La fuerza del amor

Horoscopo del amor“Hay que avivar la llama del espíritu con la fuerza del Amor” Amar, cuán grande es Amar. Sólo las Grandes Almas pueden y saben Amar. Nada hay más poderoso que la fuerza del Amor. El Amor es ternura infinita... El Amor es la vida que palpita en cada átomo como palpita en cada Sol.

El Amor se siente en lo hondo del corazón; es una vivencia deliciosa, es un fuego que consume, un vino divino, delirio del que lo bebe. Un simple pañuelito perfumado, una carta, una flor, promueven en el fondo del alma tremendas inquietudes íntimas, éxtasis exóticos, voluptuosidad inefable.

El Amor comienza con un destello de simpatía, se substancializa con la fuerza del cariño y se sintetiza en adoración.

Para que exista verdadero amor entre las parejas, debe haber afinidad de pensamientos, afinidad de sentimientos e inquietudes idénticas. El beso viene a ser, entonces, la consagración mística de dos almas ávidas de expresar lo que interiormente viven.

El acto sexual viene a ser la consubstancialización del amor en el realismo psicofisiológico de nuestra naturaleza. Secuencialmente, un Matrimonio Perfecto es la unión de dos almas: una que ama más, otra que ama mejor.

El Amor, está escrito, es la única religión asequible. Hermes Trismegisto, el tres veces grande Dios Ibis de Thot, dijo: “te doy amor, en el cual está contenido todo el sumun de la Sabiduría”. ¡Cuán noble es el varón, cuán noble es la mujer, cuando en verdad están unidos por el vínculo del amor! Una pareja de enamorados se torna mística, caritativa, servicial. Si todos los seres humanos viviesen enamorados, si se amasen entrañablemente, reinaría la felicidad, la paz, la armonía y la perfección sobre la faz de la Tierra.

Cuando la pareja en realidad de verdad está enamorada, se producen en sus organismos transformaciones maravillosas. ¿Por qué? Porque el amor es una efusión, una emanación energética que brota desde lo más hondo de la conciencia. Esas radiaciones del amor estimulan las glándulas endocrinas y éstas, a su vez, producen miríadas de hormonas que invaden los canales sanguíneos, llenándolos de extraordinaria vitalidad. “Hormona” viene de una palabra griega que significa “ansia de ser”, “fuerza de ser”. ¡Cuán pequeña es una hormona, pero cuán grandes poderes tiene para revitalizar el organismo humano! Uno se asombra al ver a un anciano decrépito cuando se enamora. Entonces sus glándulas endocrinas producen hormonas suficientes como para revitalizarlo y rejuvenecerlo.

Las estrellas también saben amar. Observemos las noches deliciosas de plenilunio: ellas se acercan entre sí, y a veces se fusionan, se integran totalmente...”¡Una colisión de mundos”, exclaman los astrónomos; más –en realidad de verdad lo que ha sucedido es que dos mundos se han integrado con los lazos del amor, convirtiéndose en una nueva masa. Los planetas de nuestro Sistema Solar giran alrededor del Sol, atraídos por esa fuerza maravillosa del amor. Observemos el centelleo de los mundos en el firmamento estrellado: comulga –tal centelleo luminoso, las ondas de luz, las radiaciones con el suspiro de la flor. Hay, pues, amor entre la estrella y la rosa que lanza al aire su perfume. El Amor, en sí mismo, es universal, profunda y terriblemente divino.

El Amor es una fuerza cósmica, una fuerza universal que palpita en cada átomo como palpita en cada Sol. El Amor reside en el Ser de todo y su propósito eminente es mantener la unidad en el Universo de la multiplicidad. En los tiempos antiguos siempre se rendía culto al amor y a la mujer. No hay duda de que la mujer es el pensamiento más bello del Creador, hecho carne, sangre y vida. Amar, repetimos, es algo inefable, divino. Amar es un fenómeno cósmico extraordinario, en el jardín del amor sólo reina la dicha.

Cuando una pareja está unida en la cópula sexual con los lazos del verdadero amor, las fuerzas más divinas de la Naturaleza la rodean. Esas fuerzas crearon el Cosmos, esas fuerzas han venido nuevamente para volver a crear. En esos momentos, el hombre y la mujer son verdaderos Dioses, en el sentido más completo de la palabra. Pueden crear como Dioses. He ahí lo grandioso del amor. Son extraordinarias las fuerzas que rodean a la pareja durante el acto sexual, en la cámara nupcial. El ser humano podría retener esas fuerzas extraordinarias si no las malgastara en el holocausto del placer animal que a nada conduce, si en verdad respetara la fuerza maravillosa del amor...

El hombre es la fuerza expansiva de toda creación, la mujer es la fuerza receptiva... Hombre y mujer son las dos columnas del Templo. Dios como Padre es Sabiduría. Dios como Madre es Amor.  Dios como Padre reside en el ojo de la Sabiduría. El ojo de la Sabiduría se halla situado en el entrecejo.  Dios como Amor se halla en el Templo Corazón. Sabiduría Y Amor son dos columnas torales de la Gran Logia Blanca.  Amar, cuán bello es Amar. Solo las grandes almas pueden y saben Amar. El amor es ternura infinita... el amor es la vida que palpita en cada átomo como palpita en cada sol.  El amor no se puede definir porque es la divina madre del mundo; es eso que adviene a nosotros cuando realmente estamos enamorados. 

El Amor se siente en lo hondo del corazón; es una vivencia deliciosa; es un fuego que consume, es vino divino, delirio del que lo bebe. Un simple pañuelito perfumado, una carta, una flor, promueven en el fondo del alma tremendas inquietudes íntimas, éxtasis exóticos, voluptuosidad inefable.  Nadie ha podido jamás definir el Amor; hay que vivenciarlo, hay que sentirlo. Solo los grandes enamorados saben realmente que es eso que se llama Amor.  El Matrimonio Perfecto es la unión de dos seres que verdaderamente saben Amar. 

Para que haya verdaderamente amor se necesita que el hombre y la mujer se adoren en todos los siete grandes planos cósmicos.  Para que haya amor se necesita que exista una verdadera comunión de almas en las tres esferas de pensamiento, sentimiento y voluntad.  Cuando los dos seres vibran afines en sus pensamientos, sentimientos y voliciones, entonces el Matrimonio Perfecto se realiza en los siete planos ce consciencia cósmica.  Existen personas que se hallan casadas en los planos físico y etérico, pero en el astral no lo están. Otras están casadas en los planos físico, etérico y astral, pero no lo están en el plano mental; cada cual piensa a su manera; la mujer tiene una religión y el hombre otra, no están de acuerdo en lo que piensan, etc., etc., etc. 

Existen matrimonios afines en los mundos del pensamiento y del sentimiento, pero absolutamente opuestos en el mundo de la voluntad. Eses matrimonios chocan constantemente, no son felices El Matrimonio Perfecto debe efectuarse en los siete planos de conciencia cósmica. Existen matrimonios que no llegan ni siquiera hasta el plano astral; entonces no existe ni siquiera la atracción sexual; esos son verdaderos fracasos.

Esa clase de matrimonios se fundamenta exclusivamente en la fórmula matrimonial.  Algunas personas están viviendo vida matrimonial en el plano físico con determinado cónyuge, y en el plano mental viven vida conyugal con otro cónyuge diferente. Rara vez encontramos en la vida un Matrimonio Perfecto. Para que haya amor, se necesita que haya afinidad de pensamientos, afinidad de sentimientos y voluntades. 

Donde existe el cálculo aritmético, no hay amor. Desgraciadamente en la vida moderna el amor huele a cuenta de banco, a mercancía y a celuloide. En aquellos hogares donde sólo existen sumas y restas, no existe el amor. Cuando el amor sale del corazón difícilmente regresa. El Amor es un niño muy esquivo.  El matrimonio que se realiza sin amor únicamente sobre bases de interés económico o social es realmente un pecado contra el Espíritu Santo. Esa clase de matrimonios fracasan inevitablemente.  Los enamorados a menudo confunden al deseo con el amor, y lo peor del caso es que se casan creyéndose enamorados. Consumado el acto sexual, satisfecha la pasión carnal viene entonces el desencanto, queda la terrible realidad. 

Los enamorados deben auto-analizarse a sí mismos antes de casarse para saber si realmente están enamorados. La pasión se confunde fácilmente con el amor. El Amor y el deseo son absolutamente opuestos.  Aquel que verdaderamente está enamorado es capaz de dar hasta la última gota de sangre por el ser adorado.  Examínate a ti mismo antes de casarte. ¿Te sientes capaz de dar hasta la última gota de sangre por el ser que adoras?

¿Serías capaz de dar tu vida para que el ser adorado viviese? Reflexiona y medita.  ¿Existe verdadera afinidad de pensamientos, sentimientos y voluntades con el ser que tú adoras?  Recuerda que si esa afinidad completa no existe, entonces tu matrimonio, en vez del cielo, será un verdadero infierno. No te dejes llevar del deseo. Matad no solamente el deseo, sino hasta la sombra misma del árbol tentador del deseo. 

El Amor comienza con un relámpago de simpatía deliciosa, se substancializa con la ternura infinita, y se sintetiza en suprema adoración.  Un Matrimonio Perfecto es la unión de dos seres que se adoran absolutamente. En el amor no existen proyectos ni cuentas de banco. Si tú estás haciendo proyectos y cálculos, es por que no estás enamorado.  Reflexiona antes de dar el gran paso. ¿Realmente estás enamorado? Cuídate de la ilusión del deseo. 

Recuerda que la llama del deseo consume la vida, y queda entonces la tremenda realidad de la muerte. Contempla los ojos del ser que adoras, piérdete entre la dicha de sus pupilas, pero si quieres ser feliz, no te dejes llevar del deseo. 

No confundas hombre enamorado, el amor con la pasión. Autoanalízate profundamente. Es urgente saber si ella te pertenece en espíritu. Es necesario saber si sois completamente afín con ella en los tres mundos de pensamiento, sentimiento y voluntad.  El adulterio es el resultado cruel de la falta de amor. La mujer verdaderamente enamorada preferiría la muerte antes que el adulterio. El hombre que adultera no está enamorado. 

