La máquina humana los cinco centros

La maquina humanaEl organismo del bípedo tri cerebrado, equivocadamente llamado hombre/mujer, es una máquina preciosa, con cinco centros psico fisiológicos maravillosos. El orden de dichos centros es el siguiente:

1º El Intelectual, situado en el cerebro. 2º El Centro Motor o del Movimiento, ubicado en la parte superior de la espina dorsal. 3º .El Emocional, el cual se halla en el plexo solar y en los centros específicos nerviosos del gran simpático. 4º El Instintivo, situado en la parte inferior de la espina dorsal. 5º El Sexual, ubicado en los órganos genitales. 6º El Emocional Superior. 7º El Mental superior. Estos dos últimos solo pueden expresarse a través del auténtico cuerpo astral y del legítimo cuerpo mental.

​Cuando uno se auto observa profundamente, llega a la conclusión de que cada uno de los cinco centros, penetran todo el organismo, y tienen, sin embargo su punto básico capital en algún lugar de la máquina humana.

El centro de gravedad del Intelecto se encuentra en el cerebro; el centro de gravedad del movimiento está situado en la parte superior de la espina dorsal; el centro de gravedad de las emociones radica en el Plexo Solar; el centro de gravedad del instinto, hay que buscarlo en la parte inferior de la espina dorsal; el centro de gravedad del sexo, es claro que tiene sus raíces en los órganos sexuales.

Cada uno de los cinco centros de la máquina, tiene funciones específicas, absolutamente definidas. Un estudio de fondo sobre los cinco centros, nos permite comprender que existe diferencia de velocidades entre éstos, y eso está ya comprobado.

Los estudiantes de tipo seudo ocultista y seudo esoterista, creen que el centro del pensamiento, o el intelectual, es extraordinariamente rápido, y se equivocan lamentablemente, porque los centros motor e instintivo son 30.000 veces más rápidos. Se nos ha dicho que el centro emocional es todavía mucho más veloz que los centros motor e instintivo; grandes sabios afirman que el centro emocional es realmente 30.000 veces más rápido que los centros del movimiento y del instinto.

La máquina humana, como cualquier otra máquina, se mueve bajo los impulsos de las fuerzas sutiles de la Naturaleza. Las radiaciones cósmicas en primer lugar, y el “yo pluralizado”, en segundo lugar son los agentes secretos que mueven a las máquinas humanas. El Sol con su calor, y el buen o mal tiempo, dan de inmediato lugar a que surjan determinados “yoes” que se apoderan de la máquina; algunos de estos “yoes” suelen ser más fuertes que otros.

La lluvia, las contrariedades, las vanas alegrías pasajeras, originan nuevos y molestos “yoes”, pero la pobre marioneta humana no tiene noción de estos cambios, porque tiene la Conciencia dormida, vive siempre en el último “yo”. Cuando tratamos de imaginar en forma clara y precisa el resplandeciente y alargado cuerpo del Sistema Solar, con todas sus hermosas cubiertas e hilos entrelazados formados por el trazo maravilloso de los mundos, viene entonces a nuestra mente en estado receptivo la imagen vívida del organismo humano con los sistemas esquelético, linfático, arterial, nervioso, etc., que, fuera de toda duda, están constituidos y reunidos de modo semejante.

El Sistema Solar de Ors, este sistema en el cual vivimos y nos movemos y tenemos nuestra existencia, visto desde lejos parece un hombre caminando a través del inalterable infinito. El microcosmos hombre es, a su vez, un sistema solar en miniatura, una máquina maravillosa con varias redes distribuidoras de energía en distintos grados de tensión.

La estructura de la máquina humana consta de siete u ocho sistemas, sostenidos por una armazón esquelética formidable y reunida en un todo sólido, gracias al tejido conectivo. La ciencia médica ha podido verificar que todos estos sistemas del organismo humano están debidamente unidos y armonizados por el Sol del organismo, el corazón vivificante, del cual depende la existencia del microcosmos hombre. Cada sistema orgánico abarca el cuerpo entero y sobre cada uno reina soberana una de las glándulas de secreción interna. Realmente, estas maravillosas glándulas son verdaderos micro laboratorios colocados en lugares específicos, en calidad de reguladores y transformadores.

Fuera de toda duda, podemos afirmar enfáticamente que estos micro laboratorios glandulares tienen la altísima misión de transformar las energías vitales producidas por la máquina humana. Se ha dicho que el organismo humano obtiene sus alimentos del aire que respiramos, de la comida que ingerimos y de la luz del Sol. Los micro laboratorios glandulares deben transformar las energías vitales de estos alimentos, y ésta es una labor sorprendente y maravillosa.

Cada glándula debe transformar la energía vital de los alimentos al grado de tensión requerida por su propio sistema y función. El organismo humano posee siete glándulas superiores y tres controles nerviosos. La Ley del Siete y la Ley del Tres trabajan intensamente dentro de la máquina humana. El cerebro espinal produce esas rarísimas funciones conscientes que a veces se manifiestan en el animal intelectual. El simpático estimula a la maravilla las funciones inconscientes e instintivas, y el parasimpático o vago frena las funciones instintivas y actúa como complemento del último.

