dorsal, con la cabeza hacia el norte, sumergido en profunda meditación con la intención de poder discernir y comprender el proceso de la lujuria en todos los niveles de la mente. Un sistema completamente krishnamurtiano, mezclado con el sistema aquél terrible, también de monasterio, de llegar hasta azotarme. Me volví flaco y horrible. No tenía relación sexual de ninguna especie, de manera que la abstención era absoluta. En tales condiciones era como para haber salido victorioso en todas las pruebas de castidad, mas todo era inútil.

    Acostado repito como estaba en decúbito dorsal, con la cabeza hacia el norte, en profunda meditación, hubo de acaecerme algo insólito; ¡fue terrible aquello! La concentración se hizo demasiado profunda y entonces abandoné el cuerpo físico. Ya fuera de la forma densa, me vi en un elegante apartamento; no en un templo precisamente, ni en algún monasterio con viejos clérigos flacos y asépticos, ¡nada de eso!: en un elegante apartamento, adorando a una dama, abrazándola ardientemente y cincuenta mil cosas por el estilo. Todo sucedió en segundos.    

Cuando regresé al cuerpo físico me sentí totalmente defraudado, y que me dispense el señor Krishnamurti, que tenga la bondad de dispensarme porque es un maestro; yo no estoy en contra de ningún maestro, pero francamente me sentí defraudado con su sistema; no me dio resultado. Quedé en un estado de confusión, tal vez en el estado en que tú estás ahora en relación con la disolución del ego; así quedé yo, ni para adelante ni para atrás. Total: cero. ¿Qué hacer? La cosa fue grave. No había qué hacer, sencillamente estaba defraudado; todos los sistemas me habían fallado.

    Afortunadamente fui asistido. Al llegar al templo encontré a un guardián de la esfinge; allí estaba, ante la puerta. Me alegré mucho porque lo conozco; es un viejo amigo mío. Mirándome fijamente, dijo: De entre un grupo de hermanos que trabajaron en la novena esfera, y que después de haber trabajado en la novena esfera se presentaron en este templo, tú eres el más adelantado; pero ahora estás estancado.

    ¡Claro, semejantes palabras me llenaron de pavor! Yo luchando por progresar y me sale el guardián con ésas. ¡Válgame Dios y santa María! Y todo por culpa de las pobres viejas.  Entonces le contesté: Bueno, pero... por favor, pues dígame ¿por qué motivo estoy ahora estancado?  Continuó: Porque te falta amor.   Mi sorpresa llegó ya al colmo, pues yo consideraba que estaba amando a la humanidad, y así se lo dije: He escrito libros, trabajo por la humanidad, ¿cómo es eso de que me falta amor? ¿No es acaso por amor que estoy trabajando? Te has olvidado de tu Madre, eres un hijo ingrato y el hijo ingrato no progresa en estos estudios.

    Esto fue peor todavía; ¿yo, un hijo ingrato?, ¿yo, que quería tanto a mi pobre madrecita? ¿Y ahora resulto ingrato?, para colmo de los colmos ¿Y que me haya olvidado de ella? No, yo no me he olvidado, lo que pasó fue que se desencarnó. ¿Y cómo le hago ahora para encontrarla en el mundo físico? Todas esas cosas se me vinieron a la mente.

    Sin embargo, entré al templo y él no me cerró el paso; ya dentro del templo continuó: Te estoy diciendo esto para tu bien, ¡compréndelo!, debes buscar a tu Madre. Bueno  le dije  pero si ella se murió, ¿dónde la voy yo a buscar? ¿Dónde está mi madre?  ¿No te has dado cuenta de lo que te estoy diciendo? continuó el guardián ¿No quieres comprenderlo? ¿Cómo es eso que me preguntas dónde está tu Madre? ¿No sabes acaso dónde está tu Madre? ¿Es posible que un hijo no sepa dónde está su Madre? Pues francamente... no, no sé.  Se lo digo para su bien  respondió Bueno, voy a tratar de comprender qué es lo que tú me quieres decir. 

