La justicia Divina

 AnubiEsto de la Justicia, pues, es importante. Claro está que existen dos tipos de justicia, y eso es antes que todo, lo que hay que clasificar. Porque una cosa es la justicia subjetiva y otra cosa es la Justicia objetiva. Es claro que la Justicia Divina jamás fallaría.

Toda culpa, por grave que ésta sea, tiene su equivalente matemático exacto expiatorio; no es posible pagar más de lo que se debe, y si la Divinidad cobrase más de lo debido, obviamente no sería justa. 

Una cosa es la justicia de este mundo, los tribunales subjetivos y otra cosa son los Tribunales de la Justicia Celestial; son diferentes. Así pues, tiene que hacerse una plena diferenciación entre la justicia esta subjetiva, que se compra y que se vende, y la Justicia objetiva, donde no es posible sobornar al juez; es completamente diferente: Los Tribunales de la Justicia Celestial.

Vale la pena comprender esto de la Justicia; pero bueno, ¿qué puede saber la gente común y corriente sobre esto de la Justicia? ¡Absolutamente nada! ¿Qué saben de Justicia? ¿Qué puede saber la gente de Conciencia dormida sobre lo que es justo y lo sobre lo que es injusto? ¿Sobre lo que es bueno y sobre lo que es malo? ¡No saben nada de nada! Una cosa es buena cuando les conviene y mala cuando no les conviene.

Así son los conceptos del bien y del mal entre las gentes de psiquis subjetiva, entre las gentes de la justicia subjetiva. Pero, ¿tener Conciencia del bien y del mal? Sobre eso no tienen conciencia. Nada saben sobre lo que es bueno, nada saben sobre lo que es malo. Duermen profundamente, son máquinas. Máquinas que actúan movidas por fuerzas que desconocen.

Si una catástrofe, por ejemplo, que sucede en el Cosmos; el tipo de ondulaciones vibratorias que llegan y tocan las máquinas humanas, hacen cosas terribles, y  millones de estas máquinas humanas se lanzan entonces a la guerra, contra otros millones de máquinas: máquinas contra máquinas. ¡Qué van a saber del bien y del mal! Enarbolan banderas, lemas... Dicen que van a pelear por la libertad, por la justicia, por la democracia.

No saben que son las fuerzas cósmicas de una catástrofe que hubo en el Cosmos y que les puso un «reloj». Podría esa gente saber sobre lo que es bueno, sobre lo que es malo... Indudablemente, en todo lo bueno hay algo de malo y en todo lo malo, hay algo de bueno. Hay mucha virtud en los malvados y hay mucha maldad en los virtuosos. ¿Podrían saber eso los dormidos? Si hasta con las mismas virtudes se puede hacer daño a otros... 

¿Quieren saber ustedes un caso de mal que podría yo haber hecho? Alguien, cuyo nombre no menciono, imprimió algunas de mis obras, no en imprenta propia, sino en imprenta del gobierno. No lo hizo por mal sino por bien [...] Mas, sucedió que el gobierno lo supo; como quiera que ese «alguien» era administrador de la tal imprenta, obviamente el gobierno protestó; y se le llamó, pues, a juicio. Mas se requería de un cargo, de un testigo. El acusado nombró como testigo a un [...]

Dijo que él podría aseverar que ese «x fulano» era el que había mandado imprimir esas obras. Esas obras fueron, pues, financiadas por ese «fulano», por lo tanto, no era el gobierno el que había resultado de «paganini» en la edición de tales obras. Mas sucede que el «fulano», el supuesto testigo, pues, no tenía velas en el entierro; sin embargo, hombre amante de la verdad y de la justicia y de la rectitud, se dijo:

¿Qué debo hacer? Considero que este señor me ha nombrado a mí injustamente testigo. Ha dicho que yo le mandé imprimir obras para defenderse, pero yo no se las he mandado imprimir. Si digo que no, a la cárcel, si digo que sí, no va a la cárcel. Pero, ¿cómo voy a mentir, si estoy acostumbrado a decir la verdad y nada más que la verdad? ¿Cómo voy a decir que sí le mandé editar tales o cuales libros si yo nunca se los he mandado editar? Sería una farsa, una mentira. Yo soy gnóstico, estoy en la senda de la rectitud, por lo tanto yo no voy a mentir. Incuestionablemente, con la virtud de la sinceridad y de la verdad, este hombre, de hecho, iba a condenar a un infeliz a la cárcel, ¿quién sabe por cuántos años, verdad?   