El Amor es terriblemente divino. La bendita Diosa Madre del mundo es eso que se llama Amor.  Con el fuego terrible del Amor podemos transformarnos en Dioses para penetrar llenos de majestad en el Anfiteatro de la Ciencia Cósmica.  La Adorable Madre Kundalini es el fuego abrasador del Espíritu Santo. Ella es Isis, María, Maya, Adonia, Isoberta, Rea, Cibeles, etc., etc., etc. Ella tiene millares de nombres adorables. Ella es Amor Dios no tiene figura ninguna. Dios es Coesencial con el Espacio Abstracto Absoluto. Dios es Aquello... Aquello...  Aquello...

Dios tiene dos aspectos: Sabiduría, Amor. Dios como Sabiduría es Padre. Dios como Amor es Madre. Cristo es el Hijo de Dios. Cristo no es un Individuo. Cristo es un Ejército. Cristo es el Ejército de la Voz. El Verbo. Antes de que rayara la Aurora del nuevo día Cósmico, el Padre, la Madre y el Hijo eran Uno, Aquello... Aquello...  Aquello... Dios como Padre reside en el Ojo de la Sabiduría. Este ojo está situado entre las dos cejas. Dios como Madre reside en el Templo Corazón. Sabiduría y Amor son las dos Columnas Torales de la Gran Logia Blanca.

Dentro de cada ser humano existe un soldado del Ejército de la Voz. Ese es el Cristo interno de todo Hombre que viene al Mundo. El hombre séptuple es tan sólo la sombra pecadora de ese soldado del Ejército de la Voz. Necesitamos encarnar al Hombre Sol, el Cristo interno. La Madre Divina nos ayuda. Pedid y se os dará, golpead y se os abrirá. Dios como Amor es Isis a quien ningún mortal ha levantado el velo. ¿Quién es aquel que se atrevería a levantar ese velo terriblemente divino? ¡Ay de los profanos y de los profanadores que se atrevan siquiera a tocar el velo de Isis!

Cuando el devoto hace sus ruegos a la Madre Divina, debe tener sueño y estar sumergido en profunda meditación interna. El verdadero devoto no se levanta de su cama, ni come ni bebe hasta recibir la respuesta de la Divina Madre. La Madre Cósmica ni tiene forma, pero gusta tomar alguna forma para contestar al Suplicante. Puede presentarse como Isis, Rea, Cibeles, Tonantzín, María, etc., etc., etc.

Cuando la Divina Madre ha dado su respuesta al devoto, desintegra su forma instantáneamente porque no la necesita. La Divina Madre es el segundo aspecto de Aquello, y se llama Amor. El Amor es una substancia que es Coesencial con el Espacio Abstracto muy profundo. La Divina Madre no es una Mujer, ni tampoco algún Individuo. Es únicamente una Substancia incógnita.

Cualquier forma que Eso tome, se desintegra instantes después. Eso es Amor. Dios Madre es Amor. Dios Madre nos adora, nos ama terriblemente. La Diosa Madre del mundo sube por el canal medular convertida en serpiente de fuego cuando trabajamos con el Arcano A.Z.F. La Diosa Madre del mundo es Devi Kundalini. La Divina Madre lleva a su niño en sus brazos amorosos. El Cristo interno de cada hombre es ese Niño. La Madre es Aquello... Aquello... Aquello... Isis... Amor... Misterio... El devoto que quiera poderes debe pedírselos a la Divina Madre. El verdadero devoto se humilla ante Dios Madre.

Si el devoto verdaderamente se resuelve a corregir sus errores y a hollar la senda de la santidad, puede pedir a la Divina Madre el perdón de su Karma pasado y la Madre Divina lo perdona. Pero si el devoto no se corrige ni sigue la senda de santidad, es entonces inútil pedir perdón a la Madre Divina, porque ella no lo perdona. La Madre Divina perdona a sus hijos arrepentidos verdaderamente. Ella sabe perdonar a sus hijos porque son sus hijos.

Todo el Karma de las malas acciones, de pasadas reencarnaciones puede ser perdonado por la Madre Divina. Cuando el arrepentimiento es absoluto, el castigo sale sobrando El Kundalini es la energía primordial encerrada en la Iglesia de Efeso. Esta Iglesia del Apocalipsis es un centro magnético situado dos dedos sobre el ano, y dos dedos debajo de los órganos genitales. El Kundalini es la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes. La serpiente sagrada dormita dentro de su iglesia enroscada tres veces y media. El Kundalini es el fuego de Pentecostés. El Kundalini es la Madre Divina. El Santuario de la Madre Divina es el Corazón.

El Kundalini se desarrolla, evoluciona y progresa dentro del Aura del Mahachoan (La Madre Cósmica, El Espíritu Santo, El Tercer Logos). Los fuegos dorsales son Jehovísticos. Los fuegos del corazón son Crísticos. En la frente centellean los rayos terriblemente divinos del Padre.

        Los fuegos del corazón controlan el ascenso de la serpiente sagrada por el canal medular. El Kundalini se desarrolla, evoluciona y progresa de acuerdo con los méritos del corazón. El Kundalini necesita subir hasta el cerebro y luego debe llegar hasta el santuario sagrado del corazón. Si uno no prepara el Mercurio, ¿Con qué va a hacer la Gran Obra? Para poder realizar la Gran Obra, pues debe preparar el Mercurio de los Sabios. ¿Y cómo prepararía el Mercurio de los Sabios? Mediante el secreto secretorum de la Alquimia.

Se trata de un sencillo artificio que ustedes ya conocen: es la conexión del lingam-yoni, sin la eyaculación del Ens-Seminis, porque dentro del Ens-Seminis está el “Ens Virtutis” del Fuego. Es sencillo ese secreto secretorum de la Santa Alquimia. En principio, el Mercurio es negro e inmundo, es decir, en principio las aguas son negras. Cuando el Alquimista comienza a trabajar, o mejor dijéramos, cuando la pareja gnóstica comienza a trabajar, se les representa con el Cuervo Negro de la Alquimia, porque sus aguas mercuriales están negras.

Dicen los Alquimistas, en forma muy simpática y simbólica, que “de entre esas aguas negras hay que sacar la Gelatina Blanca”. Quieren decir que esas aguas negras deben transformarse, convertirse en aguas cristalinas, blancas, puras. Es posible eso refinando el sacramento de la Iglesia de Roma –la palabra “Roma”, colocada a la inversa, significa “Amor”–.

El sacramento de la Iglesia del Amor es el Sexo, está en el Sexo. Si se refina el sacramento de la Iglesia de Roma, pues las aguas negras se tornan blancas. Si se dice que en principio nos toca trabajar con el Cuervo Negro, o que “necesitamos blanquear el Cuervo”, todos dicen lo mismo: volver las aguas negras en blancas, transformarlas mediante la refinación. El gran problema que estoy viendo en todos los hermanitos gnósticos  hombres y mujeres en todos los matrimonios en general, es que no se preocupan por refinar el sacramento de la Iglesia de Roma y están demorándose muchísimo en el despertar del Kundalini. Hay parejas que tienen diez y quince años trabajando en la Novena Esfera y todavía no han recibido el Fuego. Eso no está correcto; el Fuego hay que recibirlo rápidamente.

Los culpables son esas mismas parejas, porque resulta que no refinan el sacramento de la Iglesia de Roma, realizan la conexión del lingam-yoni en forma, dijéramos, animalesca; la cópula química la procesan en forma demasiado brutal, animal, y las aguas continúan negras años y años y años eternos, y ahí se estancan, se están estancando por ese motivo. Pero si se refina el sacramento de la Iglesia de Roma, si se hace del coito como dijera San Agustín, una forma de la oración, entonces las aguas negras se tornan blancas. Al llegar a ese estado, se recibía en el Egipto la “Túnica de Thot”, o sea de la castidad, la Túnica Blanca, de lino blanco. "Dios es Amor, y su Amor crea, y vuelve nuevamente a crear",  Las palabras deliciosas del amor conducen al beso ardiente de la adoración.

El acto sexual es la real consubstancialización del amor, en el tremendo realismo psico-fisiologico de nuestra naturaleza.  Cuando un hombre y una mujer se unen sexualmente, algo se crea. En esos instantes de suprema adoración el y ella son realmente un solo ser andrógino con poderes para crear como los Dioses.  Los Elohim son varan y varona. El hombre y la mujer unidos sexualmente durante el éxtasis supremo del amor, son realmente un Elohim terriblemente divino. 

En esos instantes de unión sexual estamos realmente en el Laboratorium-Oratorium de la Santa Alquimia.  Los grandes clarividentes pueden ver en esos momentos a la pareja sexual, envuelta en esplendores terriblemente divinos. Hemos penetrado entonces en el Sanctum Regnum de la Alta Magia. Con esas fuerzas espantosamente divinas podemos desintegrar el Diablo que llevamos dentro, y transformarnos en Grandes Hierofantes. 

Conforme el acto sexual se prolonga, a medida que aumentan las caricias deliciosas del éxtasis adorable, se siente una voluptuosidad espiritual encantadora.  Entonces nos estamos cargando de electricidad y magnetismo universal, terribles fuerzas cósmicas se acumulan en el fondo del alma, centellean los chacras del cuerpo astral, las fuerzas misteriosas de la Gran Madre Cósmica circulan por todos los canales de nuestro organismo.  El beso ardiente, las caricias íntimas, se transforman en notas milagrosas que resuenan conmovedoras entre el aura del universo. 

No tenemos como explicar aquellos momentos de gozo supremo. Se agita la serpiente de fuego, se avivan los fuegos del corazón y centellean llenos de majestad en la frente de los seres unidos sexualmente, los rayos terribles del Padre.  Si el hombre y la mujer saben retirarse antes del espasmo, si tuvieren en esos momentos de gozo delicioso fuerza de voluntad para dominar al Ego Animal, y si luego se retirasen del acto sin derramar el semen, ni dentro de la matriz, ni fuera de ella, ni por los lados, ni en ninguna parte, habrían cometido un acto de Magia Sexual. Eso es lo que se llama en ocultismo el Arcano A. Z. F. 