    Me despedí del guardián. Pasaron algunos días y yo no acertaba a entender esto: ¿cómo es eso que yo busque a mi mamá? Pues si ella se murió y ¿dónde la voy a buscar? Bueno, cincuenta mil conjeturas tenía en mi pobre cerebro, hasta que al fin, un día de ésos tantos, se me encendió por aquí un “foquito” y entonces comprendí. ¡Ah... ya! dije, se refiere el guardián del templo a mi Divina Madre Kundalini: la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes. ¡Ya lo sé! Voy a concentrarme en ella.

    Me acosté otra vez en decúbito dorsal, con la cabeza hacia el norte, el cuerpo relajado, en profunda meditación interior, pero orando a mi Divina Madre Kundalini. Yo oraba, pero de cuando en cuando me surgía la preocupación aquélla: como no vaya a resultar en otro apartamento... ¡Válgame Dios! Así estaba con la preocupación... Y la concentración era cada vez más tremenda. De pronto...

Ella, Devi Kundalini Shakty, me sacó de entre el cuerpo físico y me llevó a Europa, a París. Una vez en esa ciudad me condujo ante un gran palacio del Karma. El salón de audiencias estaba lleno de gentes. Algunos policías me acompañaban: Señores de la Ley. Dije: vaya, vaya, vaya, en las que me metí yo por estar en estas cosas. Y aquella policía avanzó conmigo por el centro del salón, hasta la mesa donde estaban los jueces.

    Uno de ellos, el que estaba en el centro de la mesa, abrió un gran libro y me leyó algunas diabluras que yo había hecho en mis épocas de bodisattwa caído, por allá en la Edad Media, en las épocas en que la Inquisición católica quemaba viva a la gente en las hogueras. Ya no me acordaba de semejantes diabluras, diabluras de don Juan Tenorio y sus secuaces. ¡Bien...! Leyó el libro aquel hombre, leyó el karma: ciertas malas acciones románticas por cierto, sí y entonces que... ¡me condenó!: que ¡a pena de muerte! ¡Oh!, la cosa está peor dije, ahora sí, de nada me valió haber trabajado por los hermanitos allá en el mundo físico; vea, vea, vea a las que he venido a parar... Aguardé a ver qué más pasaba.

    El juez llama a un verdugo de la Ley de esos verdugos cósmicos sé que había dos en el antiguo Egipto de los faraones, llama a uno y le da la orden de que me ejecute inmediatamente. Yo, pobre tonto, parado ahí ante semejantes señores tan terribles, ¿qué podía hacer? El verdugo desenvaina la espada flamígera ¡el verdugo cósmico, porque hay verdugos cósmicos! y avanza hacia mí con la espada desenvainada.    

Bueno, ése fue un momento en que francamente me sentí totalmente defraudado. En cuestión de milésimas de segundo pensé tantas cosas; me dije a mí mismo: ¡tanto como he sufrido en la vida, luchando por la humanidad, luchando por mí mismo, escribiendo libros, dictando conferencias!, y ahora ¿éste es el resultado? ¡Qué dolor! dije, vaya, vaya, vaya, en lo que he venido a parar. De nada me sirvió entonces haber luchado tanto por la humanidad; ¡me sentí completamente defraudado! Pero el juez aquél digo, no el verdugo aquél avanzaba despacio y con la espada desenvainada. Era un hombre corpulento, ¡fuerte!

    Cuando ya me iba a atravesar con la espada, siento de pronto algo que se mueve dentro de mí mismo. ¿Qué será? pensé, y en ese momento vi que una criatura monstruosa salía de mí por las 33 puertas de la espina dorsal. La observé detalladamente: era un “yo”, el “yo de la lujuria”, un agregado psíquico que yo mismo había creado por un error de tipo romántico y sexual, por allá en la Edad Media, y ahora me encontraba cara a cara con mi propia creación.