Me pidió consejo. ¿Qué le dije? El consejo que le di, le dije: «Hombre, con las virtudes también se puede hacer mucho daño. No haga daño con las virtudes. Una virtud fuera de lugar se vuelve injusta. Entonces, ¿qué? Diga que sí, que usted mandó editar esos libros. Eran libros para la gran Causa, para el bien de la humanidad, libros como los nuestros... Bueno, él escuchó el consejo y allí admitió. A nadie causa daño con esa mentira, ¿a quién? Y en cambio, sí se evita a uno ir a la cárcel y dejar a una mujer y a unos hijos abandonados. Entonces con las virtudes también se puede hacer mal, claro está que sí. Es injusto usar las virtudes mal, porque se puede dañar con las virtudes a otros.

¿Ustedes creen que no fueron honrados, acaso, los verdugos de la historia? Ustedes creen que, por ejemplo, los verdugos aquellos de la guillotina en Francia, ¿no hicieron el pleno cumplimiento de su deber? Eran hombres cumplidores de su deber a carta cabal, y alguno de ellos hasta con sacrificio horrible, cumplió con su deber, y así dejaron caer la cuchilla de Gillette sobre las cabezas de los nobles, porque ellos eran cumplidores de su deber, su virtud era impecable en ese sentido, y cuánto daño hicieron con esa virtud del cumplimiento del deber. ¿Cuántos jueces justos, aparentemente, cumpliendo con su deber de jueces, han metido a muchos en la cárcel, a muchos inocentes en la cárcel. ¡Qué bueno es todo lo que está en su lugar! ¡Malo lo que está fuera de lugar! ¡Justo lo que está en su lugar, injusto lo que está fuera de lugar!

El fuego, por ejemplo, es justo y bueno, ¿dónde? En la cocina. Pero ¿qué tal el fuego en la sala, quemándonos las cortinas? Eso ya  no es justo ni bueno, ¿verdad? Es malo e injusto. El agua en el lavamanos es justa, es buena, pero fuera del lavamanos, inundando las habitaciones, fuera de lugar es injusta, es mala. Así son las virtudes. Ser tolerante por ejemplo, con las ideas ajenas es correcto; pero la tolerancia fuera de lugar, lo convierte a uno en cómplice del delito. Qué se diría, por ejemplo, de un padre de familia, gnóstico en un ciento por ciento, que tenga su mujer y sus hijas, que esté cumpliendo sus deberes tanto con su mujer como con sus hijas; tolerante hasta el máximo, se acostumbró a cumplir con las palabras del Evangelio que dicen: «Si te pegan en la mejilla derecha, pon la izquierda para que te suenen más duro».

Bueno, supongamos que se promueve un desastre, y un grupo de bandidos asaltan esa casa para matarle la mujer y violarle las hijas. Pero a él en el Evangelio se le enseñó a poner la mejilla derecha y a bendecir a [...] amar a los que te odian. Y entonces, en lugar de defender a la mujer y a sus hijas, bendice a los ladrones, a los bandidos: ¡Oh, ladrones! ¡Oh, bandidos! No hagáis eso, nunca lo volváis a hacer, porque con eso os echaréis gran karma encima... Os perdono. Los bandidos violándole las hijas o matándole a la pobre mujer. ¿Qué sería de un hombre así? Está cumpliendo aparentemente con el Evangelio, con la tolerancia, y perdona las ofensas, ¿no? Es una  virtud fuera de lugar. Entonces, ¿qué hacer en ese caso? A Krishnamurti le hicieron la misma pregunta. No supo dar la respuesta exacta. Le dijeron: Bueno y si tú, vas con una hermana e intentan violar a tu hermana, ¿tú que haces?