Tenemos plena razón para afirmar, sin temor a equivocarnos, que estos tres controles nerviosos representan la Ley del Tres, las Tres Fuerzas primarias dentro de la máquina humana, así como las siete glándulas endocrinas y sus productos representan la Ley del Siete con todas sus octavas musicales. Existe a todas luces un control para soltar impulsos nerviosos activos; otro para soltar impulsos nerviosos pasivos y un tercero para soltar los impulsos mediadores del pensamiento, de la razón y de la Conciencia.

Los nervios, como agentes de la Ley del Tres, controlan a las glándulas que, como ya dijimos, representan a la Ley del Siete. Los nervios controlan a las glándulas, pero a su vez son también controlados, esto es semejante a las funciones específicas de los planetas que se mueven alrededor del Sol, estos mundos controlan y son controlados.

Ya lo dijimos y lo volvemos a repetir que la máquina humana tiene cinco cilindros. El primero es el centro intelectual, el segundo, el centro emocional, el tercero es el centro del movimiento, el cuarto es el centro del instinto y el quinto es el centro del sexo. Hemos explicado muchas veces que los cinco cilindros de la máquina humana están desgraciadamente controlados por el “yo pluralizado”, por esa legión de “yoes” que viven en esos centros psico fisiológicos.

La máquina humana, como cualquier máquina, se mueve bajo los impulsos de las tres fuerzas de la naturaleza. Las radiaciones cósmicas, en primer lugar, y el “yo pluralizado”, en segundo lugar, son los agentes secretos que mueven a las máquinas humanas. La radiación cósmica está formada por dos grandes grupos de componentes que, así como obran dentro del gran laboratorio de la naturaleza, así también trabajan dentro de la máquina humana.

El primer grupo está formado por rayos de gran dureza y elevado poder de penetración, procedentes del espacio sideral, con energías que oscilan alrededor de los cinco mil millones de electró-voltios. Estos rayos son los que dan lugar a los impactos con las partículas de la alta atmósfera, dividiéndose en nutridos haces o estrellas de rayos. La parte dura de la radiación cósmica está formada por protones, neutrones y mesones.

Estos últimos están ya debidamente clasificados entre positivos, negativos, neutros, de acuerdo con la Ley del Tres. El segundo grupo o radiación blanda está formado por rayos secundarios que son producidos dentro de la atmósfera terrestre. Este tipo de rayos son el resultado de los impactos de la radiación dura al chocar contra los átomos del aire, dando lugar a los haces o estrellas de rayos, algunos de ellos formados hasta por 500.000 partículas que, en su desarrollo, llegan a cubrir áreas extensísimas, de acuerdo con las investigaciones realizadas por los hombres de ciencia.

Se nos ha dicho que la energía de los corpúsculos componentes de la radiación blanda oscila entre un millón y cien mil millones de electro-voltios. Cualquier conjunción planetaria adversa, cualquier cuadratura nefasta de los mundos, cualquier tensión producida por el exagerado acercamiento de dos planetas, es suficiente para que millones de máquinas humanas se lancen a la guerra, justificándose, claro está, con muchas razones, lemas, banderas que hay que defender, motivos por los cuales hay que pelear, etc.

La tontería más grave de los animales intelectuales es creer que hacen, cuando en verdad nada pueden hacer, son simples marionetas humanas movidas por fuerzas que desconocen. Las radiaciones cósmicas originan, dentro de la psiquis subjetiva del animal intelectual, infinitos cambios en su idiosincrasia psicológica, surgen ciertos “yoes” y se sumergen otros, emergen a la superficie algunos “yoes diablos” mientras otros se pierden entre las cuarenta y nueve regiones sumergidas del subconsciente.

Entonces vienen los asombros, las sorpresas; quien había jurado amor eterno, se retira; quien había jurado fidelidad a la gnosis, la traiciona; quien no bebía alcohol, ahora lo bebe; quien se había propuesto realizar cierto negocio, de pronto pierde todo interés, etc. Las máquinas humanas no tienen sentido alguno de responsabilidad moral, son simples marionetas que piensan, sienten y obran de acuerdo con el tipo de “yo” que controla los centros capitales de la máquina en un instante dado; si ese tipo de “yo” es desplazado, la marioneta humana modifica de hecho sus procesos mentales y sentimentales, resultando de ello acciones distintas y hasta opuestas.