El monstruo aquél tomó la forma de una bestia, de un caballo. Pero... ¡algo insólito acaece, sucede!: el verdugo, en vez de seguir apuntando contra mí su espada, la dirige ahora hacia el caballo ése, hacia la bestia ésa. Entonces vi con asombro cómo aquella bestia, de cabeza se lanzaba al Tartarus, a los mundos infiernos. El guardián la había pasado al reino de Plutón para que allí se desintegrara. ¡Claro, quedé libre de semejante agregado psíquico infernal! y cuando se me sometió a nuevas pruebas en materia de castidad, salía victorioso, y seguí saliendo victorioso y nunca volví a fallar. Desde entonces, logré la completa castidad.

Bien, como quiera que me dio resultado formidable el trabajo con la Divina Madre Kundalini, dije: este es el sistema para desintegrar los yoes. Y seguí trabajando entonces con la Divina Madre Kundalini sobre distintos yoes, es decir, sobre distintos agregados psíquicos, y pude verificar por mí mismo, mediante el sentido de la auto-observación psicológica, cómo ella trabajaba y cómo iba desintegrando tan extraordinariamente los distintos elementos inhumanos que en nuestro interior cargamos. Así que el camino para lograr la desintegración del ego se logra con la Divina Madre Kundalini Shakty.

    Más tarde en el tiempo, llegué a la conclusión de que dentro de nosotros existe una luna psicológica con dos caras: la visible y la oculta. Tal como en el firmamento hay una luna con dos caras, también la hay dentro de nosotros mismos, en el sentido psicológico. La cara visible de la luna psicológica se relaciona con los agregados psíquicos o defectos que a simple vista resaltan. Mas hay defectos psicológicos que no salen a la superficie y que uno mismo ignora, y que están dijéramos colocados o ubicados en la parte oculta de la luna psicológica.

    Trabajando con la Madre Divina Kundalini, sin contacto sexual, conseguí desintegrar los defectos de la cara visible de la luna psicológica. Después tuve que encontrarme cara a cara con la “Iniciación de Judas”: la pasión por el Señor. Al llegar a esas alturas, descubrí que hay defectos psicológicos agregados psíquicos tan antiguos y tan imposibles de poder desintegrar que se necesita apelar a la novena esfera, bajar a la fragua encendida de Vulcano.

Así lo hice: bajé a la novena esfera a trabajar y logré mediante la electricidad sexual trascendente, sabiamente dirigida por la Divina Madre Kundalini, desintegrar muchísimos agregados psíquicos que ignoraba; que los tenía, pero que jamás creía que los tenía... que si alguien me hubiera dicho: tú tienes tal defecto, pues francamente, yo no se lo hubiera aceptado. Así que en verdad conocí todo eso. Como resultado de estos estudios, de estos trabajos, escribí la obra titulada: El misterio del áureo florecer; después escribí: Psicología revolucionaria; luego, La gran rebelión.

    Todo lo que se necesita es dijéramos observarnos a sí mismos de instante en instante. Las gentes aceptan fácilmente que tienen un cuerpo físico porque lo pueden tocar, porque lo pueden ver físicamente, mas son muchos los que no quieren entender que tienen una psicología particular, individual. Cuando uno acepta que tiene una psicología, de hecho comienza a auto-observarse; cuando uno comienza a auto-observarse, incuestionablemente, se convierte por tal motivo en una persona completamente diferente. Mediante la auto-observación psicológica de instante en instante, de momento en momento, descubre uno sus propios defectos psicológicos.

Éstos afloran espontáneamente durante la interrelación y, si estamos alertas y vigilantes como el vigía en época de guerra, entonces los vemos. Defecto descubierto debe ser comprendido íntegramente en todos los niveles de la mente. Uno comprende un defecto a través de la técnica de la meditación; ahora, llegar a la “honda significación” de tal defecto no es cuestión de principiantes: eso es para gentes que ya están trabajando con la parte oculta de la luna psicológica. Conténtense ustedes con comprenderlo y eso es todo. Ya comprendido, entonces pueden invocar a Devi Kundalini, su Divina Madre cósmica, para que ella lo desintegre.

