Luz

VerMoisés dijo en el “Génesis”: “¡Hágase la Luz, y la Luz fue hecha!”… ​ Esto no es algo que corresponde a un pasado remotísimo, ¡no! Este tremendo Principio, que se estremecía con el primer instante, no cambia de tiempo jamás, es tan eterno como toda Eternidad; debemos tomarlo como una cruda realidad de instante en instante, y de momento en momento… Recordemos nosotros a GOETHE, el gran Iniciado Alemán; antes de morir sus últimas palabras, fueron: “¡Luz, más Luz!”…, y murió (entre paréntesis, Goethe está ahora reencarnando en Holanda, tiene cuerpo físico; pero esta vez, no tiene cuerpo físico masculino, ahora tiene cuerpo físico femenino, y está casado con un Príncipe holandés; ahora es una dama holandesa de alta alcurnia; es muy interesante eso, ¿verdad?).

La luz está en el principio de toda Creación; no sólo en la forma en que se relata en la Biblia sino en casi todas las cosmogonías de las distintas culturas y hasta en las teorías científicas que tratan del origen y la evolución del Universo. Siendo, pues, un elemento tan primordial, no puede extrañar que tenga una gran importancia en la vida cotidiana de cualquier ser humano. La luz adquiere un carácter simbólico en el inconsciente colectivo de los hombres. Pero, además de como símbolo, buscamos esa luz por pura necesidad biológica.