Yo no estoy en ese caso. Pero, si estuviera más tarde en un caso así, entonces, ¿ya sabría que hacer? Se salió por la tangente, pero no dio la respuesta como debería darla. La realidad de los hechos es que si un hombre en ese momento, no procede con energía, si no desenvaina la espada, si no apela a las armas y se traba en lucha a muerte con los asaltantes, obviamente, no solamente se convierte en cómplice del delito, queda mal allá arriba, sino que también queda mal aquí abajo con los jueces de la Tierra, porque hay leyes que lo castigan, en los códigos penales; por ejemplo, aquí en México, en el Código Penal, eso ya está estipulado, [...] pero aquí hay ya un artículo en donde se le considera como cómplice, y va a la cárcel por complicidad con el delito.

No sé allá en otros países, España, Venezuela..., pero aquí sí. Bueno, ¿entonces que hay que hacer ahí? Pues morir peleándose, hay que morir, ¿no? Más vale morir peleando allí, por defender a su familia, caer en la lucha, que convertirse en cómplice del delito...

Así pues, una virtud fuera de lugar es injusta y es mala, y es virtud, pero es mala. Aprender a vivir con justicia, eso es lo importante. La mayor parte no sabe vivir justamente, hacen lo que no deberían hacer, creyendo ser justos. Reclamar uno sus derechos. No reclamar es convertirse en cómplice del delito. Si un «xx fulano», por ejemplo, nos debe una fuerte suma de dinero que estamos necesitando, pero él nos lo debe; tiene con qué pagar, estamos seguros que tiene, pero supongamos que no quiere pagar, que no le da su gana pagar. Nosotros tenemos, por deber, pedir entonces, reclamar nuestros derechos ante la justicia, ante los tribunales, ante la ley. Cualquiera diría, «¡pero eso es absurdo!, siendo gnóstico, como es que lo va a acusar».

No se trata de acusar, se trata de pedir, de reclamar sus derechos, que es diferente. De manera que vean ustedes lo que es la justicia. Y un gnóstico podría decir: «Yo te perdono» ¿Quién está perdonando a un señor que tiene dinero suficiente y no quiere pagar? Es un perdón fuera de lugar. Mas si estamos seguros de que no tiene, ya cambia la cosa, que Dios lo bendiga, queda perdonada esa deuda. Pero teniendo y estando en magníficas condiciones y no quiere, es un deber reclamar sus derechos. 

Saber vivir de acuerdo con esa ley del equilibrio, he ahí lo fundamental. Muy pocos son los que saben vivir de acuerdo con la ley de la balanza. Ahora, hacer la justicia en uno mismo..., hay que saberla hacer. Hay que aprender a «hacernos» justicia. Por ahí existe una antigua escultura, donde se representa a la Justicia como una dama inefable, con la espada desenvainada, parada sobre una piedra cúbica; en la derecha tiene una espada, en la izquierda una balanza, y en los platillos de la balanza, los pesos de la balanza; su vestidura y una corona de oro con la que toca su cabeza; usa túnica blanca y encima de sus hombros va el manto púrpura; esa es la Justicia. Esta escultura del rey Federico [...] pero hacer la justicia dentro de sí mismo, he ahí lo difícil. Se necesita ser alquimista. Hay que empezar por saber qué cosa, que significa esa escultura, y no se entendería si no se fuera alquimista. Ante todo hay que saber de tres sustancias universales, de la que sale todo lo que ha sido, es y será: Sal, Azufre y Mercurio.

Nuestro cuerpo físico, en última síntesis, se reduce a Sal; el Azufre es el fuego sagrado y el Mercurio, la energía sexual. ¿Qué hay que trabajar? Hay que trabajar todo. Pues el Azufre y el Mercurio. El Azufre está, dijéramos, entre las prisiones del Mercurio, es decir, entre las prisiones de esa materia venerable que es el esperma sagrado. Mediante la «transmutación» se consigue liberar el Mercurio [...] por la que se viene a crear los cuerpos existenciales superiores del Ser. Se libera también al Azufre, el fuego. El Azufre hace fecundo al Mercurio, lo fecunda. Y Sal, Azufre y Mercurio se mezclan, penetran y compenetran, para cristalizar en cada uno de los cuerpos existenciales superiores del Ser.