    Varias sesiones de trabajo serán necesarias para la desintegración de tal o cual defecto psicológico. A veces gasta uno unos días, otras veces meses, para poder llegar a desintegrar un defecto. Ahora bien, se hace más fácil la desintegración cuando el trabajo se realiza en la novena esfera, porque el poder de Devi Kundalini es reforzado con la electricidad sexual trascendente. Así, un defecto que hubiera uno podido desintegrar en seis meses o un año de trabajo, puede desintegrarlo en un mes o en quince días, o en una semana, en la novena esfera. Allí hay que clamar a Devi Kundalini para que ella pulverice tal o cual error.

    Les estoy a ustedes hablando sobre la base de la experiencia psicológica. Yo sufrí mucho durante... 30 años desintegrando, por ejemplo, los defectos psicológicos de la parte visible de la luna psicológica; y mucho también sufrí trabajando con la parte oculta de la luna psicológica, pero lo logré. En nombre de la verdad no poseo ya los agregados psíquicos inhumanos. Ahora habla aquí ante ustedes el Ser y nada más que el Ser. Mis pensamientos no brotan, pues, del fondo de ningún yo, porque no tengo yoes. Habla para ustedes directamente el Ser y eso es todo.

    Que sigan las preguntas, pues, porque debemos responder a todos. Y me perdonan tanto el “pues”, porque resulta que aquí estamos en la tierra del “pues”: Guadalajara, Jalisco. Bueno, ¿Quién va a hablar? Quien vaya a preguntar le rogamos que pregunte, pues, por el micrófono.

Venerable Maestro, hace 26 años exactamente que yo digo que es un defecto psicológico creado de mi propia mente se me presentan... usamos mosquiteras, porque hay mucho mosquito en Santo Domingo y me cogen el cerebro, y yo veo muchas arañas en el mosquitero y pájaros, aves con pico largo ¿verdad?, que van sobre mí, como a herirme.

 No se oye, hermano; le rogamos arrime bien a sus labios el frío micrófono. Pues sí, que desde hace 26 años, exactamente desde el día 30 de mayo del año 1950 comenzó... comenzó una crisis en mi mente. Cada vez que me acostaba, el cerebro me quedaba como con una pesadilla, pero yo podía ver en el mosquitero arañas peludas ¿verdad? y aves con pico largo que venían como a herirme. Hace dos noches exactamente ya eso se puso un poco mayor.

Me sucedió la misma cosa aquí en el hotel y pude ver que salió un señor: trataba de echarme una cosa por ese oído, yo estaba luchando con él; eso era en sueño. Pedí auxilio a un amigo que estaba en una cama próxima mía y vi a un señor que salió: un mono negro. ¿Podría usted explicarme a qué se debe eso, Maestro?

Bueno hermano, con el mayor gusto vamos a responder esta pregunta, aunque es de carácter individual; espero que las próximas preguntas se relacionen con las organizaciones y forma de la Gnosis en los países de Estados Unidos, Puerto Rico y Santo Domingo. Pero como una excepción en este caso, vamos a dar una respuesta.

    Esas arañas son agregados psíquicos que personifican al escepticismo, al materialismo. Nos indican con claridad que en una pasada existencia fuiste muy escéptico, muy incrédulo, y en esta misma existencia no has sido tan creyente que se diga. Como secuencia o corolario existen esas horribles arañas en tu mente, creadas por ti mismo. En cuanto a los pajarracos ésos de tal mal agüero, son creaciones también de tu propia mente: yoes del escepticismo, del materialismo.

En la presente existencia que tienes, debes desintegrar esas arañas y esas aves del materialismo mental. Para el efecto tienes que trabajar muchísimo sobre ti mismo, dedicarte a trabajar con la Divina Madre Kundalini, rogarle vaya desintegrando esas arañas y esas aves de tan mal agüero. Tú mismo has hecho esas creaciones; ése es el resultado del escepticismo y del materialismo. La fe surgirá en ti cuando destruyas esas horribles arañas y esos espantosos pajarracos. Samael Aun Weor

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