A veces se meten dentro de la máquina humana ciertos “yoes diablos” que no son de la persona, que tienen otros dueños y se acomodan dentro de cualquiera de los cinco cilindros de la máquina; entonces el ciudadano honrado se convierte en ladrón y quien antes no se atrevía a matar ni siquiera un pajarillo, resulta convertido en cruel asesino, etc. El “yo” que cada ser humano lleva dentro de sí mismo es una pluralidad y su verdadero nombre es legión. La ronda de estos “yoes diablos”, su continua y terrible lucha por la supremacía, depende de muchas influencias externas e internas y, en último caso de las radiaciones cósmicas.

El Sol, con su calor, y el buen o mal tiempo dan de inmediato lugar a que surjan determinados “yoes” que se apoderan de la máquina; algunos de estos “yoes” suelen ser más fuertes que otros. La lluvia, las contrariedades, las vanas alegrías pasajeras, originan nuevos y molestos “yoes”, pero la pobre marioneta humana no tiene noción de estos cambios porque tiene la Conciencia dormida, vive siempre en el último “yo”. Ciertos “yoes” dominan a otros porque son más fuertes, pero su fuerza es la fuerza de los cilindros de la máquina; todos los “yoes” son el resultado de las influencias externas e internas; en el animal intelectual no existe verdadera individualidad, es una máquina. Pasemos a estudiar brevemente cada centro por separado, para lograr mejor comprensión del mecanismo de nuestra máquina y así dedicarnos más efectivamente a la auto-observación, reflexión y comprensión de nuestros “yoes”.

Centro Intelectual: Está relacionado con todos los procesos del razonamiento del pensamiento en general. Es el centro más lento, y por ende, se manifiestan a través de él, infinidad de “yoes” generalmente relacionados con la sub-imaginación y la fantasía perniciosa. Debemos ponerle coto a la infinidad de pensamientos que nos asaltan constantemente, impidiéndonos la mejor concentración en los diferentes actos de nuestra vida. El desgaste excesivo de la energía de este centro, ocasiona trastornos psíquicos y físicos, que en última instancia se convierten en locura, esquizofrenia, histeria, etc., etc. La lectura prolongada por horas es perjudicial para este centro. Se debe equilibrar la lectura con la acción del centro motor y emocional, caminar, respirar profundamente, escuchar música suave, etc.

Centro Motor: Necesitamos auto-descubrirnos y comprender a fondo nuestros hábitos. No debemos permitir que nuestra vida siga desenvolviéndose mecánicamente. Parece increíble que nosotros, viviendo dentro de los moldes de los hábitos, no conozcamos estos moldes que condicionan nuestra vida; necesitamos estudiar nuestros hábitos, comprenderlos, auto-observarnos en la manera de hablar, vestir, andar, etc., etc. Los hábitos pertenecen al centro del movimiento. Los deportes en general, también pertenecen a éste centro. El abuso de la actividad del centro motor conlleva al deterioro de las partes del cuerpo físico o a la invalidez parcial o total del organismo; nuestros movimientos deben ser rítmicos.

Centro Instintivo: Está relacionado con todos los procesos de asimilación físico-químicos, la degustación, digestión, circulación de la sangre, etc. Además existen los instintos de conservación, instinto sexual, etc.; existen también muchas perversidades del instinto. En todo ser humano existen fuerzas sub-humanas instintivas que paralizan el verdadero espíritu de Amor y Caridad. Esas fuerzas demoníacas deben primero ser comprendidas, luego sometidas y eliminadas. Son fuerzas bestiales, instintivas, criminales, lujuria, cobardía, miedo, etc.

Centro Emocional: Dos personas reaccionan ante una representación en forma diferente. Lo que es agradable para una persona, es desagradable para otra, todo depende de como se canalice la impresión recibida del mundo exterior. El centro emocional es nuestra antena receptora de todas las impresiones provenientes del exterior. Debemos evitar las impresiones nefastas provenientes de la música arrítmica y altisonante, y conversaciones morbosas o violentas. Las emociones negativas o sub-humanas se estimulan con el cine y la televisión, en las proyecciones, o películas violentas, pornográficas, novelas mediocres, etc. Los sentimentalismos pertenecen a este centro, el estudio y comprensión de ellos es fundamental para la eliminación del “yo psicológico pluralizado”.

Centro Sexual: Es extraordinariamente sutil y veloz, merced a su fina energía; la mayor parte de sus manifestaciones tienen lugar en un nivel molecular, donde los impulsos son transmitidos miles de veces más rápido que los de la mente. El sexo puede liberar al hombre o esclavizarlo. Necesitamos trascender la mecánica del Sexo; abusar de él, conlleva a la ruina de todos nuestros valores físicos cosmológicos. El centro sexual es el asiento de nuestra vital energía física. El “yo” es la raíz del dolor, de la ignorancia y del error. Sólo disolviendo el Ego, el “yo pluralizado”, desaparece la ignorancia, el error y el dolor. Cuando el “yo” se disuelve, adviene a nosotros la auténtica y legitima Felicidad. La Felicidad no tiene nada que ver con el dinero, posición social, lujos, etc. La Felicidad es de la Esencia, Alma, Conciencia o Budhata. Samael Aun Weor

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