De manera que los cuerpos existenciales superiores del Ser están compuestos por Sal, Azufre y Mercurio. Pero poseer esos cuerpos es una cosa y haberlos llevado a la perfección es otra cosa completamente diferente. Cuando se quiere perfeccionar esos cuerpos, pues hay que eliminar todos los elementos indeseables que uno lleva dentro. Y entonces, esos cuerpos, trabajándose en esa forma, pasan por los cuatro colores de la Gran Obra: primero, asumen la forma aquella oscura y tenebrosa de Saturno. Después de eliminar los elementos indeseables, quedan los «vehículos» blancos, puros e inefables.

Mucho más tarde ya se recibe el derecho a usar el manto amarillo o la túnica amarilla. Por último, resplandecen esos cuerpos, convirtiéndose en «vehículos de oro puro», de oro de la mejor calidad. Cuando ya se tienen esos «vehículos de oro puro», pueden ser ellos recubiertos con las distintas Partes del Ser. Entonces el Cristo Íntimo resucita en uno, en el corazón de uno, para vestirse con esos «vehículos». Y el Cristo vestido con esos vehículos es la Piedra Filosofal. 

Quién tiene la Piedra Filosofal, empuña la espada de la Justicia y la naturaleza le obedece. He ahí los colores de la «piedra en bruto»: el negro, el blanco (de la blanca túnica), el amarillo (como la corona) y la púrpura de los reyes (del que ha hecho la Gran Obra). Ese es justo porque eliminó los yoes; ese es justo porque creo los cuerpos existenciales superiores del Ser; ese es justo porque el Cristo Intimo [...].

La balanza con los pesos..., son los pesos del Arte, de saber trabajar en la Gran Obra, de acuerdo con determinadas reglas, de cumplir con esas reglas: los pesos de la Justicia y los pesos de la Naturaleza y los pesos del Arte. De manera que un individuo que se ha convertido en la justicia misma, es un Maestro auto-realizado y perfecto. Así que una cosa es un Maestro de Justicia de verdad, verdad y otra cosa muy diferente es pertenecer a los Tribunales de la Justicia subjetiva. Para conseguir entrar ante los Tribunales de la Justicia Objetiva o Justicia Celestial, se necesita haber creado la Justicia en sí mismo, haberse convertido en un exponente de la Justicia.

Si uno no ha eliminado el ego, no puede ser exponente de la Justicia; si uno no a creado los cuerpos existenciales superiores del Ser, no es exponente de la Justicia; si no ha dado su vida por sus semejantes, no es exponente de la Justicia. Convertirse en exponentes de la Justicia Objetiva, eso es lo trascendental. Son pocos los que lo han logrado. Es, pues eso, lo que tengo que decir sobre la Justicia.

D.- Cuando se practica en la novena esfera, ¿cuál debe ser la actitud en los cinco centros? M.- La actitud de los cinco centros... Los cinco centros funcionan por si mismos, sin que nosotros nos preocupemos. Lo que sí hay necesidad, es de asumir, mentalmente, una actitud edificante y esencialmente dignificante, quiero decirle, en los instantes aquellos en que se trabaja en la Forja de los Cíclopes, así debe ser. En cuanto al centro emocional y los demás centros, trabajarán en armonía si asumimos una actitud edificante y esencialmente dignificante.

D.- Nada se puede lograr sin el padecimiento voluntario, pero también hay que sacrificar los sufrimientos, ¿nos puede aclarar este aspecto, por favor? M.- Bueno, se han mezclado dos conceptos, creo yo. Y esa mezcla de conceptos se debe, precisamente a la mente, al intelecto, y no se debe mezclar una cosa con la otra; confundir, dijéramos, la gimnasia con la magnesia. Es obvio que a la Autorrealización íntima del Ser no se puede llegar sino a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios; estoy hablando de cosas intencionales, dirigidas. Más, tú has confundido esto que es intencional y dirigido, con eso otro de los sufrimientos pasados sufridos a través del tiempo.