Con el Arcano A. Z. F. podemos retener toda esa Luz maravillosa, todas esas corrientes cósmicas, todos esos poderes divinos. Entonces se despierta el Kundalini, el fuego sagrado del Espíritu Santo en nosotros, y nos convertimos en Dioses terriblemente divinos.  Pero cuando derramamos el semen, las corrientes cósmicas se funden entre las corrientes universales y penetran en el alma de los dos seres, una luz sanguinolenta, las fuerzas luciféricas del mal, el magnetismo fatal. Entonces Cupido se aleja llorando, se cierran las puertas del Edem, el amor se convierte en desilusión, viene el desencanto, queda la negra realidad de este valle de lágrimas. 

Cuando sabemos retirarnos antes del espasmo sexual, despierta la Serpiente Ignea de nuestros mágicos poderes.  Los Cabalistas nos hablan de la novena esfera. La novena esfera de la Kábala es el sexo.  El descenso a la novena esfera fue, en los Antiguos Misterios, la prueba máxima para la suprema dignidad del Hierofante, Jesús, Hermes, Buddha, Dante, Zoroastro, etc. tuvieron que descender a la Novena Esfera para trabajar con el Fuego y el Agua, origen de mundos, bestias, hombres y Dioses. Toda auténtica y legítima Iniciación Blanca comienza por allí.  El hijo del hombre nace en la novena esfera. El hijo del hombre nace del agua y del fuego.  Cuando el Alquimista ha completado su trabajo en el Magisterio del Fuego recibe la Iniciación Venusta. 

El desposorio del Alma con el Cordero es la Fiesta más grande del Alma. Aquel Gran Señor de Luz entra en ella. El se humaniza, ella se Diviniza. De esta mezcla Divina y Humana deviene eso que con tanto acierto llama el Adorable: "El Hijo del Hombre".  El triunfo máximo de la Suprema Adoración es el nacimiento del Hijo del Hombre en el Pesebre del Mundo.  El Hombre y la mujer amándose mutuamente son verdaderamente dos arpas de milagrosas armonías, un Extasis de Gloria, aquello que no se puede definir porque si se define se desfigura. Eso es Amor. 

El beso es la consagración profundamente mística de dos almas que se adoran, y el acto sexual es la llave con la cual nos convertimos en Dioses. Dioses, hay Dios.  Sabed vosotros los que os amáis verdaderamente que Dios es Amor. Amar, cuán bello es amar. El Amor se alimenta con Amor, sólo con Amor son posibles las Bodas de la Alquimia.  Jesús el Bienamado, alcanzó la Iniciación Venusta en el Jordán. En instantes del Bautismo.

El Cristo entró dentro del adorable Jesús por la glándula Pineal. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros y vimos su gloria como del Unigénito del Padre lleno de Gracia y de Verdad.  Al que sabe la palabra da poder, nadie la pronunció, sino solamente aquel que lo tiene encarnado.  En el Apocalipsis, el Santo de la Revelación nos describe al Hijo del Hombre, al Hijo de nuestros besos, con los siguientes versículos: 

"Yo fui en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta", (El Verbo) que decía: "YO SOY el Alpha y OMEGA, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete Iglesias que están en Asia: a EFESO, (El Centro Magnético del coxis) y a ESMIRNA, (El Centro Magnético de la próstata) y a PERGAMO, (El Plexo Solar situado en la región del ombligo) y a TIATIRA, (El Centro Magnético del corazón) y a SARDIS, (El Centro Magnético de la laringe creadora) y a FILADELFIA, (El ojo de la sabiduría, el Centro de la Clarividencia situado entre las dos cejas) y a LAODICEA, (La Corona de los Santos). (Centro Magnético de la glándula pineal)". 

 Y me volví a ver la voz que hablaba conmigo y vuelto vi siete candelabros, uno semejante al hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies", (La Túnica de lino blanco de todo Maestro. La Túnica de Gloria). Los siete candelabros que vio el Santo de la revelación son las siete Iglesias de la Médula Espinal. 

"Y su cabeza, y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve; y sus ojos como llama de fuego:" (Siempre inmaculado y puro).  "Y sus pies semejantes al latón fino, ardientes como un horno; y su voz como ruido de muchas aguas". (Las aguas humanas, el semen).  "Y tenia en su diestra siete estrellas (Los siete ángeles que gobiernan las siete iglesias de la médula espinal). Y de su boca salía una espada aguda de dos filos (El Verbo). Y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza".  "Y cuando yo le vi, caí como muerto a sus pies, y el puso su diestra sobre mi diciéndome: "No temas, yo soy el primero y el ultimo". 

"Y el que vivo y he sido muerto y he aquí que vivo por siglos de siglos. Amen. Tengo las llaves del infierno y la muerte". Cuando el Cristo Interno entra en el alma se transforma en ella. El se transforma en ella, y ella en El; El se humaniza y ella se diviniza. De esta mezcla alquimista divina y humana, deviene eso que con tanto acierto llamó nuestro Adorable Salvador, el Hijo del Hombre.  Los Alquimistas dicen que debemos transformar a la Luna en Sol. La Luna es el Alma. El Sol es el Cristo. La transformación de la Luna en Sol, sólo es posible con el fuego, y éste, sólo se enciende con el connubio amoroso del Matrimonio Perfecto.  Un Matrimonio Perfecto es la unión de dos seres, uno que ama mas, y otro que ama mejor.  El Hijo del Hombre nace del agua y del fuego. El agua es el semen. El fuego es el espíritu. 

Dios resplandece sobre la Pareja Perfecta.  El Hijo del Hombre tiene poder sobre el fuego flamígero, sobre el aire impetuoso, sobre las embravecidas olas del océano y sobre la perfumada tierra.  El acto sexual es muy terrible; con justa razón dice el Apocalipsis: "El que venciere le haré columna del Templo de mi Dios, y no saldrá más de allí."  Escrito está: “Al que sabe la palabra da poder, nadie la pronunció, nadie la pronunciará, sino solamente aquel que lo tiene encarnado”. H.P.B., llama Bodhisattvas a aquellos que tienen los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, mediante el cumplimiento Parlock del Ser. Pero hablando en riguroso esoterismo crístico y budista, llegamos a la conclusión de que Bodhisattvas, realmente, solo son aquellos que se han sacrificado por las humanidades planetarias a través de sucesivos Mahanvantaras.

Sólo ellos, los Bodhisattvas, pueden llegar a la Omnisciencia. Se llega al estado bodhisáttvico mediante el sacrificio por la humanidad. Luchando por llevar esta doctrina a todos los pueblos de la Tierra sin diferencias de raza, credo, casta o color. Se llega a Bodhisattva lanzándose por todas estas calles de Dios con la palabra que crea y vuelve nuevamente a crear. Se llega a Bodhisattva amando a nuestros enemigos, bendiciendo a los que nos maldicen y persiguen. Se llega a Bodhisattva besando el látigo del verdugo. Digo en verdad, que aquellos que no sean capaces de sacrificarse por la humanidad no podrán jamás llegar a ser Bodhisattvas.

Aquél que ha despertado su Conciencia, hablando en lenguaje oriental diríamos aquel que ha despertado a su Bodishita, obviamente, nunca podría ser detenido en su camino hacia la Gran Realidad. Los Budas Pratyekas no podrían detenerle en su marcha; marcharía con firme paso decidido hacia la liberación final. He ahí la ventaja de trabajar con el tercer factor de la Revolución de la Conciencia, el del sacrificio por nuestros semejantes, el del amor por todos los seres que pueblan la faz de la Tierra. Ese es el camino que conduce al estado bodhisáttvico.

Llegar a encarnar al Cristo Intimo es el evento cósmico más formidable de todo el Universo. Más sólo podría llegarse a encarnar al Verbo, a la Gran Palabra, al Señor de Perfecciones, cuando se ha llegado al estado bodhisáttvico. Por eso yo invito a todos los que aquí están presentes para estudiar la doctrina y marchar por el camino del sacrificio hacia la liberación final. Así y sólo así se puede llegar al estado bodhisáttvico. Mis queridos amigos, entiendan, comprendan que el amor es el fundamento de todo lo que es, ha sido y será. Sólo amando a nuestros peores enemigos, devolviendo bien por mal podríamos en verdad, amigos míos, llegar al estado bodhisáttvico. Sólo llevando la palabra con humildad de puerta en puerta a las gentes, sólo llamando a las muchedumbres para que nos escuchen, podríamos llegar al estado bodhisáttvico.

“El miedo y la dependencia suelen confundirse con el amor, más no son amor. Se hace urgente comprender que existe una diferencia radical entre el amor y eso que es el respeto, el temor, la dependencia, el miedo”. “La esclavitud psicológica, la dependencia, el depender de alguien, no es amor; es únicamente temor y eso es todo”. La esclavitud psicológica destruye la convivencia; depender psicológicamente de alguien, es esclavitud. Si nuestra manera de pensar, sentir y obrar depende de la manera de pensar, sentir y obrar de aquellas personas que conviven con nosotros, entonces estamos “bien fritos”.

Constantemente recibimos cartas de muchas gentes deseosas de disolver el “yo”, pero se quejan de la mujer, de los hijos, del hermano, de la familia, del marido, del patrón, etc. Esas gentes exigen condiciones para aniquilar el “yo”, reclaman magnífica conducta de aquellos que con ellas conviven. Lo más “chistoso” de todo esto, es que esas pobres gentes buscan evasivas, quieren huir, abandonar su hogar, su trabajo, etc., “dizque para auto-realizarse a fondo”. ¡Pobres gentes, sus adorados tormentos son, naturalmente, sus amos; esas gentes no han aprendido a ser libres, su conducta depende de la conducta ajena! Si queremos seguir la senda de la castidad y aspiramos a que, primero la mujer sea casta, entonces estamos fracasados.

