El centro de Consciencia

Centro permanente de conciLos bípedos tricerebrados no tienen individualidad alguna, no tienen un Centro Permanente de Consciencia, CPC. Cada uno de sus pensamientos, sentimientos y acciones, dependen de la calamidad del yo que en determinado momento controle los centros capitales de la máquina humana.

Aquellos que durante muchos años de sacrificio y dolor hemos venido luchando por el Movimiento Gnóstico, pudimos ver en la práctica cosas terribles; muchos juraron con lágrimas en los ojos trabajar por la Gnosis hasta el final de sus días.

Prometieron a la Gran Causa fidelidad eterna y pronunciaron discursos tremendos. ¿Y qué? ¿En qué quedaron sus lágrimas de sangre? ¿En qué sus terribles juramentos? Todo fue inútil, sólo juró el yo pasajero de un instante, pero cuando otro YO desplazó al que juró fidelidad, el sujeto se separa de la Gnosis o traiciona a la Gran Causa o se pasa a otras escuelitas traicionando a las Instituciones Gnósticas.

Realmente, el ser humano no puede tener continuidad propósitos porque no tiene el CPC, no es un individuo y tiene un yo que es una suma de muchos yoes pequeños. Muchos son los que aguardan la Bienaventuranza eterna con la muerte del cuerpo físico, empero la muerte del cuerpo no resuelve el problema del yo. Después de la muerte, la catexis suelta el ego continúa envuelta en su cuerpo molecular.

El bípedo humano termina pero continúa la catexis suelta, la energía del ego, en su cuerpo molecular y luego, más tarde, el ego se perpetúa en nuestros descendientes, retorna para satisfacer sus deseos y continuar las mismas tragedias. Ha llegado la hora de comprender la necesidad de producir dentro de nosotros una evolución Integral definitiva a fin de establecer el CPC, un Centro Permanente de Consciencia sólo así nos individualizamos, sólo así dejamos de ser legión, sólo así nos convertimos en individuos  conscientes.

El hombre actual es semejante a un barco lleno de muchos pasajeros, cada pasajero tiene sus propios planes y proyectos. El hombre actual no tiene una sola mente, tiene muchas mentes. Cada yo tiene su propia mente. Afortunadamente, dentro del bípedo humano existe algo más, existe la Esencia. Reflexionando seriamente sobre dicho principio, podemos concluir que éste es el material psíquico más elevado con el cual podemos darle forma a nuestra Alma.

Despertando la Esencia creamos Alma. Despertar la Esencia es despertar la Consciencia. Despertar conciencia equivale a crear dentro de nosotros un CPC. Sólo quien despierta conciencia se convierte en individuo, empero el individuo no es el final, más tarde tenemos que llegar a la sobre-individualidad.

SOBRE lNDlVlDUALlDAD

Necesitamos desegoitizarnos para individualizamos y luego sobre-individualizarnos. Necesitamos disolver el yo para tener el Centro Permanente de Consciencia CPC que studiamos en el capítulo anterior. El yo pluralizado gasta torpemente el material Psíquico en explosiones atómicas de ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula, etc. Muerto el yo, el material psíquico se acumula dentro de nosotros convirtiéndose en el Centro Permanente de Conciencia CPC.

Hoy por hoy el ser humano, o mejor dijéramos el bípedo que a sí mismo se  autocalifica de humano es realmente una máquina controlada por la legión del yo. Observemos la tragedia de los enamorados: ¡Cuántos juramentos! ¡Cuántas lágrimas! ¡Cuántas buenas intenciones! ¿Y qué? de todo no queda sino el triste recuerdo. Se casan, pasa el tiempo, el hombre se enamora de otra mujer o la esposa se enamora de otro hombre, y el castillo de naipes se va al suelo.

¿Por qué? Porque todavía el ser humano no tiene su CPC. El pequeño yo que hoy jura amor eterno es desplazado por otro pequeño yo que nada tiene que ver con dicho juramento. Esto es todo. Necesitarnos convertirnos en individuos y esto sólo es posible creando un CPC Necesitamos crear un CPC y esto sólo es posible disolviendo el yo pluralizado.