Claro que la gente quiere mucho a ese tipo de sufrimiento y que todo sacrificaría menos eso. Una persona puede darse el lujo de sacrificar una pachanga, de no ir a ella, de sacrificar una película, de no irse a ella, etc.; pero lo que sí no sacrificaría nadie tan fácilmente, serían sus sufrimientos, los quieren demasiado; todo el mundo está prendido a sus queridos sufrimientos.

Me estoy refiriendo a esos sufrimientos subjetivos del pasado, a eso que la gente tanto quiere; o cuando se dice: «Bueno, yo vendía dulcecitos, y después andaba por ahí de puerta en puerta ofreciéndolos, me llovía, pasaba tremendas amarguras, pero al fin conseguí, pues, con mucho trabajo, estudiar, fui al colegio, fui a la universidad y hoy en día soy un doctor, y siendo hoy en día un doctor, tengo esa experiencia...» Y goza recordando aquellos sufrimientos, pues eso le da a él un carácter, dijéramos, de hombre experimentado, de hombre que pasó por las experiencias de la vida; y en eso hasta fundamenta su orgullo, es un orgullo; dice: «tengo esta experiencia, pasé por terribles sufrimientos para llegar a ser lo que soy», dice su orgullo. Y todo sacrificaría, menos esos sufrimientos. Renunciaría a todos los vicios, menos a sus queridos sufrimientos.

Pero que hay que sacrificarlos, ¡sí!, hay que sacrificarlos alguna vez, con el objeto de transformar energías. Y esas energías transformadas se convierten en algo diferente, en algo distinto, en poderes superlativos del Ser. Solo mediante el sacrificio se pueden transformar energías inferiores en energías superiores, eso es obvio. Así pues, una cosa es eso y otra es que para llegar a la autorrealización íntima del Ser, solamente se puede hacer a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios; eso es distinto, voluntarios, no mecánicos sino voluntarios.

Una cosa es el sufrimiento mecánico y otra es el sufrimiento voluntario, intencional y a propósito; y claro, sufrimientos implicados en la misma disciplina esotérica. La disciplina implica ciertos sufrimientos, pero el iniciado pasa por esos sufrimientos en forma intencional. Busca una transformación, pero sabe que toda transformación le cuesta, le cuesta sacrificios. 

D.- Perdón Maestro, no me quedó muy claro qué quiere decir cuando dice que hay que sacrificar esos sufrimientos que alimentan el orgullo a uno, ¿verdad? Pero, ¿cómo los podemos sacrificar si ya los pasó? No entiendo. M.- Uno se siente satisfecho recordándolos... D.- Sí, mártir y todo. M.- Se siente mártir, y goza de eso; en eso parece que uno es un poco masoquista... D.- Bastante... M.- Pues bueno, hay que sacrificarlos y no volverse a acordar de ellos.

D.- No volverse a acordar, esa es la manera de sacrificarlos, no acordándose más de ello. M.- No acordándose más de ello, y sería dándole la vuelta y pensar en nuestra alegría, en positivo. [...] no estar a todas horas recordando. Cada cual tiene su canción psicológica, no hay quien no la tenga. Uno dice: «yo cuando pasé por tal y cual cosa, y tal y tal y yo trabajé y resulta que todos me pagaron mal y ayude a  fulano y a zutano y a mengano, [...]», interminable; entonces, no hay quien no tenga su canción. Todo el mundo tiene su cancioncita y goza, todo el mundo goza de su canción psicológica. Ustedes hablen con cualquier persona y verán que tiene su canción psicológica. Hay veces que la dejan de repetir por un tiempo, pero a la hora menos pensada, vuelven a recitarla, gozan en eso, en eso basan su orgullo, su experiencia, su sapiencia, todo; en su canción psicológica.

D.- Yo había pensado que el ser humano es en si, bastante narcisista, pero nunca había visto según ese punto de vista y que había que sacrificar eso, precisamente M.- Eso hay que sacrificarlo. La cancioncita psicológica hay que descubrirla. Y es que lo que se necesita es un cambio de verdad, una transformación pero radical. Esa transformación no es posible si no se sacrifican los sufrimientos. 