Si queremos dejar de ser borrachos, pero nos apenamos cuando nos ofrecen una copa, por aquello del “qué dirán”, o porque nuestros amigos se enojan, jamás dejaremos de ser borrachos. Si queremos dejar de ser corajudos, irascibles, iracundos, furiosos, pero como primera condición exigimos que aquellos que conviven con nosotros sean dulces y serenos, y que no hagan nada que nos moleste, entonces sí estamos bien fracasados, porque ellos no son santos y en cualquier momento acabarán con todas nuestras buenas intenciones.

Si queremos disolver el “yo” necesitamos ser libres; quien depende de la conducta ajena, no podrá disolver el “yo”. Nuestra conducta debe ser propia, muy propia, no debe depender de nadie. Nuestros pensamientos, sentimientos y acciones deben fluir independientemente, desde adentro hacia afuera.  Las peores dificultades nos ofrecen las mejores oportunidades.

En el pasado existieron sabios, rodeados de toda clase de comodidades, sin dificultades de ninguna especie; esos sabios queriendo aniquilar el “yo”, tuvieron que crearse a sí mismos situaciones difíciles. En las difíciles situaciones tenemos oportunidades formidables para estudiar nuestros impulsos internos y externos, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones; nuestras reacciones, voliciones, etc. La convivencia es un espejo de cuerpo entero, donde podemos vernos tal cual somos y no como aparentemente somos. Hemos conocido a muchas personas que dicen: “yo ya no tengo ira”. Y a la menor provocación “truenan y relampaguean”. Otros dicen: “yo ya no tengo celos”. Pero basta una sonrisa del cónyuge o la cónyuge a cualquier buen vecino o vecina, para que ya estén los rostros bien “verdes” de celos.

¡Es una maravilla la convivencia! Si estamos bien atentos, podemos descubrir a cada instante nuestros más escondidos defectos. Ellos afloran, saltan fuera cuando menos lo esperamos. Las gentes protestan por las dificultades que les ofrece la convivencia; no quieren darse cuenta las gentes que precisamente, esas dificultades les están brindado las oportunidades necesarias para la disolución del “yo”.

La convivencia es una escuela formidable; el libro de esa escuela tiene muchos tomos, el libro de esa escuela es el “yo”. Necesitamos ser libres de verdad, si es que queremos realmente disolver el “yo”. No es libre quien dependa de la conducta ajena, solo aquel que se hace libre de verdad, sabe lo que es el amor; el esclavo no sabe lo que es el verdadero amor. El amor no se puede adquirir o comprar, como quien compra un caballo o un traje; el amor no existe en la mente, no se puede practicar; nace en forma muy natural, simple y sencilla. Si somos esclavos del pensar, sentir y hacer de los demás, jamás sabremos lo que es el amor. El amor nace en nosotros cuando acabamos con la esclavitud psicológica.

Necesitamos comprender, muy profundamente y en todos los niveles de la mente, todo ese complicado mecanismo de la esclavitud psicológica. Es necesario estudiar todas esas formas, si es que realmente queremos disolver el “yo”. Existe esclavitud psicológica, no solo en lo interno, sino también en lo externo. Existe la esclavitud íntima, la secreta, la oculta, la que no sospechamos, ni siquiera remotamente.

El esclavo cree que ama, cuando en verdad sólo está temiendo. El esclavo no sabe lo que es el verdadero amor. La mujer que teme a su marido, cree que lo adora cuando en verdad sólo le está temiendo. El marido que teme a su mujer cree que la ama pero en realidad sucede que le teme; puede temer que se vaya con otro, o que su carácter se torne “agrio” o que se le niegue sexualmente, etc., etc., etc. El trabajador que teme al patrón, cree que lo ama, que lo respeta, que vela por sus intereses, etc., pero ningún esclavo psicológico sabe lo que es el amor, la esclavitud psicológica es incompatible con el amor.

Existen dos géneros de conducta: primera, la que viene de afuera hacia adentro; segunda, la que va de adentro hacia afuera. La primera es el resultado de la esclavitud psicológica y se produce por reacción: nos pegan y pegamos, nos insultan y contestamos groserías, etc. El segundo tipo de conducta es la mejor, es la de aquél que ya no es esclavo, la de aquel que nada tiene que ver con el pensar, sentir y hacer de los demás. Este tipo de conducta es independiente, recta, justa: si nos pegan contestamos bendiciendo, si nos insultan, guardamos silencio; si quieren emborracharnos, no bebemos, aun cuando nuestros amigos se enojen, etc.

Ahora comprenderán nuestros lectores porqué la libertad psicológica trae eso que se llama amor. La masa no es más que una extensión del individuo; lo que es el individuo, es la masa y lo que es la masa exterior, es el mundo. Si el individuo se transforma, si el individuo elimina de sí mismo los elementos del odio, del egoísmo, de la violencia, de la discordia, etc., es decir, si consigue destruir el Ego para que su Conciencia quede libre, sólo habrá en él eso que se llama “Amor”. Si cada individuo de los que pueblan la faz de la Tierra disolviera el Ego, las masas serían masas de Amor, no habrían guerras, no habrían odios; pero no podrá en verdad haber paz en el mundo, mientras exista el Ego.

Algunos afirman que desde el año 2.001 ó 2.007 en adelante, vendrá la era de la fraternidad, del amor y la paz. Pero yo, pensando aquí en voz alta, me pregunto a mí mismo, y hasta les pregunto a ustedes: ¿de dónde van a sacar esa era de fraternidad, de amor y de paz entre “los hombres de buena voluntad”? ¿Creen ustedes acaso que el Ego de la psicología con sus odios, con sus rencores, con sus envidias, con sus ambiciones, con sus lujurias, etc., puede crear una edad de amor, de felicidad, etc., etc.? ¿Podría acaso darse ese asunto? ¡Obviamente que no!

Si queremos de verdad la paz en el mundo, pues tenemos que morir en sí mismos, tiene que destruirse en nosotros lo que tenemos de inhumanos: el odio que cargamos, las envidias, los celos espantosos, esa ira que nos hace tan abominables, esa fornicación que nos hace tan bestiales, etc. Más en tanto continúen existiendo tales factores dentro de nuestra psiquis, el mundo no podrá ser diferente; antes bien, se volverá peor, porque a través del tiempo el Ego se irá volviendo cada vez más poderoso, más fuerte, y conforme el Ego se manifieste con más violencia, el mundo se irá haciendo cada vez más tenebroso. Y al paso que vamos, si no trabajamos sobre sí mismos, llegará un día en que ya ni siquiera podremos existir, porque unos a otros nos destruiremos violentamente.

Si uno no ama el trabajo, no es posible que se forme la conjunción con el Trabajo Esotérico Gnóstico. Si no hay conjunción del trabajo con nuestras vidas, obviamente no trabajaremos; eso es todo. Nos contentaremos con leer algunas obras, asistir a las conferencias, pero no trabajaremos, he ahí lo grave. Cuando no se trabaja con la enseñanza que aquí nosotros damos y que hacemos comprender a través de nuestros libros, indubitablemente no se puede comprender el Trabajo Esotérico Gnóstico.

Indubitablemente, el amor por el trabajo, es básico. Al hablar de amor, tenemos que ser precisos en el análisis. No olviden ustedes que yo soy matemático en la investigación y exigente en la expresión. La palabra amor, en sí misma, es un poco abstracta; necesitamos especificarla para saber qué es eso que se llama amor. Ante todo, nos toca consultar un poco el evangelio crístico. El gran Kabir Jesús dijo: “En que os améis los unos a los otros probaréis que sois mis discípulos”. También hay otra frase del gran Kabir muy interesante: “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, o “no hagáis a otros lo que no queráis que os hagan a vosotros”. Las gentes, al escuchar la palabra amor, sienten algo que les llega al corazón, pero como quiera que tienen la mentalidad en estado subjetivista, como quiera que no han dado objetividad a su pensamiento, obviamente no captan la honda significación de tal apalabra. Es necesario, inaplazable, entender qué es el amor.

Aquella frase de “no hagáis a otro lo que no quieres que te hagan a ti mismo” podría ser traducida así: “haceos conscientes de los otros y de ti mismo”. Aquella de “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, podría ser traducida como “haceos conscientes de la divinidad que hay en vuestro interior y del prójimo y de ti mismo”. Así pues, necesitamos hacernos conscientes de eso que se llama amor, que podría traducirse como conciencia.

¿Cómo podría uno amar a sus semejantes –es decir, comprenderlos–, si uno no es consciente de sus semejantes? Debemos hacernos conscientes de nuestros semejantes, si es que verdaderamente queremos comprenderlos, y solo comprendiéndolos sentiremos por ellos Amor. Pero, para podernos hacer conscientes de nuestros semejantes, debemos hacernos conscientes de sí mismos. Si un hombre no es consciente de sí mismo, ¿cómo va a hacerse consciente de sus semejantes? Y, si no es consciente de sus semejantes, ¿cómo podría comprenderlos? Y, si no los comprender, ¿cuál será su conducta con relación a ellos? Esto es importante.

En el Trabajo Esotérico Gnóstico tiene que haber afecto por el trabajo, pero no podría haberlo si no comprendiéramos; comprensión es fundamental. Claro, cuando uno desarrolla la tolerancia, esa crítica destructiva desaparece. Así que se necesitas desarrollar la tolerancia, pero para que la tolerancia Prosiguiendo con estas disquisiciones, diremos lo siguiente; hay tres clases de amor. Cuando a unos discípulos pregunta Jesús el Cristo qué clase de amor sentían por él, nosotros debemos entender un poquito a fondo esta cosa, porque existe el Amor puramente Sexual, existe el Amor puramente Emocional, y existe el Amor Consciente. Nosotros decimos: “Amor es Ley pero Amor Consciente.”