Todas las íntimas contradicciones del ser humano serían suficientes para volver loco a cualquiera que pudiese verlas en un espejo; la fuente de tales contradicciones es la pluralidad del yo. Quien quiera disolver el yo tiene que empezar por conocer sus íntimas contradicciones; desgraciadamente a la gente le encanta engañarse a sí misma para no ver sus propias contradicciones. Quien quiera disolver el yo tiene que empezar por no ser mentiroso.  Todas las personas son mentirosas consigo mismas, todo el mundo se miente así mismo.

Si queremos conocer la pluralidad del yo y nuestras perennes contradicciones, debemos no auto-engañarnos. La gente se auto-engaña para no ver sus contradicciones internas. Todo aquél que descubre sus íntimas contradicciones siente vergüenza de sí mismo con justa razón, comprende que no es nadie, que es un infeliz,  un miserable gusano de la tierra. Descubrir nuestras propias contradicciones íntimas es ya un éxito porque nuestro JUICIO interior se libera espontáneamente permitiéndonos ver con claridad el camino de la individualidad y el del sobre-individualidad.

METODOLOGÍA DEL TRABAJO

Antes de conocer y eliminar el RPCP (rasgo psicológico característico particular), debemos trabajar intensamente en un sentido general con relación a todos los defectos ya que el RPCP tiene raíces muy profundas que vienen de existencias pasadas. Para conocerlo, se hace necesario haber trabajado en una forma incansable y con una Metodología de Trabajo, por lo menos cinco años.

Hay que tener orden en el trabajo y precisión en la eliminación de los defectos. Por ejemplo: a uno, durante el día, se le han manifestado los defectos de la lujuria por la mañana, el del orgullo por la tarde y el de la ira por la noche. Indubitablemente, estamos viendo una sucesión de hechos y manifestaciones. Entonces nos preguntamos: ¿Cómo y sobre que defecto manifestado durante el día debemos trabajar?

En realidad de verdad, la respuesta es sencilla. Al llegar la noche o la hora de la meditación, con el cuerpo relajado, pasamos a practicar el ejercicio retrospectivo sobre los hechos y manifestaciones del ego durante el día. Ya reconstruidos, ordenados y numerados, procederemos al trabajo de comprensión.

Primero laboraremos sobre un evento egoico al cual le podremos dedicar unos veinte minutos; después, otro suceso psicológico al que podremos dedicarle diez minutos, y quince minutos a otra manifestación. Todo depende de la gravedad e intensidad de los eventos egoicos. Ordenados los hechos y las manifestaciones de la catexis suelta, del mí mismo, podremos trabajarlos en la noche o a la hora de la meditación, tranquilamente y con orden metódico.

En cada trabajo sobre tal o cual defecto, evento y manifestación entran los siguientes factores: Descubrimiento, enjuiciamiento y ejecución. A cada agregado psicológico se le aplicación los tres factores mencionados así: Descubrimiento, cuando se le ha visto en acción, en manifestación. Enjuiciamiento o comprensión, cuando se le conocen todas sus raíces. Ejecución, con la ayuda de la Divina Madre Kundalini, a través de la sabia práctica de la Súper dinámica sexual.

SISTEMA PARA TRANSFORMAR LAS IMPRESIONES DEL DIA

Es urgente y necesario transformar las impresiones del día antes de acostarnos de la siguiente manera:

1.- Relajación absoluta.

2.- Llegar al estado de meditación.

3.- Se revive la escena tal como sucedió.

4.- Buscar dentro de si mismo el yo que ocasiono el problema.

5.- Observando serenamente, se colocará el ego en el banquillo de los acusados y se procederá al enjuiciamiento.

6.- Pedir la desintegración del yo-problema a la Divina Madre Kundalini

DISOLVIENDO LA CATEXIS SUELTA

Solo estudiando minuciosamente la catexis suelta, el yo, podemos disolverlo totalmente debemos observar minuciosamente los procesos del pensamiento, los distintos funcionalismos del deseo, los hábitos que conforman nuestra personalidad, los sofismas de distracción, la falacia del ego y nuestros impulsos sexuales. Hay que estudiar como reaccionan estos ante los impactos del mundo exterior y ver como se asocian.

Comprendiendo todos los procesos de la catexis suelta, del yo pluralizado, este se disuelve. Entonces solo se manifiesta a través y dentro de nosotros la Divinidad.

Samael Aun Weor

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