D.- [...] Esto, como es apenas obvio, un Maestro enseña sus propias vivencias, sus experiencias y sus resultados, con el objeto, lógicamente de que en principio, si es posible, sus discípulos hagan lo mismo. La pregunta es, ¿a trabajos iguales, corresponden idénticos resultados? M.- Bueno, está bien; ahora la respuesta: en todo caso quiero decirles que a trabajos iguales  no corresponden siempre idénticos resultados, porque si correspondieran siempre idénticos resultados, la vida no sería vida, sino que sería muerte. Lo que estamos es en la vida, no en la muerte, ¿verdad? Pues entonces los resultados ante trabajos iguales, varían.

Pongamos un caso muy concreto: alguien se propone crear los cuerpos existenciales superiores del Ser y los crea. Otro hace lo mismo: trabajar para crear los cuerpos existenciales superiores del Ser, y también los crea. Pero, vamos a ver quien hizo mejor el trabajo. Obviamente hubo uno que hizo el trabajo mejor que el otro y las consecuencias brotan sobre este hecho. Si trabajó mejor, tendrá unos cuerpos existenciales superiores del Ser mejores; mientras que el que hizo un trabajo inferior tendrá cuerpos existenciales superiores del Ser de menor calidad. Pues no siempre corresponde al mismo trabajo, los mismos resultados.

Esto lo saben los Deidusos que se han propuesto alcanzar grados [...] creadores; poseen los cuerpos existenciales superiores del Ser; o, entonces les da por el camino del Marqués de Sade. ¿Qué hacen? ¿Cuál es ese camino? La liberación por medio del mal, dicen. Bueno, cada cual es libre de pensar como quiera. El Marqués de Sade tenía, por supuesto, una lógica abismal, tenebrosa.

Sí señor, se convierten en demonios intencionalmente. Este es el caso de Moloch, en una pasada raza. Involucionan entre las entrañas de la Tierra y ya poseyendo esos cuerpos [...] La Esencia, convertida ya en Embrión Áureo organizado, se escapa al fin por las puertas de la muerte segunda. Reingresa en una nueva evolución elemental mineral. En un pasado ya había hecho el curso de elemental mineral, pero ahora lo repite en forma intencional y lo hace mejor. Posteriormente ingresará en el reino elemental vegetal; en otro tiempo, en un pasado, antes de ser humano ya había hecho ese curso, pero ahora lo hace mejor, con más Conciencia. Al pasar por la estadía animal, hace el curso con más Conciencia, le pone más atención, su Conciencia está más desarrollada.

Y al reingresar a un organismo humano, pues incuestionablemente, será un hombre de tipo superior, creará sus cuerpos existenciales superiores del Ser intencionalmente y los hará muy buenos, mejores, los hará perfectos debido a la experiencia. Es el mismo trabajo, pero ahora está mejor hecho. Resultado, pues un hombre de tipo superior dará vida a su Piedra Filosofal. Ya lo había hecho en el pasado, la perdió, ahora vuelve a darle vida y la Piedra será más poderosa.

Conclusión: se convertirá ahora en un creador [...] conoció las leyes del mineral, del vegetal, del animal y de humano [...] ese mismo trabajo que hace un Moloch, puede hacerlo más adelante un Deiduso, un Logos planetario, dando como resultado que en eternidades posteriores se pueda convertir en un gobernador de galaxias. Claro, no es aconsejable, jamás. Más vale seguir el camino que lleva al Absoluto. Únicamente os cito esto para mostrar como trabaja [...]

D.- Maestro, hay gente que cuando trabaja en la revolución de la Conciencia, opina que es conveniente hacerlo en grupo, otros prefieren aislarse de los grupos porque creen que esto les puede traer muchos problemas de malas vibraciones por algunos hermanos que piensan mal en contra de ellos, o que se presentan algunas situaciones incómodas o muchas veces desagradables, llamémoslas de celos místicos, situaciones encontradas. ¿Su recomendación para este paso a la revolución de la Conciencia cuál es?; normalmente ¿es mejor, trabajar en forma individual o en grupo?

M.- Bueno, obviamente, el humanoide es demasiado débil; la maquinita es un organismo con posibilidades de auto-desarrollo, viviendo en condiciones difíciles, una criatura así, simple organismo con posibilidades de auto-desarrollo, conviene mejor que se constituya en un organismo colectivo [...] Así como un cuerpo humano está formado por un conjunto de órganos, un grupo es un organismo parecido, por eso se dice: una organización.