Muchas gentes se entienden por el sexo nada más, esto es Amor Sexual. Otras hay que tienen su centro de gravedad en la emoción, es decir, cultivan el Amor meramente Emocional. Tal Amor meramente Emocional entre dos personas, indubitablemente gira hacia el odio, o viceversa, es inestable, está lleno de amarguras, pasiones, celos, etc. Por tanto, no podría clasificarse como Amor Juicioso en el sentido más completo de la palabra. Incuestionablemente, solo el Amor Consciente merece nuestra veneración. Pero, para que exista el Amor Consciente, se hace indispensable ante todo, trabajar sobre sí mismos, para eliminar los “elementos psíquicos indeseables” que en nuestro interior cargamos. De lo contrario, no habría Amor Consciente en nosotros.

¿Como podría tener Amor consciente alguien puramente emotivo, un sujeto “X” lleno de celos, de recelos, etc.? Para que ese Amor Consciente nazca, hay que eliminar los “elementos” de la pasión, los celos, las riñas, etc., hay que eliminar los “elementos” puramente sensuales, etc., hay que aprender a colocarse siempre en el punto de vista ajeno.

¡Cuán difícil es aprender a colocarse en el punto de vista ajeno, cuan difícil! Quien aprende a sentir Amor Consciente, sabe colocarse en el punto de vista ajeno.

Aquello de “no hagáis a los otros, lo que no queráis que os hagan a vosotros”, debe traducirse por: “haceos conscientes de los demás y de vosotros mismos”. Sí uno no se coloca en el punto de vista ajeno, fracasa totalmente, no llegará a amar conscientemente jamás a nadie. Pero, para colocarnos en el punto de vista ajeno, tenemos que dejar a un lado el amor propio. Desgraciadamente, las gentes han sido fabricadas con el modelo del amor propio.

Es obvio que nosotros debemos, capa a capa, ir eliminando de sí mismos los distintos aspectos del amor propio. Gran parte de eso que se llama “Amor”, que el hombre siente por la mujer, o viceversa, en el fondo no es más que una extensión del amor propio. El “yo” del amor propio debe ser aniquilado, debe ser desintegrado, debe ser reducido a cenizas, si es que en verdad nosotros queremos aprender a ver el punto de vista ajeno. Normalmente, nadie sabe ver el punto de vista ajeno, nadie sabe situarse en el puesto de los demás; cada cual está tan dominado por el “yo” del amor propio, que ni remotamente se le ocurre pensar en colocarse en el puesto ajeno, en el punto de vista de los demás.

Si uno elimina de sí mismo el “yo” del amor propio, da un gran paso, y si consigue eliminar aquellos agregados psíquicos que personifican claramente a la arrogancia, la superioridad y la intolerancia, obviamente realizaríamos extraordinarios avances, porque la arrogancia, eso que nos hace sentirnos personas muy grandes, que nos hace comportarnos ante los demás de una forma hasta déspota, es óbice para el despertar de la conciencia. Una persona arrogante no podría jamás amar a sus semejantes. ¿Cómo los amaría? La superioridad. ¿Qué diremos de ese “yo”? ¿Por qué hemos de sentirnos tan importantes frente a los otros, ante el prójimo, si nosotros no somos más que míseros gusanos del lodo de la tierra? Eso de la superioridad, de creernos superiores a los otros, es óbice para el despertar.

En cuanto a la intolerancia, ésta nos conduce a la crítica; vemos los defectos del prójimo, pero no vemos los nuestros; vemos la paja en el ojo ajeno, pero no vemos la viga en el nuestro. Sólo cuando uno se coloca en el punto de vista ajeno, entonces aprende a ser más tolerante con el prójimo, y como resultado desaparece la crítica destructiva y perjudicial. Se hace necesario, pues, aprender a colocarnos en el punto de vista de los demás. ¿Que fulano de tal robó? ¿Estamos seguros de no haber robado a alguien jamás? Quién podría decirlo? ¿Que fulano de tal adulteró? ¿Estamos seguros de que jamás en la vida hemos adulterado? ¿Que zutano está cometiendo tales o cuales desordenes? ¿Estamos seguros de no haberlos cometido nosotros? 

Resulta muy importante aprender a colocarnos en el punto de vista ajeno, en el puesto del prójimo; eso es indispensable. Desgraciadamente, las gentes no saben ver el punto de vista ajeno, y por eso, fallan lamentablemente. Incuestionablemente, la Conciencia es lo interesante. La Conciencia es Amor; Amor y Conciencia son dos partes de lo mismo. Si uno se propone de verdad hacerse consciente de sí mismo, se hará consciente de los demás. Causa asombro, por ejemplo, los torturadores del prójimo, aquellos que torturan a otros. ¡Cuan inconscientes son! Porque al estar torturando a otros, a sí mismos se están torturando. Si uno tortura a otra persona, más tarde será torturado, es el peor de los negocios.

La Blavatsky dice que un Maestro que se posea los Cuerpos Causal, Mental, Astral y Físico es un Bodhisattva. El Alma Humana o Alma Causal, vestida con tales Cuerpos es un Bodhisattva. Ella hace plena distinción entre Maestro es sí que es Atman-Budhi, o sea el Intimo y la Alma-Conciencia y el Bodhisattva que el Alma Humana, revestida con los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. Pero el Budismo del Mahayana o Mahayánico, es más exigente. No reconocen como Bodhisattva sino a aquellos que se han sacrificado por la humanidad a través de sucesivos Mahanvantaras.

Hay dos clases dice el Budismo Mahayánico, de Seres. Los unos, por ejemplo, serían los Budhas Pratyekas y los aspirantes a Budhas Pratyekas que son los Zarabacas. Estos no se sacrifican por la humanidad jamás, nunca. Luchan sí, por cambiar y cambian, pero nunca dan su vida por sus hermanos, y claro, jamás tampoco encarnan al Cristo Intimo. Los otros son los Bodhisattvas, verdaderamente. Aquellos que han renunciado a la felicidad del Nirvana por Amor a la humanidad, aquellos que en distintos Mahanvantaras han entregado su sangre por al humanidad, que pudiendo vivir felices en el Nirvana, han renunciado a cualquier felicidad por sus hermanos en la Tierra. Son ellos los únicos que verdaderamente pueden encarnar al Cristo.

Jesús el Cristo dijo: “En que os améis los unos a los otros, probaréis que sois mis seguidores”. Mas no sería posible cumplir con este precepto crístico, en tanto continúen dentro de nosotros los “yoes” del resentimiento y del amor propio. Es urgente, inaplazable, impostergable, eliminar de nuestra psiquis tales elementos indeseables. El “yo” del resentimiento o del deseo revanchista, siempre ha originado en el mundo grandes fracasos. El Tercer Factor es el del Sacrificio por la humanidad. Es necesario amar a nuestros semejantes, pero el amor hay que demostrarlo con hechos concretos, claros y definitivos. No basta decir que amamos a nuestros semejantes; no, hay que demostrarlo con hechos, hay que estar dispuestos a subir al ara del supremo sacrificio por la humanidad, hay que levantar la antorcha de la sabiduría, para iluminar el camino de otros; hay que estar dispuestos a dar hasta la última gota de sangre por todos nuestros semejantes, con amor verdadero, desinteresado, puro. 

De manera que el Tercer Factor de la Revolución de la Conciencia es el sacrificio por nuestros semejantes. Nacer, morir y sacrificarnos por la humanidad, son los Tres Factores que nos convierten a nosotros en verdaderas encarnaciones del Cristo Cósmico. Esos Tres Factores nos vienen a convertir en dioses, aunque tengamos cuerpos de hombres. Esos Tres Factores vienen a hacer de nosotros algo distinto: nos transforman en deidusos o dioses inefables, elohines, daimones, etc.

Si nosotros trabajáramos con el primer y segundo factor, el de nacer y morir, pero no amáramos a nuestros semejantes, no hiciéramos nada por llevar la luz del conocimiento a otras gentes, pueblos y lenguas, caeríamos en un egoísmo espiritual, muy refinado, que nos impediría todo avance interior. Pues si solamente nos preocupamos por nosotros y nada más que por nosotros, olvidándonos de tantos millones de seres que pueblan el mundo, incuestionablemente nos auto-encerramos en nuestro propio egoísmo. En esa forma, el “yo” del egoísmo no nos permitiría la iluminación.  El egoísmo se puede presentar en formas sumamente refinadas, y hay que eliminarlas. En tanto tengamos egoísmo dentro de nosotros mismos, pues la iluminación no será posible. 

El egoísmo está formado por múltiples “yoes” dentro de los cuales se haya enfrascada la Conciencia. ¿Qué hay que desintegrar esa multiplicidad de “yoes egoístas”? ¡Es verdad! Pues si no lo hiciéramos, la Conciencia continuará embotellada, estrecha, limitada, condicionada, y cualquier posibilidad de iluminación sería anulada.  Nosotros debemos comprender que toda la humanidad es una gran familia. Desgraciadamente, estamos embotellados en muchos afectos y consideramos únicamente como familia a unas pocas personas que nos rodean, lo cual es egoísmo; porque todos los seres humanos, sin excepción de razas, credo, casta o color, somos una sola familia. Esa familia se llama humanidad. 

Si únicamente miramos como hermanos a los que nos rodearon desde la cuna, vamos muy mal. Si únicamente queremos redimir a esas gentes que se dicen nuestros familiares, marchamos egoístamente. Se hace indispensable ver en cada persona un hermano. Esto que digo no es por mero sentimentalismo, sino porque en verdad todos somos hermanos. No es una frase meramente sentimental; es real, tal como se escucha: somos una familia, una sola gran familia que no debería estar dividida, una familia enorme que puebla la tierra y que se llama humanidad.  A esos, nuestros hermanos, necesitamos llevarles el Conocimiento, mostrarles la Senda, a fin de que algún día ellos también puedan hollarla y llegar a la liberación final.  Si nosotros queremos la felicidad, debemos luchar por la felicidad de otros. Mientras uno más da, más recibe; pero el que nada da, hasta lo que no tiene le será quitado. 

¿Cómo podríamos nosotros alcanzar la auténtica felicidad Nirvánica o Paranirvánica, aquí y ahora, si no trabajamos por la felicidad de otros? La auténtica felicidad del Ser no puede ser egoísta; se logra, únicamente, mediante el sacrificio por nuestros semejantes.  Si así, quienes han logrado los estadios del Ser más elevados, quienes han ingresado en los mundos Paranirvánicos, Mahaparanirvánicos, o en el Monádico o Adico, o quienes al fin han conseguido fusionarse con el Eterno Padre Cósmico Común, obviamente se sacrificaron en alguna forma por nuestros semejantes en el mundo, y esto les dio méritos suficientes como para lograr, en verdad, la dicha que no tiene límites ni orillas jamás. 

Así que para hacer el Curso de Misioneros, debemos pensar en el bien común; en que debemos amar, sí, de una forma extraordinaria, a todos los seres que pueblan la faz de la Tierra. Amar no solamente a los que nos aman porque eso lo haría cualquiera, sino también a los que nos odian. A los que nos aman, porque nos comprenden; a los que nos odian, porque no nos comprenden.  No debe existir, en nosotros, eso que se llama odio. Hay gentes que destilan y beben su propio veneno, y sufren lo indecible. Y eso es grave, uno no debe ser tan tonto. Aquel que está destilando y bebiendo su propio veneno, pues es un tonto. Aquel que se ha forjado un “infiernito” en su mente y que lo que carga a toda hora es  a ese “infiernito” en su entendimiento, es un necio. Uno tiene que pensar que lo mejor es amar, pues si uno hace de su mente un infierno, no es dichoso jamás.

Las gentes están todas llenas de resentimientos, y eso es gravísimo, porque donde existe el “yo” del resentimiento, no puede florecer el amor. No hay quien no tenga resentimiento. Todo el mundo guarda en su corazón, palabras, hechos o sucesos dolorosos, acompañados naturalmente de sus secuencias o corolarios, que son los ya consabidos resentimientos. ¿Qué ganará el que carga con eso? En ese sentido, no sabe amar, es revanchista, no sabe amar. El que odia, está muy cerca de la maldición.

Hay que saber comprender a los demás, aprender a mirar el punto de vista ajeno, si es que queremos saber amar. Las gentes son incomprensivas, las gentes, no quieren entender a otras gentes; sencillamente porque no saben ver el punto de vista ajeno. Si uno se sitúa en el punto de vista ajeno, aprende a perdonar, aprende a amar. Pero si uno no es capaz de perdonar a nadie, no sabe amar. Ahora, perdonar en forma mecanicista, no sirve para nada. Uno podría perdonar, sencillamente porque aprendió en la doctrina gnóstica que se debe perdonar, pero eso es automático, no sirve. En el fondo continuará con el mismo resentimiento, con el mismo odio y hasta con el mismo deseo revanchista sofocado o reprimido.

Cuando se dice “perdonar”, esto implica una eliminación. Uno no puede perdonar si no elimina el “yo” del resentimiento, si no anula el “yo” del rencor, si no reduce a polvareda cósmica el “yo” de la revancha, el “yo” que quiere “sacarse el clavo”, etc. Mientras no haya eliminado tales “yoes”, a través de la comprensión y con el auxilio de Kundalini-Shakty, no es posible que de verdad perdone. Y si da perdón, este es automático y perdón automático no es perdón.

Hay que sincerarnos consigo mismos, si queremos saber amar. Si uno no se sincera consigo mismo, si no es sincero consigo mismo, no puede amar jamás. Amar implica un trabajo, un trabajo dispendioso sobre sí mismo. ¿Cómo podría uno amar a otro si no trabaja sobre sí mismo, si no elimina de su interior los elementos de la discordia, de la revancha, del resentimiento, del odio, etc.? Cuando tales elementos infrahumanos existen en nuestra psiquis, la capacidad de amar queda anulada. Nosotros necesitamos amar, sí, a todos nuestros semejantes. Pero, repito, esto implica un trabajo. Uno no puede amar mientras existan los “elementos del odio” en sí mismo. Si queremos amar, debemos ser sinceros, auto-explorarnos, auto-investigarnos para descubrir esos elementos que nos incapacitan para amar.

Hay mucho amor fingido en las distintas escuelas de tipo pseudo-esotérico, pseudo-ocultista. Nosotros los gnósticos no debemos aceptar amor fingido; debemos ser exigentes consigo mismos. ¿Vamos a amar a nuestros semejantes o no los vamos a amar? Seamos sinceros. No se trata de que nos dejemos llevar por sentimentalismos sublimes. Podríamos creer que sí amamos, cuando en realidad no estamos amando. El amor es algo muy sublime. Les voy a poner a ustedes un ejemplo, o algunos ejemplos sobre amor... El fundador de Nueva York era un hombre muy inteligente. Tenía, pues, una esposa, y muy distinguida. Cuando fundó a Nueva York, aquello parecía una paradoja: allí no había sino vegetación, árboles, montañas, etc., etc.

El concibió la idea de una gran ciudad, al contemplar aquella región. Pero era la “época dorada”, la época en que la gente tenía la sed de oro en los Estados Unidos, aunque siempre la ha tenido, pero en aquella época era muy manifiesta: la codicia por el oro físico, las minas de oro, etc. Sí, él, yéndose por el mundo, cometió un error que lo consideró muy grave: abandonar a la mujer en plena montaña. No la abandonó por ninguna otra mujer; no, sino por el oro, por ir a buscar las minas... Al fin supo de ella: alguien le dijo que ella había muerto. El no se preocupó mucho por eso, porque él no tenía sino ansias, sed insaciable de oro. Más tarde, con el tiempo, encontró a una mujer y se casó con ella, con otra mujer. Metió ferrocarril, estableció bancos. Cuando ya era un gran hombre, hablando ante un auditorio, de pronto descubrió, entre las gentes que habían allí, a aquella que él había abandonado...

Aquel hombre ya no podía ni hablar, trató de trabarse, quedó confundido, porque pensaba que estaba muerta. Y a ella le habían informado que él se había casado otra vez, que tenía seis hijos... En el auditorio se topó “de manos a boca” con ella; él no hallaba qué hacer. Le dijo ella: “No te preocupes, sé que te has casado”. El estaba perplejo, porque claro, por regla recordó su primer amor. Y la amaba, solo que la sed del oro había hecho que la abandonara... No hallaba qué hacer. Dijo ella: “Puedes marcharte, sigue tu camino”, ella también lo adoraba. El intentó alejarse y no podía, sentía que le era difícil desprenderse de ella. Pero ella le dio valor: “No mires hacia atrás, le dijo, marcha hacia delante, no te detengas por mi. Debes triunfar, te amo mucho y deseo tu triunfo”. El se fue, caminando como un sonámbulo hasta que ella se marchó. Ella lo amaba demasiado. El hubiera podido dejar a la otra mujer de inmediato e irse con esta, pero ella prefirió su felicidad. Eso es amor.

¿Cuál de ustedes se siente capaz de hacer eso: ser capaz de renunciar a lo más amado, por la felicidad misma de lo más amado? Es que el amor no quiere recompensas, es dádiva en sí mismo, trabajo con renuncia de los frutos, no quiere sino el bien de otros, aun a costa de la propia felicidad.

Pretender definir el amor, es un poco difícil. Si se define, se desfigura. Es más bien como una emanación, surgida, dijéramos, del fondo mismo de la Conciencia, un funcionalismo del Ser. Hay que entender, hay que comprender, pues, la necesidad de amar a nuestros semejantes. Porque mediante el amor podemos transformarnos, y amando, repartir bendiciones, llevar la enseñanza a todos los pueblos de la Tierra, encaminar a otros con el máximum de la paciencia, saber perdonar los defectos ajenos.

Incuestionablemente, al llevar uno la enseñanza a otros, encontrará muchas resistencias. Indubitablemente le lloverá a uno en muchas ocasiones, piedras, pero hay que saber amar y perdonar a todos, no reaccionar tanto. Las gentes viven reaccionando, ante los impactos que provienen del mundo exterior. Hay siempre una tendencia a reaccionar. Yo me he fijado, pues, en las mesas directivas de los lumisiales. En plena asamblea, alguien dice algo con relación a alguien y nunca falta la reacción inmediata del aludido. Algunas veces con ira, otras con impaciencia, pero en alguna forma reacciona. Muy rara vez he visto una mesa directiva donde un sujeto XX permanezca impasible, sin reaccionar ante lo que otros digan.

Hay esa tendencia, de todo el mundo, a reaccionar contra todo el mundo. ¡Mas, qué chistosas son las gentes! Basta mover un botón y “truenan” y “relampaguean”. Y si se mueve otro botón, sonríen dulcemente. Los humanoides son máquinas que todo el mundo maneja a su antojo; son como un instrumento de música, donde cada cual toca su propia canción. Si alguien quiere que ustedes sonrían, basta decirles palabras dulces y darles palmaditas en el hombro, sonríen dulcemente. Si quieren que “truenen” o “relampagueen”, basta decirles unas cuantas palabras duras y ya se ponen con el entrecejo fruncido y reaccionan inmediatamente. Yo mismo aquí, estoy platicando con ustedes y los veo un poco sonrientes. Si en este momento les echara un regaño, ¿qué sucedería? Cambiarían de inmediato, ya no estarían tan sonrientes, ya las cejas aparecerían fruncidas. ¡Qué tristeza, pero así es! ¿Por qué? Son máquinas, un instrumento que todo el mundo toca. Instrumentos, como la guitarra. El que quiera verlos contentos, dirá unas cuantas palabras dulces y ya estamos felices. Pero el que quiera verlos llenos de odio, diga unas palabras duras y ya estaremos terribles.

De manera que dependemos de otros, no tenemos libertad, no somos dueños de nuestros propios procesos psicológicos, cada cual hace de nosotros lo que le venga en gana. Unas cuantas palabritas de lisonja, e inmediatamente, ¡ah!, sentimos auto-importancia; otra palabrita de humillación y qué tristes y pequeños nos sentimos. Si cada cual hace de nosotros lo que quiere, entonces ¿dónde está nuestra autonomía, cuándo dejaremos de ser máquinas?