Pero la formación de un grupo esotérico implica grandes responsabilidades. Se necesita que cada uno de los hermanos asistentes trabaje en perfecta armonía con cada uno de los hermanos aquí presentes. Se necesita que el intercambio de fuerzas sea favorable para el desarrollo armonioso del hombre. 

El grupo lo forman [...]. Ahora, es imposible evitar que haya escándalos, mas, ¡Ay de aquéllos por los cuales surgieron tales escándalos! ; a esos que provocan los escándalos, más le valiera no haber nacido, o como dice el Evangelio, colgarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al pozo. Escándalos los hay y el escandalizador al dañar su espíritu, daña a otros también. Si muchos que hubieran podido venir a la Senda, son escandalizados, no vienen a la Senda. Así se pierden, por parte del [...] escandalizador. Por lo tanto hay casos de escándalos que [...] el karma, un karma peor que la muerte.

Conviene que haya organismos esotéricos, pero ya para un organismo esotérico de alto relieve, se necesita que haya una armonía perfecta. En el Movimiento Gnóstico conviene que tengamos grandes grupos, grandes Lumisiales; pero ya en la formación de las Terceras Cámaras, tienen que estar los elementos, debidamente preparados; hay que estudiar a fondo la psicología, [...] se comporten como es debido en la Tercera Cámara.

Pero los mismos errores de nuestros hermanos nos sirven de gimnasio psicológico. Es decir, que dentro de un grupo esotérico hay un gimnasio maravilloso, ve uno los defectos ajenos y ve los propios, y ve como los propios causan daño a los otros; y ahí uno ve los de los demás y los demás también ven los de uno. Por eso en un grupo esotérico se recibe entrenamiento psicológico,  un entrenamiento psicológico maravilloso.  Eso sí, si el que ingresa en un grupo, quiere encontrar perfectos a [...]. Perfecto únicamente es el Padre que está en secreto. Es absurdo buscar «perfectos» en un grupo [...]

D.- Maestro, ¿nos quiere hablar algo sobre las antipatías mecánicas?

M.- Las antipatías mecánicas perjudican mucho a la humanidad. Ante todo, si se quiere acabar con las antipatías mecánicas, hay que comprender en que estriban esas antipatías mecánicas, cuál es su fundamento. Eso, por ejemplo, de que alguien nos caiga antipáticos [...] primero que todo hay que poner cuidado a los cilindros de la máquina orgánica. Puede ser que alguien nos caiga bien intelectualmente, en cambio en el centro emocional nos caiga mal; o puede ser que alguien nos caiga bien en el centro emocional y que en el centro motor nos caiga pésimo. Hay que poner cuidado para ver cuál es el centro mecánico que reacciona mal ante tal o cual persona, observar cuidadosamente. Si se descubre, proceder entonces después de hacernos conscientes, a extirpar la antipatía mecánica. Ante todo debemos saber que existen las impresiones y las reacciones. 

Si viene hacia nosotros la persona en que se está observando la antipatía mecánica; al verla, tenemos de inmediato que interponer la Conciencia entre la impresión y la reacción; no permitir que la reacción se procese mecánicamente, hacernos cargo de la impresión completamente. Entonces vemos a esa persona que nos cae mal y [...] tenemos que hacernos conscientes, absolutamente conscientes [...] que reacciona mal; puede ser que la persona nos caiga mal en el centro emocional, puede ser que nos caiga mal en el centro motor, puede ser que nos caiga mal en el centro intelectual. Debemos hacernos conscientes de eso, ver cuál es el centro afectado. Una vez que conocemos eso, descubierto el error, procedemos a eliminarlo. ¿Cómo? Interponiendo nuestra Conciencia entre la impresión y la reacción. La Conciencia se hace cargo de la impresión. Evita que las reacciones actúen mecánicamente, como siempre.

Después de varios encuentros en que pongamos la Conciencia entre impresión y reacción, desaparecerá la antipatía. Y veremos en esa persona, posiblemente, cualidades que antes no habíamos visto. Samael Aun Weor

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