Es obvio que para aprender a amar, hay que adquirir autonomía, porque si uno no es dueño de sus propios procesos psicológicos, jamás puede amar. ¿Cómo? Si otros son capaces de sacarnos del estado de paz al estado de discordia, ¿cuándo podríamos amar? Mientras uno dependa de otros –psicológicamente– no es capaz de amar. La dependencia obstaculiza el amor. Necesitamos nosotros acabar con la dependencia, hacernos amos de sí mismos, dueños de nuestros propios procesos psicológicos. Cuando yo tuve la reencarnación de Tomás de Kempis, escribí en mi libro “Imitación de Cristo”, en aquella antigua reencarnación, una frase que dice: “Yo no soy más porque me alaben, mi menos porque me vituperen, porque yo siempre soy lo que soy”... De manera que debemos permanecer impasibles ante la alabanza y el vituperio, ante el triunfo y ante la derrota; siempre serenos, impasibles, siempre dueños de sí mismos, de nuestros propios procesos psicológicos.

Así, sí, marchando por ese camino, llegaremos a estar siempre estables en eso que se llama “Amor”. Necesitamos nosotros establecernos en el reino del Amor, pero no podríamos hacerlo si no fuésemos dueños de nuestros propios procesos psicológicos. Pues si otros son capaces de hacernos rabiar cada vez que quieran, si otros son capaces de hacernos sentir odio, si otros son capaces de hacernos sentir el deseo de revancha, obviamente no somos dueños de sí mismos. En esas condiciones, jamás podríamos nosotros estar establecidos en el reino del Amor. Estaríamos en el reino del odio, en el de la discordia, en el del egoísmo, en el de la violencia, pero jamás en el reino de eso que se llama “Amor”.

Debemos permanecer estables en el reino del Amor, tenemos que hacernos dueños de nuestros propios procesos psicológicos. Si golpeamos en una puerta, por ejemplo, y nos reciben a piedras porque vamos a dar la enseñanza gnóstica, y si nos alejamos de allí, dijéramos, con el deseo de revancha, o terriblemente confundidos, entonces no serviríamos para misioneros gnósticos. Si llegamos a un pueblo a predicar la palabra y el señor “cura” nos corre, y entonces nos llenamos de terror, ¿serviríamos, acaso, para misioneros gnósticos? El terror nos incapacita para amar. ¿A qué le tenemos miedo nosotros? ¿A la muerte? Si para morir nacimos, ¿entonces qué? Que muera uno, unos días antes o unos días después ¿qué? Siempre tiene uno que morir. Entonces, ¿a qué le tenemos miedo? Además, la muerte es tan natural como el nacimiento. Si le tenemos miedo a la muerte, también debemos tener temor al nacimiento, pues son los dos extremos de un mismo fenómeno que se llama “vida”.

¿Tenerle miedo a la muerte? ¿Por qué, si todo lo que nace tiene que morir? Las plantas nacen y mueren, los mundos nacen y mueren. Esta misma Tierra nació y un día será un cadáver, quedará convertida en una nueva luna. Así pues, temer a la muerte ¿por qué? La muerte es la corona de todos, y por cierto, que es hasta muy bella. Uno no debe mirar a la muerte jamás con horror; hay que mirarla como es. Ver un cadáver en un féretro, en la mitad de una sala, no es haber comprendido el Misterio de la Muerte. El Misterio de la Muerte es muy sagrado. Jamás se podría comprender el origen de la vida, el Misterio de la Vida, si antes no se ha comprendido, a fondo, el Misterio de la Muerte. Cuando uno entiende de verdad lo que son los Misterios de la Muerte, entiende los Misterios de la Vida. La muerte nos depara, pues, deliciosos momentos. Con la muerte viene la paz.

Bien vale la pena, pues, no tener miedo al morir. Y si alguien muriera en el cumplimiento de su deber, trabajando por la humanidad, ese alguien sería premiado con creces en los mundos superiores. Dar uno la vida por sus semejantes, es algo sublime. Eso fue lo que hizo el divino Rabí de Galilea, es lo que han hecho todos los santos, los mártires: San Esteban, apedreado por enseñar la Palabra; Pedro, crucificado con  la cabeza hacia abajo y las piernas hacia arriba, para indicar el trabajo en la “forja de los cíclopes”. Eso son ellos: verdaderos mártires. Esos son los que descollan, más tarde, entre el Mahanvantara, como dioses.

Así pues, temer es absurdo. Lo más que podría sucedernos a nosotros es que nos llevaran al paredón de fusilamiento. ¿Y qué? Después de todo, ¿qué? Morirse uno, unos días antes o unos días después, es algo que no tiene la menor importancia. Vale la pena que pensemos en todas estas cosas. Por temor, los hombres se arman para matar a otros. Por temor, las guerras entre las naciones, pues cada nación teme que otra la invada y se arma, y viene el desastre. Por temor existen los ladrones, que le tienen miedo a la vida. Por temor existen las prostitutas, que le tienen miedo al hambre. Por temor, un hombre mata a otro. El temor, pues, es la raíz de muchas maldiciones sobre la Tierra.

Uno tiene que acabar con el “yo” del temor. En el umbral del templo debemos dejar el temor. Desgraciadamente, hay distintas clases de temor. El que tiene miedo jamás podría afrontar la prueba del Guardián de la inmensa región. ¿Cómo podría afrontarla si teme? El que tiene miedo, al verse fuera del cuerpo físico, resulta “chillando”... “Que parece que ya se olvidó, que dejó a su mamá y a su papi, que a sus hermanitos, que al abuelo, que, en fin, ahora ¿qué hago?... 

Pueden estar ustedes seguros que nosotros somos solos, cada uno de nosotros, y que la única familia que tenemos se llama “humanidad”. Uno, después de muerto, tiene que llegar a la conclusión de que está solo. La buena reputación de papá y de mamá, el cariño de sus hermanos, sus amigos, todo eso queda atrás. Se encuentra con que uno no es más que otra criatura de la Naturaleza, y eso es todo, sin nombres ni apellidos, terriblemente sola... ¿Papá, mamá y hermanitos? Son tan solo la fascinación de un día; nada de eso tenemos, somos espantosamente solos.

A la larga, lo único que tenemos que buscar adentro, es al Padre que está en secreto y a nuestra Madre Eterna y siempre Divina, la Kundalini, y al Cristo Señor. ¿Y familia? ¡Todos los millones de seres humanos! No digo solamente los de la Tierra, sino los de todos los mundos del espacio. Esa es la realidad, descarnada porque ustedes quieren mucho a sus familiares, ¿verdad? Ahora, si uno no tuviera familia dirían “Bueno, si usted no la tiene, pues ¿qué le importa?” No, yo la tengo también, y me doy cuenta que es vano todo eso. No quiero decirles que yo no quiera a mis familiares. Yo sí los quiero, como ustedes los quieren; solo que yo ya experimenté, directamente, la realidad de mi propia familia y llegué al convencimiento de que la familia es toda la humanidad. No guardo resentimientos contra la familia. No vayan a creer ustedes que estoy hablando con algún resentimiento. No, cuando digo que experimenté la realidad de lo que es la familia, quiero referirme, en forma trascendental, a la Enseñanza.

Fuera del cuerpo físico, se me enseñaron los Misterios de la Vida y de la Muerte. En alguna ocasión, se me hizo sentir la muerte por anticipado. Se me hizo salir del cuerpo físico, ya fuera de la forma, se me hizo adelantar en el tiempo para verme muerto. ¿Qué vi? Un cadáver. ¿Qué había en ese ataúd? Un cuerpo. ¿Cuál? El mío. ¿Quiénes estaban ante ese ataúd, en la sala llena de flores y coronas de difuntos? Familiares. Entre mis familiares estaba ahí mi madre. Me acerqué a ella, besé su mano y dije: “Gracias por el cuerpo que me diste; mucho me sirvió ese cuerpo, resultó maravilloso, ¡gracias!” Me acerqué a todos los otros familiares, despidiéndome de ellos.

Abandoné aquella morada y me sumergí entre el seno de la Naturaleza, convencido de que estaba desencarnado. ¿Qué había? Naturaleza: valles profundos, montañas, océanos, nubes, aire, sol. ¿Y mis familiares qué? Eso había quedado en el pasado, ya no tenía familiares. Los nombres y apellidos, mi linaje, mi pueblo, mi lengua, ¿en qué habían quedado? ¡Cosas del pasado! Ahora estaba sumergido entre una Naturaleza salvaje, absolutamente salvaje. Y entonces mi querida familia ¿qué? Solamente pude exclamar: “¡Ya no tengo familia!”

“¿Y los seres que me rodearon? Eso fue en el pasado; ahora estoy solo, espantosamente solo. Soy tan sólo una criatura de la Naturaleza, una Naturaleza salvaje. ¡Lo que hay son unos valles, unas montañas, una tierra húmeda por la lluvia! ¿Y mi casa? ¿Cuál casa? Ya no tienes casa. ¿Y bienes? ¡Mucho menos bienes terrenales! ¿De dónde los voy a sacar? Entonces, ¿quién eres? Una partícula de la Naturaleza, una Naturaleza salvaje que nada tiene que ver con cuestiones familiares”.

Conclusión: mi familia es toda la humanidad, o todas las humanidades, o todos los mundos, las humanidades planetarias, y eso es todo... Sentí, sin embargo, un poco de tristeza, al darme cuenta que todavía el “cordón de plata” no se había roto. Hubiera querido romperlo, pero permanecía intacto. No me quedó más remedio que regresar. Yo pensaba que ya estaba desligado, absolutamente, de la forma física, y me tocaba volver otra vez.

Y volví, sí, entré en mi cuerpo. Esa es la realidad, pues, en relación con familiares, parientes, allegados, primos, hermanos, tíos, sobrinos, nietos, bisnietos, tataranietos. Y en fin, todo eso nos fascina en el fondo. Nosotros necesitamos elevar un poco el corazón con la frase “sunsun corda”: ¡Arriba corazones!, y saber que todos somos una gran familia; ver en cada persona un hermano, sentir a cada uno de nuestros hermanos como carne de nuestra carne, como sangre de nuestra sangre; no ver a los otros como extraños, como gente distinta, porque eso es absurdo. Todos somos una enorme, una inmensa familia que se llama “humanidad”.

Nosotros debemos sacrificarnos, por esa inmensa familia, con verdadero amor. Si así lo hacemos, marchamos, con el Tercer Factor de la Revolución de la Conciencia, en forma plena. Trabajando uno por los demás, también es recompensado. Aunque uno renuncie a los frutos de la acción, siempre es recompensado. Trabajando por los demás, podemos cancelar el Karma viejo que traemos de existencias anteriores. He conocido a muchas personas que sufren los problemas diversos de la vida: económicos, por ejemplo. Aquellos que tienen problemas económicos, incuestionablemente ocasionaron daños económicos a muchas gentes en el pasado, y ahora cosechan lo mismo que sembraron, “toman de su propio chocolate”. 

Sin embargo, se quejan y protestan y blasfeman, y quieren mejorar la situación económica, pero no remedian el mal que hicieron, no forman parte de alguna cooperativa, no son capaces de partir su pan, para dar la mitad al hambriento; no son capaces de quitarse una camisa para vestir a un desnudo, no son capaces de dar un consuelo a nadie, pero quieren mejorar económicamente. Claro, solicitan servicios, piden que les ayudemos en el trabajo de cambiar su situación, pero ellos no se preocupan por servir a nadie, son parásitos que existen bajo el Sol. En esa forma, ¿cómo se podría mejorar económicamente? Toda causa trae su efecto. El Karma es el efecto de una causa anterior. Si se quiere anular el efecto, hay que empezar por anular la causa que lo produjo. Y se anula la causa con inteligencia, sabiendo anularla.

Con todas estas cosas se van a encontrar ustedes en el camino: unos que quieren que ustedes los curen, pero jamás se preocupan por curar a nadie, muchos que tienen gravísimos problemas económicos, pero nunca piensan cooperar en alguna forma con alguien, etc. Cada cual tiene sus problemas y los problemas los crea el Ego, y nada más que el Ego desdichado. Uno puede anular todos los problemas si no tiene Ego. Si no tiene Ego, no hay problemas. ¿Por qué? Porque no hay quien reaccione dentro de la mente de uno, no hay un revanchista que complique la situación, no hay nadie que odie en nosotros, o a través de nosotros. Entonces no hay problemas, los problemas los crea el Ego y nada más que el Ego.

Trabajando en favor de los demás, pues uno cancela viejos karmas. El que sirve a otros, se sirve a sí mismo. El que da recibe y mientras más da, más recibe; esa es la Ley. Al León de la Ley se combate con la Balanza. Si en un platillo de la Balanza pudiéramos nosotros poner buenas obras, en el platillo del bien, e inclinar entonces la Balanza a nuestro favor, quedaría anulado el Karma. En verdad que al León de la Ley hay que darle duro con la Balanza. Esa es la clave para vencer el Karma. Como dicen los Señores de la Ley: “Haz buenas obras para que pagues tus deudas”.  El que tiene con qué pagar, paga y sale bien en los negocios; pero el que no tiene con qué pagar, tiene que ir a la cárcel, perder todos sus bienes”. Hay pues, que hacer mucho bien para pagar nuestras deudas viejas. Con el capital de buenas obras, podemos pagar el Karma viejo, sin necesidad de sufrir, no hay necesidad de amargarnos la vida.

Conozco a un sujeto XX. Sufre lo indecible: siempre en mala situación económica, siempre en la miseria. En cuanto negocio hay, fracasa; no hay negocio donde se meta que no fracase. Tiene mujer, tiene hijos, con ellos riñe incesantemente. El es del signo Leo, ella también. No deberían reñirse, pero parece que los leones son así: pelean incesantemente, no están contentos. Yo los he visto en el jardín zoológico de Chapultepek: no dejan de pelear. Leo con Leo parece que nos se entienden. Bueno, lo curioso del caso es que el sujeto XX, cuyo nombre no menciono, siempre pide que se le ayude económicamente, que trabajemos por él en el Mundo de las Causas y Efectos, pero no le he visto jamás hacer nada a favor de sus semejantes. Pide, pero no da. Pide y pide y pide, pero jamás da, ni da, ni da. Y pide, ¿con qué derecho pide, si no da? Es como querer uno que le perdonen sus deudas y no es capaz de perdonar a sus semejantes.

Todos dicen, en la oración del “Padre Nuestro”: “perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”... Pero si uno no perdona a sus deudores, a sus enemigos, ¿con qué derecho pide al Padre que lo perdone? ¿Qué derecho le asiste, para pedir perdón, cuando no es capaz de dar perdón? ¿Con qué derecho pide piedad, cuando no es capaz de entregar piedad? ¿Con qué derecho pide caridad, si no es capaz de darla? Así son todos: piden, pero no dan, y eso es gravísimo.

El misionero gnóstico debe dar. ¿Qué va a dar? Sabiduría y Amor a sus semejantes. Eso va a dar: va asistir, va a auxiliar, pero con Amor. Mediante las cadenas mágicas, se puede ayudar a nuestros semejantes. Las cadenas son maravillosas: ya para irradiar Amor, ya para curar enfermos. Con las cadenas se puede invocar a los Maestros de la Ciencia, para que ellos asistan a los enfermos. Con las cadenas se puede invocar, por ejemplo, a Rafael, que es un gran sanador universal, el mismo que sanara al patriarca Job, el mismo que curara a Tobías. Eso es él: un gran sanador mundial o universal, un gran médico... Con las cadenas se pueden invocar también a médicos como Hipócrates, a Galeno, a Felipe Teofastro Bombastro de Homheneim, Aureola Paracelso, etc. 

Con las cadenas se pueden invocar a las Potencias de la Luz, para que nos asistan en un momento dado: conjurar a las Potencias de las Tinieblas para que nos dejen en paz, etc. Las cadenas mágicas son formidables: con la izquierda se recibe, con la derecha se da. La cadena forma circuitos de fuerzas magnéticas extraordinarias. Con las cadenas se pueden hacer grandes obras.

Antes del cataclismo final, los dolores se aumentarán espantosamente, multiplicándose hasta el infinito; los terremotos azotarán al mundo, los ciclones y huracanes arrasarán países enteros, las enfermedades se multiplicarán y no habrá remedio: la tercera guerra mundial, atómica, destruirá las grandes ciudades y llegará el momento en por doquiera no habrá sino lamentos, muertes y enfermedades Los soldados del Movimiento Gnóstico deben trabajar intensamente, deben convertirse en Misioneros y llevar la palabra a todas partes; deben incendiar al mundo, deben abrir Lumisiales, salas de meditación, primeras cámaras por doquiera y llevar la enseñanza hasta los rincones más profundos

    Se necesita acción intensiva, no bastan las nobles intenciones; se necesita actuar y eso, precisamente eso, es lo que deben hacer los gnósticos revolucionarios. Debemos avanzar con firmeza, resueltos y vigorosos; necesitamos atender a millones de personas, cueste lo que cueste; hay que organizar grupos gnósticos por todas partes: en las ciudades, en los pueblos, en el mundo de la Educación Pública, en el mundo de las inquietudes espirituales. Cuando uno de verdad ama a su semejante, cuando ciertamente quiere Auto-Realizarse Íntimamente, cueste lo que cueste, no le importan ni los sacrificios ni los esfuerzos: con mucho gusto está dispuesto a ofrecer su vida misma en el Ara del supremo amor por la Humanidad. Pensad en lo que son tantos millones de condenados a muerte, al hambre, a la desolación, a la miseria, al incendio, a las enfermedades. ¡Tened piedad por tantas gentes!

    Se necesita realmente multiplicar esfuerzos, necesitamos más Misioneros Gnósticos Internacionales, Nacionales, Estatales, etc. Hay necesidad de mayor actividad, de mayor amor por la Humanidad. Hay que empuñar la ANTORCHA DE LA VERDAD para incendiar al mundo, cueste lo que cueste. ¡Piedad por los que sufren, piedad por tantas gentes que no han visto jamás un rayo de Luz!  ¡Nunca antes se había visto un momento tan horroroso como el presente!  Venerable Maestro: quisiera preguntarle en que consiste el tercer factor de la revolución de la conciencia, porque existe entre los estudiantes el concepto de que sólo entregando las enseñanzas, se sacrifica uno por la humanidad.

    * Es obvio que quienes levantan la antorcha del Verbo para iluminar con ella a todos aquéllos que viven en la ignorancia, indubitablemente siguen el camino del más grandioso sacrificio: imitan al Cristo, que dio su vida por la Humanidad; imitan a los Apóstoles, que predicaron en todos los rincones de la Tierra; imitan, pues, a los grandes mártires; gentes así es obvio que avanzan en el camino de la "Senda del Filo de la Navaja".

    Así, pues, el sacrificio es grandioso. Obviamente, hay personas que no tienen capacidades para ser Misioneros Gnósticos Internacionales, pero que sirven al mundo de distintos modos, ya curando enfermos, haciendo obras de caridad con su profesión, con su oficio, etc. Cada cual sirve, pues, de acuerdo a sus posibilidades, pero aquéllos que sirven como Misioneros Internacionales, obviamente marchan por un camino de grandes Auto-Realizaciones.

    Con el sacrificio en favor de la Humanidad se cancelan las viejas deudas y al fin queda uno completamente libre de Karma... ¡Qué grandioso, qué sublime! Así que, es aconsejable el sacrificio para los que quieran de verdad quedar libres de Karma, porque teniendo uno con qué pagar, paga y sale bien en los negocios, y si no tiene con qué pagar, debe pagar con mucho dolor. Más vale tener Capital Cósmico para pagar y ese Capital Cósmico se gana mediante el sacrificio en favor de la Humanidad, llevando la enseñanza a todos los pueblos de la Tierra. Samael Aun Weor

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